sábado, agosto 12, 2006
Günter Grass y la utopía nazi

http://www.feldgrau.com/10ss.html
http://www.feldgrau.com/10ss.htmlI.
"Ein globaler Schock". "Ende einer
moralischen Instanz".
Tales los epítetos de biógrafos y columnistas culturales en Alemania. Hasta Lech Walesa ha pedido que le
retiren el Premio Nobel. ¿De qué se trata? El
escritor premionobel
Günter
Grass, cabeza visible del Gruppe
47 y de la literatura engagée, ha confesado en el Frankfurter Algemeine Zeitung que perteneció a las Waffen SS, el cuerpo de combate de élite del Tercer Reich. "Ich war Mitglied der
Waffen-SS". Grass,
militante de la izquierda socialdemócrata y pacifista realizó esta confesión
como una preliminar a la aparición de sus memorias: “Beim Haeuten der
Zwiebel” (“Con la piel de cebolla”), que saldrán
a la venta en septiembre en Europa. Las declaraciones han sorprendido más por
lo que callan que por lo que descubren. Hasta ahora en sus biografías aparecía
que había servido en la
Segunda Guerra Mundial como ayudante de artillería antiaérea,
Flakhelfer,
en 1944 (casualidad o no: el papa Benedicto VI parece que también).
En las repercusiones en los medios en
español, cualquiera de ellas,
el tema se banaliza, oscurece y pierde toda dimensión. En los archivos alemanes
su ficha
de detención y su pertenencia y grado siempre estuvieron a disposición del
público. Según sus declaraciones en alemán, fue miembro de la Hitler-Jugend y realizaba
trabajos en el “ReichsArbeitsDienst” (RAD), el servicio de trabajo
público, y por voluntad propia, trató de ingresar en la Kriegsmarine
primero (en submarinos), y luego en la Waffen SS, en concreto
en la 10. SS-Panzer-Division “Frundsberg”. Fue una de las mejores unidades de combate
de las SS. Su nombre es en honor a Georg
von Frundsberg, un
comandante alemán creador en el siglo XV de un formidable cuerpo de infantería
mercenario, los Landsknechts. El comienzo del último llamamiento a
filas tuvo lugar en octubre de 1944: en plena noche se colgaron carteles en
postes, árboles, ruinas de edificios y vallas en lo que quedaba del Reich. Se convocaba a todos los hombres entre 16 y 60 años
que pudieran portar un arma. En 1944-1945 la tasa de muertes diarias de la Wehrmacht
era de 5000 hombres. Más de dos millones de jóvenes entre 17 y 25 años fueron
alistados en lo que se denominó “el sacrificio de los niños”. Para completar
las unidades se alistaron miles de chicos entre 15 y 16 años. Grass ingresó en las Waffen SS
durante este llamado. Cosa difícil por las estrictas condiciones de admisión.
Seguramente tuvo entrenamiento en ¿Bad
Töldz?, luego fue enviado a combatir en la
malograda operación “Sonnewende” (“Solsticio
Radiante”) en Pomerania que se inició el 16 de
febrero de 1945. La “Frundsberg” formaba parte del IIIº SS Panzerkorps. Hubo una
pelea por el nombre de la contraofensiva: los oficiales prusianos del Estado
mayor querían llamarla “Husarenritt” (Cabalgata de
Húsares), lo que en sí mismo parecía reconocer que la pomposa maniobra no
pasaba de una incursión à lá Balaklava. Los de las Waffen SS insistieron con el nombre más enfático y
nacionalsocialista de Sonnewende.
No es una discusión sin sentido como parece: en el lenguaje del IIIº Reich, la Lingua Tertii Imperii (LTI), todo era radiante, sonnig (de sonne: Sol) y
era un término muy extendido desde la guerra. Todo alemán auténtico en la
jerga oficial era radiante: designaba una característica germana común, un
atributo racial. El Solsticio era uno de los ritos de los antiguos germanos
recuperado en el calendario nacionalsocialista (tenemos un bonito discurso de Heidegger sobre esta fiesta de la “Sangre y Tierra”).
