El fulgurante libro de Sebastián Campanario
- Pablo Mancini
El
fulgurante libro de
Sebastián Campanario, La economía de lo insólito, demuestra con
contundencia que, como sarcásticamente se dice por ahí, la economía es algo
demasiado importante para dejárselo a los economistas.
Más
de uno a quienes le contamos que estábamos, o nos descubrió, leyendo el libro
de Campanario gesticuló preguntándose ¿y este qué está leyendo? Claro, el
titulo tiene algo de pasión por la rareza, de retórica Guinness.
Ni hablemos de la contratapa, que comienza proponiendo pensar ¿Cuál es la clave
de la felicidad? ¿A dónde conviene patear un penal? ¿Por qué las mujeres
enamoradas fingen más sus orgasmos? ¿Qué tienen que ver las burbujas
financieras con los actores Kevin Bacon
y Rolo
Puente? ¿Cuánta lluvia hace falta para disuadirnos de salir a
correr esta tarde?
¿Y
de quién es ese libro?, preguntaban. De Sebastián Campanario. Continuaban las
caras se interrogación. Qué les íbamos a explicar. Que es Licenciado en
Economía,
Universidad de Buenos Aires (1997), Diploma con
Mérito Académico; que trabaja en el diario Clarín desde 1997, en el
Suplemento Económico del domingo donde escribe y edita notas de Macroeconomía,
Finanzas y Negocios; Que es asesor en temas de economía del Plan
de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)…
La
economía de lo insólito está dividido en doce capítulos que llevan títulos como
"Triste, solitario y sasquatch", o
"Hasta que la muerte nos separe", y a
La
economía de lo insólito es un libro que demuestra con creces que la economía no
es solo cosa de economistas, que los números son importantes pero que existe
una cantidad apabullante de experiencias que revelan que en la economía juegan
muchas más variables (de las más extrañas incluso) de las que podíamos suponer.
En
ese sentido, Campanario se encarga de introducirnos, con testimonios,
simpáticos ejemplos y anécdotas ilustrativas, a los estudios de la economía del
comportamiento, la neuroeconomía,
la econofísica, la economía de las
tentaciones, la economía de la felicidad y la egonomía o la economía del yo, entre
otras ramas, y también a otras difíciles de etiquetar.
Claro,
en realidad, con la cantidad de estudios que cita Campanario, comprendemos que
la economía es mucho menos chata de lo que a veces pensamos y que los estudios
interdisciplinarios, muchos de ellos en ciernes, tiene todo aun por aportar.
Por supuesto que la ?explosión temática? de la
economía liquida el argumento neoclásico, el discurso y las explicaciones
monotemáticas para los fenómenos económicos y financieros.
Para
explicarse, Campanario toma diversas teorías y demostraciones. Así, por
ejemplo, para dar cuenta de los aportes de la economía del comportamiento toma
la teoría de los juegos que le permite dar con los supuestos de egoísmo en la
economía moderna.
A
priori, la economía de la felicidad es una rama de estudio digna de nuestra
sospecha, solo por el nombre. Pero después de las explicaciones expuestas en La
economía de lo insólito, suena mucho más interesante. Quienes estudian la
economía de la felicidad descubrieron que las personas se habitúan rápidamente
a un nuevo estándar de vida. Un cambio de auto debido a una mejora en el
salario, por ejemplo, produce una satisfacción momentánea, que se desvanece al
poco tiempo. Campanario nos cuenta cuál es la relación entre poder adquisitivo
y felicidad: la correlación entre ingresos y felicidad es alta para las
personas con bajos recursos, pero a partir de un determinado nivel de salarios
esa correlación se derrumba. Sería a partir de los que conocemos como ?la clase
media?, la que los generadores de felicidad están más
relacionados al status, que al ingreso en sí. Por ejemplo, según algunos
estudios nos causa más satisfacción un aumento de sueldo de un 10 por ciento
que se nos de sólo a nosotros que un 20 por ciento que se le otorgue a todos
los empleados de nuestra oficina.
Hay
decenas de puntos, de ejemplos, de anécdotas, de investigaciones y hasta de
chistes citados en el libro que dan cuenta del cruce de ciencias a través de la
economía. Por supuesto está presente la matemática de redes y el movimiento en
manada para explicar las fluctuaciones de precios, de acciones, de bonos y
derivados.
En
los últimos años, los investigadores de este campo viene
descubriendo similitudes entre distintos tipos de redes, desde las cadenas alimentarias del mundo animal,
Campanario
no se priva de ejemplos, y sale a la carga con HG Wells,
Verne, Asimov,
El señor de
los anillos, Viaje a las estrellas, la red Al Qaeda,
etc. El pasaje "todo es una red" es imperdible, el que nos dejó
pensando con más inquietudes. Sobre el final Campanario comenta el modelo
creado por Jean
Philippe Bouchaud
y Marc Mezard
que predice con bastante exactitud la distribución del ingreso de un país desde
la matemática de las redes.
Viene
muy bien leer este libro de Campanario, porque además de ser un magnifico
ejemplo de escritura directa, al punto, sin rodeos, de cómo sistematizar
decenas de entrevistas, es una gran oportunidad para pegarle un plumerazo con
altura, y con lucidez admirable -al estilo de Mary Sánchez,
la protagonista del cuento de Truman Capote,
Un día de
trabajo; léanlo y sabrán porqué -, a las recetas del consenso de
Washington que se vienen cocinando en la cacerola de los pueblos. Y lo mejor de
todo es que esto recién empieza. Porque como señala Campanario, los psicólogos
y físicos asisten a las conferencias de economistas pero no se da casi de forma
inversa esa asistencia. Por ahora, muchos de los estudios que se exponen en el
libro son marginales, o de experimentación, - no todos, algunos ya tienen más
de 30 años- pero la idea de cruzar ciencias, de enredar ramas, y de chocar
cabezas para preguntar mejor parece tener más sentido que contestar desde la
nada macro a las preguntas de manual.