“DE
RAFAEL FEBLES FAJARDO
PARTE I
El proceso revolucionario liderizado por el comandante
presidente Hugo Chávez antes y después de la toma del poder político, se ha
caracterizado por la inducción política a las grandes masas, el pueblo aprendió
a diferenciar quien le dice la verdad y quien lo engaña, esto es cada vez más
contundente y beneficioso para las políticas que se han implementado y puestas
en práctica. El hecho político en si mismo es un acto inherente al homus polis, es decir el ser humano por naturaleza es
político ve y analiza los hechos
sociales desde una perspectiva muy particular revestida de contenido o
agregados que le son propios, un alto contenido sicológico
tiene el devenir político ya de manera individual o colectivo, este es uno de
los aspectos más relevantes del acontecer de la actividad política, toda
campaña política debe contener elementos que favorezcan la adhesión y la
solidaridad o acompañamiento por una determinada causa o propósito, ese es el
devenir intrínseco a la actividad política propiamente dicha.
Proveer
a la población de una referencia política que oriente sus preocupaciones y
coadyuve a la solución de los problemas, es la tarea que todo político debe
proponerse y es allí, donde la inducción juega un papel de primer orden, no
solo se trata de convencer a la gente para que crea en las propuestas, debe existir
además del mensaje una actitud militante y personal que comprometa las
propuestas, sobremanera cuando estamos hablando de transformaciones y vuelco
hacia otra realidad, ese es el ejemplo que consideramos en el presente trabajo.
En
1988, cuando el actual presidente se lanzó al ruedo electoral, lo hizo como un
compromiso, donde lo fundamental y así lo entendió la gente, es el sacrificio
del dirigente por una causa que considera justa y necesaria, apartarse de lo
material en la propuesta de un político ofrece garantías validas para el
convencimiento de lo que desea se haga para esa transformación, podemos afirmar
que a partir de esa fecha, la conciencia política de la mayoría de la población
alcanzó niveles nunca vistos, más aún, cuando la conciencia estuvo dirigida
hacia el cambio sobre el cual se debe orientar al país y sus instituciones, un
cambio no por cambiar o para cambiar visto superficialmente, sino con
connotaciones muy precisas en cuanto a la definición del enemigo y la
responsabilidad de este en la situación general del país y sus gente, en lo
interno y en lo externo la caracterización de ese enemigo que al final es el
mismo desde la perspectiva ideológica, fulminó el pasado reciente de engaños y
medidas gatopardianas, ilustrando que la única manera
de hacer del país un mejor país, solo se resuelve cambiando no solo las
estructuras conocidas y desgastadas sino el sistema que le es sostenible.
En
un primer momento, la lucha estuvo dirigida a identificar al enemigo interno,
la oligarquía nacional, que estuvo detrás del trono a veces soterrada y otras
abiertamente, esto no fue en su momento y menos ahora una sorpresa para nadie,
estuvo allí, pero poca gente se atrevía a abrir ese abanico porque
inmediatamente a través de la acción mediática eran penalizados, mimetizados o defenestrados
como enemigos de la democracia y la libertad.
La
conciencia política inducida a través del discurso fundamentalmente del
presidente, generó el compromiso necesario y útil para la solidaridad y defensa
del proceso revolucionario, el aporte de las organizaciones políticas estuvo
circunscrito a la organización electoral y como referencia política electoral,
quizás los hechos ocurridos de desestabilización, golpe de estado y la
arremetida violenta y antipatria de los llamados meritocratas
del petróleo aunado a una acción mediática sin precedentes en nuestro país,
incidió negativamente en el papel de los partidos y su lugar en el papel
político que debieron realizar, digamos se perdió un tiempo recuperable en la
formación político ideológica, sí en el campo de la oposición los medios se
atribuyeron ese papel político por el deterioro y desprestigio de los partidos
tradicionales, en el terreno de la revolución fue el ciudadano presidente el
que asumió directamente las riendas de la contienda política.
Podemos afirmar entonces, que el pueblo
venezolano alcanzó niveles de participación y conciencia política, aunque hay que diferenciar entre los que apoyan al
presidente y los adversarios o gente de la oposición, por un lado el compromiso
político de la gente que está con el presidente y el proceso que lleva a cabo
de grandes transformaciones y con una propuesta que es el Socialismo del siglo
XXI y por otro lado la frustración y decantación para la causa oposicionista de
amplios sectores del pueblo venezolano que se vieron engañados y manipulados.
Dicho
esto, nos toca abordar el asunto de la conciencia revolucionaria, no es fácil
pasar de una a otra, se requiere voluntad y continuidad, afirmando los valores
propios de la revolución en aras de conquistas más supremas enmarcadas en lo
que queremos que sea el modelo de socialismo al que aspiramos, para ello, no
solo basta la conciencia política, es necesario que la derivación hacia un
estadio superior del pensamiento se apropie de los compatriotas para comprender
y llevar adelante los postulados del socialismo a lo venezolano, inédito y en
construcción permanente.
La
conciencia revolucionaria está íntimamente relacionada con un alto grado de
compromiso individual y disposición para entender los cambios y propulsarlos,
es la vida misma y con un factor de convicción adicional, el componente
ideológico que es la expresión política más alta de compromiso revolucionario,
la ideología que en este caso tenemos que compartir y difundir obedece al
espíritu socialista de oposición al capitalismo tal como lo conocemos,
explotador y envilecedor de la conciencia humana, siendo esta última la que
debemos obedecer en razón de la conservación de la vida y las mejores
aspiraciones de un mundo mejor, solidario y equitativo.
La
lucha contra la injusticia social no solo es la disposición a hacerlo, es un
conjunto de variables que coinciden en una sola cosa, la entrega de la vida
misma por una causa y para ello, es indispensable manejar los aspectos teóricos
propios de la interrelación social a través de la ética y sujetos a la dinámica
de cada coyuntura, no hay revolución posible sin ideología, apropiarse de ella,
es la tarea y se consigue con el uso adecuado de la dialéctica, que no es otra
cosa que el estudio sistemático de la realidad circundante dirigida a
fortalecer el alma y el espíritu revolucionario.
Una
de las principales tareas que nos impone la realidad actual en el camino de la
profundización y consolidación del
proceso revolucionario es el conocimiento a través de la lectura y la discusión
fresca sin atisbos burgueses, de tal manera que los factores de apoyo blinden
la estructura orgánica y mental de cada uno de los revolucionarios y la ética
entonces, es la herramienta que nos permitirá actuar con honestidad en el
desarrollo del devenir histórico que se nos presenta.