La idea
era del brillante estratega general Guderian:
resuelto a mantener un corredor abierto al borde de Prusia Oriental, quería
realizar un movimiento de tenaza desde el río Oder
(sur de Berlín), y un ataque desde Pomerania que
aislaría a los ejércitos rusos de Zhukov. El inicio
comenzó bajo la dirección de Wenck, conocida como la
batalla de tanques de Stargard (donde pelearon ¡voluntarios españoles
fascistas!), y no fue un solsticio, ya que no cambió nada de la situación
estratégica. Lo único fue darle a Berlín dos semanas más de respiro. En la
mitad de abril parte de la división de Grass fue
rodeada en Spremberg.
Hace poco se impidió, justamente, una reunión de veteranos de la “SS-Frundsberg”… Seguramente allí fue herido el 20 de abril y
trasladado a la retaguardia. En el reportaje aún recuerda sus terribles
experiencias tras las líneas rusas… Tuvo mucha suerte: de los muchachos y
chicos nacidos entre 1919 y 1928, casi dos millones perdieron la vida durante
la entrada en acción en la guerra. Otras estadísticas nos indican la locura
colectiva: el que fue llamado a filas en 1939 tenía una esperanza de vida de
cuatro años; los reclutados en 1944 y 1945 la duración media de superviviencia había bajado a un mes.
La Waffen SS era el Corps del Führer,
que intentaba suplantar y eliminar al viejo ejército aristócrata alemán. Pero
no sólo eso. S. S. es el acrónimo de Schutzstaffel (Cuerpo
de Protección), una organización que iba más allá de lo que su nombre indica:
para Himmler, su alma
mater, no era una simple y temporal institución
político-militar, sino que constituiría la base de los futuros clanes o tribus
germanas renacidas (“Sippe”)
del Imperio. Las mismas cualidades raciales (genealogía aria, fertilidad, etc.)
del voluntario se le exigían a su mujer o esposa. Los casamientos cristianos se
anulaban y se realizaban ritos neopaganos. El espíritu general era antiliberal
y ateo. Como decía Degrelle, un nazi belga fervoroso:
“Los jóvenes sentían que la SS
era la única Fuerza Armada que representaba a sus ideales. Las nuevas
formaciones de la joven SS capturaron la imaginación pública. Vestidos con
elegantes uniformes negros, los SS atraían más y más jóvenes”. ¿Motivos?: según
Grass la enorme atracción del nacionalsocialismo como
movimiento anticapitalista y jacobino (“Das Antibürgerliche
am Nationalsozialismus sei entscheidend für die Mobilisierung
seiner Generation gewesen”). Sí, han leído bien. La utopía nazi. En pleno año
catástrofe de 1944 Grass no sólo seguía creyendo en
el Führer,
en la ideología del nacionalsocialismo sino que ofrecía su vida en la Totale Krieg declarada por Goebbels. Y, para agravar la situación, se ofrecía como
voluntario en las Waffen SS, la élite fanática de combate, las
tropas de la calavera, que para el otoño del ’44 manejaba toda la estructura
político-económica alemana. Pero no era algo raro entre intelectuales,
literatos y científicos en formación. Es parte de la fascinación populista del
“Volkstaat” nazi.
II.
“Amaba a Hitler”, confesaba el director de cine Ingmar
Bergman en sus memorias; “El único rostro entre
gentes sin rostro” afirmaba el filósofo Heidegger. “Hitler hizo más por los trabajadores que Stalin” sostenía Céline. “Es un fenómeno; qué lástima que yo sea judío y
él antisemita”, dijo Joseph
von Sternberg, el gran
director de cine. Y siguen las firmas notables. “Esta juventud”, afirmaba Hitler en 1938 con un matiz sarcástico, “no aprende otra
cosa que pensar como alemán, actuar como alemán”. Grass
siguió el camino habitual de un niño de la generación de 1927: con 10 años
formar parte como Pimpfe de la organización
“JungVolk” DJ (Pueblo Joven);
con 14 de las “Hitler Jugend” (Juventudes Hitlerianas”); después, del partido NSDAP y del “Reichs Arbeits Dienst” RAD (Servicio de
Trabajo del Tercer Reich); luego, en palabras del
propio Hitler: “…los incorporamos a las SS o a las SA
y así sucesivamente, y ya no volverán a ser libres durante toda su vida”. En el
“JungVolk” se tenían que soportar pruebas de ingreso
muy duras (un triatlón y determinadas características raciales); después de
haberlas aprobado, los nuevos miembros recibían un anhelado cuchillo de
excursionista con la inscripción: “Mi honor significa fidelidad”. Solamente
entonces se era un miembro auténtico de la nueva Alemania. En 1936 el 90% de
los niños de esa edad ya estaban encuadrados. La “HJ” estaba compuesta por
muchachos de 14 a
18 años; se ponía énfasis en la preparación militar, tiro con armas, mitos
nórdicos, la comunidad racial, la preservación de la pureza de la sangre
alemana, la biografía de Hitler y sus compañeros de
lucha, el espacio vital. No sólo: realizaban patrullas de control del
alcoholismo, de la prohibición de fumar y verificaban documentación en las
calles. También denunciaban a la
GeStaPo actitudes anti régimen o de la oposición. En “Mein
Kampf” ya habían quedado claros los objetivos del Volkstaat: “Toda
la labor educativa del Estado Popular debe hallar su coronación en la
inculcación instintiva e intelectual del sentido y el sentimiento de la Raza en el corazón y el
cerebro de la juventud que está a su cargo…”. Las condiciones de servicio en
las Waffen SS iluminaban su carácter de formación de élite. De cada
100 aspirantes voluntarios solo entre 10 y 15 eran admitidos. Además existían
las famosas y populares “NaPoLas” (“Nationalpolitische
Lehranstalt”, por cierto existe una gran película sobre el
tema), las Escuelas Adolf Hitler
que educarían a la crema de los líderes juveniles. No es de extrañar la
fascinación de muchas generaciones de jóvenes por Hitler.
El NDSAP se basaba en la desigualdad de las razas y la igualdad social dentro
de la raza. Les prometió a los alemanes mayor igualdad de oportunidades de la
que habían tenido en el podrido liberalismo de Weimar.
En la práctica esto se llevó a cabo mediante la guerra de exterminio, el
neocolonialismo, el saqueo y la expropiación. Vista desde adentro, la lucha de
razas y su dinámica superaba y clausuraba tanto el individualismo del
liberalismo anglosajón, como el materialismo limitado del judeo-bolchevismo.
Hitler aufheben la lucha de clases (como lo reconocía Heidegger) y con ello propagaba una de las contra-utopías socialrevolucionarias y nacionalrevolucionarias
que lo hizo inmensamente popular y de la que extrajo las energías de la
política criminal estatal. Hablaba continuamente del Volkstaat, de construir un
“Estado Social del Pueblo”, que en el futuro existiría, y que quebraría todas
las barreras sociales. Como todos los revolucionarios, los seguidores del
movimiento nacionalsocialista, muy jóvenes en su inmensa mayoría, sentían la
urgencia del “ahora-o-nunca”. En el momento de la toma del poder (enero de
1933) Goebbels tenía treinta y cinco años; Heydrich veintiocho; Speer
veintisiete; Eichmann veintiséis; Mengele
veintiuno; Himmler treinta y dos; Göring,
el más viejo, cuarenta. La edad media de los cuadros dirigentes del NDSAP era
de treinta y cuatro años, la mayoría de clase media baja y del proletariado,
entre los que abundaban hijos rebeldes con una utopía comunitaria romántica,
altamente tecnicista, modernista y reaccionaria. En
el programa nacionalsocialista muchos jóvenes no veían una dictadura, una
represión del estado de derecho, sino libertad, aventura, anti-individualismo.
El socialismo nacional no era un chiste: Eichmann
reconocía en sus memorias que sus sentimientos políticos más intuitivos siempre
estuvieron a la izquierda y que lo socialista era tan poderoso como lo
nacional; y que en la época de Weimar el comunismo y
el nacionalsocialismo eran considerados como “hermanos enfrentados”. Ni Kamerad, el
término comunista de camaradería, ni Genosse, la palabra para el compañero utilizado por el
movimiento socialista desde el siglo XIX, sino Volksgenosse: camarada racial.
Era una dictadura de los jóvenes, como la califica el historiador Aly: “La juventud debe ser dirigida por la Juventud” (Hitler).
El Volkstaat
de Hitler no fue una quimera sino una seducción real
y objetiva: introdujo el entonces casi desconocido concepto de vacaciones
pagadas a los trabajadores, la paga de Navidad, pagas por invalidez, duplicó el
número de días festivos, educación superior totalmente gratuita, comenzó a
desarrollar el turismo de masas y la motorización generalizada (con el Volkswagen),
promovió la familia con el subsidio familiar (tratando fiscalmente peor a los
solteros o adultos sin hijos), protegió al campesino frente a los caprichos del
mercado mundial y la meteorología, reguló la circulación de carreteras, seguro
obligatorio para automóviles, declaración tributaria en conjunto para
matrimonios, se limitó la “depauperación del pueblo” mediante embargos y
desalojos, leyes de protección de la naturaleza e incluso el concepto de
pensión de vejez moderno (vital y móvil) según el cual “el nivel de vida de los
veteranos del trabajo no puede diferir mucho de los Volksgenossen en activo”. Decía Hitler que “Alemania será tanto más grande cuanto más
fieles le sean sus ciudadanos más pobres”.
También ideológicamente el nacionalsocialismo aparecía como un gran integrador
ideológico y cultural en su aufheben. A título de ejemplo, en 1938 se cambió en el
barrio de Berlín-Spandau el nombre de la “Calle de
los Judíos” por el de Carl Schurz y otra de Bonn por el de Gottfried
Kinkel, dos grandes revolucionarios de 1848-1849,
conocidos y aliados de Marx y Engels
en esas jornadas. Hitler se asumía no como un
presidente o canciller, sino como Caudillo de todo el Pueblo Alemán y de toda
su tradición anti burguesa. El NS-Staat era el realizador y legítimo
heredero de las aspiraciones truncas de las revoluciones alemanas de 1848: “La
obra por la que lucharon y dieron su vida hace noventa años nuestros
antepasados, puede darse ahora por consumada”, señaló en un discurso en 1938 en
Frankfurt, la ciudad
revolucionaria en el Parlamento de la Paulskirche.
Hitler hablaba del “cadáver estatal
de los Habsburgo” que había sido enviado al fondo de
la historia junto con el liberalismo materialista de Weimar
en 1933. El comunismo era la otra cara del liberalismo, su contraparte
necesaria. Era una nueva era, la joven Gran Alemania nacionalrevolucionaria
despertaba por fin. Era la Comunidad Nacional Racial, la “Volksgemeinschaft” después de años de politiquería,
burocracia, partidocracia, corrupción y despotismo
empresarial. “¡Dentro de la
Nación Alemana la mayor comunidad y posibilidad de formación
para cualquiera, y hacia el exterior una actitud absolutamente señorial!”…era
el “socialismo de la sangre pura”, como lo sintetizó en una fórmula feliz Himmler.
III.
Estaban los Volksgenossen
activos, como el voluntario Grass. Pero para el
régimen y su legitimidad de masas existía otro escalón de lealtad política
esencial: los jóvenes pasivos y los neutrales. “En aquella época consideré la
posibilidad de incorporarme a las SS. ¿Por qué? Porque un hombre de las SS
tenía un aspecto mejor y hablaba mejor y caminaba mejor que los mortales
corrientes. La razón era la estética, no la ideología”. Las declaraciones son
del filósofo anarquista de las ciencias, autor de un famoso libro “Against Method: Outline of an
Anarchistic Theory of Knowledge” de 1975, en
español: "Contra
el Método". Una obra heterodoxa plagada de citas de Marx, Engels y Mao, el vienés Paul
Karl Feyerabend. La
confesión se encuentra en sus minimalistas memorias, Zeitverschwendung (“Matando el
Tiempo”) editadas póstumamente en 1995. Feyerabend
era de la generación de 1924, y como Hitler, era
austriaco y un voraz lector de las novelas de aventuras románticas de Karl May.
Vivió el Anchluss,
la unificación de Austria en la Gross Deutschland
en 1938, con entusiasmo. “’Pronto trabajaremos de nuevo’, decían los
desempleados; ‘Van a ocuparse de nosotros’, decían los indigentes; ‘Por fin
somos libres’, decían destacados socialistas”, señala en su entrada de marzo de
1938. La anexión de Hitler sería el comienzo de una
era comunitaria y la liberación “de la Tiranía del Totalitarismo católico que gobernaba
Austria desde hacia años”. Sólo una despreciable minoría se oponía al
nacionalsocialismo. Su padre leía “Mein Kampf” en voz alta a toda la familia. Feyerabend
también entró en las “HJ”. En sus lecturas estaba impresionado e influido por
el antirracionalismo de Nietzsche en “Also sprach Zarathustra” y por “Der Mythus des zwanzigsten Jahrhunderts”, de
Alfred
Rosenberg, teórico de la teoría racial nazi y de
la estética völkisch:
“casi sentía el flujo de la sangre nacional y el poder del Todo del que
procedía…”. Rosenberg en las primeras páginas
afirmaba: “Alma significa Raza vista desde adentro. A la inversa, la Raza es la externalización del Alma”. Pensemos hasta dónde habrá
llegado la influencia anti-racionalista del
modernismo reaccionario en sus perspectivas metodológicas… Con estas afinidades
electivas, Feyerabend pasó por el “RAD”, se presentó
como voluntario para ser oficial, terminó su instrucción en la Yugoslavia ocupada y
fue enviado en 1943 a
combatir en el Ostfront,
en la zona del Lago Peipus, en Staraia
Russa, cerca de Pskov. Por
su valor y arrojo se ganó la Ritter Kreuz de Segunda Clase, la
deseada “Cruz de Hierro”, a comienzos de 1944, además de tres orificios de bala
en la cara, la mano y la columna vertebral. Terminó combatiendo en 1945 en
Polonia, muy cerca de Grass, donde recibió heridas
gravísimas. Anduvo con muletas hasta su muerte. La seducción que ejercía el
nacionalsocialismo era para Feyerabend por su
irradiación estética y su avanzado populismo ateo. “A menudo sueño que he
cometido traición o asesinato” concluye su relato de esa época.
IV. Los
neutrales pueden ser identificados con Heinrich
Böll, el escritor igualmente premionobelado. Lejos de ser un
asesino voluntario, ni siquiera un simpatizante difuso del nacionalsocialismo, Böll ejemplifica el hombre medio alemán que simpatiza con
el demonio mejor que Grass o Feyerabend.
Fue reclutado en la Wehrmacht en 1939 después de pasar por el
obligatorio “RAD”; era de la generación nacida en 1917 y estudiaba filología,
como soldado participó en Países Bajos, Francia, Rumania y Rusia. Pacifista y
cristiano, su fuerte texto “Carta a un joven cristiano” (1958) recuerda sus
experiencias en Francia y cómo miembros de su unidad robaban sábanas, mantas o
juguetes en las casas abandonadas, dividiendo los objetos más voluminosos para
poder hacer paquetes y encomiendas que se enviaban a casa. Allí nos relata que
él, mientras tanto, se dedicaba a visitar catedrales y debatir la práctica del
catolicismo en un mundo atroz. En el año 2001 se editaron en Alemania sus
cartas de la época de guerra en dos volúmenes, Briefe aus dem
Krieg 1939-1945. La compiladora, Annemarie Böll, realizó cortes
que se indican en el texto, pero es un documento de primer orden para entender
la hegemonía del nacionalsocialismo incluso
en personas como Böll. Uno de los proyectos del Volkstaat, una
vez ganada la guerra contra la
URSS, era la colonización brutal con limpieza étnica (“Rusia
será nuestra India” comentaba Hitler en sus charlas
de sobremesa), un plan general de asentamiento en el Ost que debía ofrecerles a los
alemanes más espacio, más materias primas y posibilidades de desarrollo
personal. En su forma más difundida, fijada en 1942, antes de Stalingrado, el plan preveía desplazar hacia Siberia a cincuenta millones de eslavos. Ese plan era
concebido como parte fundamental del “socialismo nacional” y estímulo de un
ascenso de clase en Alemania. Hitler se entusiasmaba:
“Podemos sacar a nuestras familias pobres de Turingia…
para darles grandes espacios”. En sus charlas de café Hitler
se ensoñaba en cómo se comportaría con esos aborígenes eslavos y asiáticos: “a
los ucranianos les haremos llegar pañuelos de la cabeza, cuentas de cristal y
todas esas fruslerías que tanto le gustan a los pueblos coloniales… durante el
período de cosecha se establecerá en cada pueblo grande un mercado, al que
nosotros llevaremos nuestros cacharros… el percal más barato y más multicolor
es para ellos maravilloso”. El plan se proponía eliminar al ejército industrial
de reserva en sentido marxista, incluso los campesinos pequeños e
improductivos, y apuntaba formar colonos con aquellas capas sociales que
treinta o sesenta años atrás habían debido emigrar a América. El 31 de
diciembre de 1943, desde un hospital de campaña en Ucrania, Böll
escribía a sus padres: “Echo mucho de menos el Rhin,
Alemania, y sin embargo pienso a menudo en la posibilidad de una vida colonial
aquí en el Este después de haber ganado la guerra”. Las promesas era que uno se
podía en convertir en rico en Ucrania de la noche a la mañana. Existe un cuento
de Böll, “Aquellos
días en Odessa”, donde varios soldados alemanas, mientras esperan que los
trasladen al frente en Crimea, intentan matar el
tiempo comprando comida y emborrachándose con su pobre paga, incluso
malvendiendo objetos personales en el puerto de Odessa. Gracias a sus Briefe podemos
saber que desde el mismo hospital le escribía a sus padres “en el bazar
podíamos comprar lo que quisiéramos”. Lo que el cuento oculta e invierte es el
perverso mecanismo de “botín de guerra” que el NS-Staat aplicaba durante la ocupación:
se imponía un tipo de cambio forzoso altísimo favoreciendo el poder del Reichsmark, las tropas alemanas vaciaron literalmente las
tiendas de Europa, África y el Este, enviando a casa millones de paquetes desde
los frentes. Zapatos, terciopelo, seda, licores, café, tabaco de Grecia, miel,
tocino y cueros de Rusia, arenques y bacalao de Noruega, etc., etc. Producían
no sólo inflación, sino desabastecimiento y mercado negro: hambre para la
población local. Böll estaba fascinado por lo que
podía comprar con su paga de soldado, y ya en 1939 empezó a enviar café desde Rötterdam y a pedir que la familia le enviara todo el
dinero posible. Escribía: “quiero empaquetar rápidamente la mantequilla y
también jabón (cuatro grandes pastillas) para que salgan hoy al mediodía… me
siento feliz cuando tengo para enviaros algo…”. Böll
remitía un hermoso grabado desde París, cosméticos, cebollas, un par de
zapatos, tijeras de uñas, huevos, chocolate…El efecto corruptor de las nuevas
posibilidades de pillaje ampliadas se deducen de sus cartas inocentes: “parece
como si estuviésemos despojando a un cadáver”. Así surgieron millones de
lealtades basadas no sólo en las promesas del programa político de Hitler sino de este calculado enriquecimiento ilícito
individual, lealtades pasivas. Pero la dictadura de Hitler
no necesitaba más para funcionar políticamente ni para continuar una guerra de
conquista ad eternum.
La familia de Böll, muy católica y políticamente alejada
de la Weltanschauung
nazi, se encontraba plenamente satisfecha. Nacionalsocialismo: una utopía
siniestra pero casera y concreta para todos los alemanes. La máxima aspiración
demagógica del nacionalsocialismo, mantener el buen ánimo y la lealtad de la
mayoría de los alemanes con una combinación de populismo, progresismo fiscal,
asistencia social, welfarismo, junto al terror
puntual en los pliegues sociales, se logró con demasía. Así pudieron destruirse
la felicidad, el futuro y la vida de millares de miles de personas.
posted
by Fliege Cojonera at 8:41 PM http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=25656513&postID=115540928814361815http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=25656513&postID=115540928814361815&quickEdit=true