7. El derecho a la verdad o: ¿cómo
forzamos a DaimlerChrysler, Exxon_Mobil,
Mossad y otros decir la verdad?
Desde
1999, investigo el „complejo Mercedes Benz Argentina
“(MBA), ya son varios capítulos:
Presenté
en varios países solicitudes de información. Estuve en los archivos de DaimlerChrysler en Stuttgart y en
Austin (Texas), donde está el material de la Standard
Oil. Muchas preguntas siguen sin respuesta.
Las
leyes sobre el acceso a la información no resultan aplicables en la práctica.
Tienen muchas excepciones (seguridad nacional etc.), las solicitudes no son
contestadas (Mossad), y la CIA ofrece la información
por dinero, en vez de desclasificar los expedientes. Y en muchos países tales
leyes ni siquiera existen.
Además,
las leyes mencionadas se refieren solamente a instituciones estatales, no a
empresas. Éstas pueden callarse o mentir. DaimlerChrysler
afirmó en varias asambleas de sus accionistas no poseer ningún dato sobre
William Mosetti, durante quince años su director
general. En los archivos (anteriormente “limpiados”) encontré con la fecha del
1 Septiembre de 1939 (inicio de la 2º guerra mundial) solamente un memorando de
la dirección sobre el problema si Daimler-Benz debería participar en una carrera de autos en
Sudáfrica. Exxon Mobil me
comunicó que no conocía a sus ex empleados Mosetti ni
Eichmann, y en su archivo en Austin
no me fue entregado el pacto de la petrolera con los Nazis sino historietas
sobre la lámpara china del aceite (sic).
El
manipuleo de la verdad es cínico y perverso. Se refiere a crímenes lesa
humanidad. Pero los delitos como el encubrimiento de los crímenes son
considerados como algo „normal “, como la “cultura” de las empresas. Quien
sigue preguntando aparece como “raro” y obsesivo.
¿Por
qué nosotros, quienes trabajamos desde hace años y en varios países en este
asunto, todavía exigimos la verdad? Podríamos gastar nuestro tiempo libre de
manera más agradable. Requerimos la verdad, porque la necesitamos para la
defensa de los derechos del individuo, para la defensa contra la violencia
estatal y contra la avidez ilimitada del capital.
Intenté
llegar a la información a traves de los tribunales.
¿Pero qué tribunal se atrevería hoy a investigar el pacto de la Standard Oil
con los Nazis? Ya en 1942 fracasaron las investigaciones penales debido al
poder de la compañía.
Presenté
el caso de los trabajadores desaparecidos en el “juicio de la verdad “en La
Plata (Argentina). Citaron a las víctimas, a los testigos y a los supuestos
culpables. Esto era importante, además porque pude juntar ahí el material
fílmico para mi documental. Pero el “juicio de la verdad” no posee un equipo
para investigar y no puede condenar. Los militares y sus cómplices civiles
fingen no recordar y termina no pasando nada ...
Fueron
presentadas dos denuncias penales, en Alemania contra el gerente de MBA, J.R. Tasselkraut, por asesinato,
y en Buenos Aires contra DaimlerChrysler por
asociación ilícita. La Fiscalía de Nuremberg cerró la
causa con el argumento de que no se podía probar que los desaparecidos fueron
asesinados. La Fiscalía porteña no citó a los gerentes de la empresa y en vez
de interrogar a los directores de la DaimlerChrysler,
como había solicitado el abogado de las víctimas, hizo interrogar la Comisión
Interna.
Hice
una denuncia penal contra Tasselkraut por la
apropiación ilegal de tres niños y presenté las partidas de nacimiento
falsificadas, lo cual en la Argentina constituyen crímenes que no prescriben.
Sin embargo, aparentemente no se investiga nada. Como no soy víctima directa
(no soy familiar), me niegan el acceso al expediente y la posibilidad de
solicitar pruebas.
En
la causa civil contra DaimlerChrysler que los
familiares de los desaparecidos iniciaron en el Tribunal de San Francisco (EE.UU.), no se podía notificar a la empresa en Stuttgart, porque para DaimlerChrysler
(y la Corte de Apelaciones en Karlsruhe) la causa amenaza
a la seguridad nacional de la República Federal Alemana. Sin embargo, el
Tribunal en San Fransciso no abrió la causa , en
primera instancia, diciendo que se la puede iniciar mejor en Alemania o la
Argentina …
La
justicia no cumple con su obligación para establecer la verdad. Y los gobiernos
participan en el encubrimiento de los hechos. Que la administración del George W. Bush se comporte de
esta manera sorprende poco. Pero que el Frente Amplio de Uruguay actúe de la
misma manera, decepciona. Todos, quienes celebramos su victoria en las urnas en
octubre de 2004 en las calles de Montevideo, no esperamos milagros. Quizás uno
deba tolerar injusticias y hacer acuerdos porque una denegación tendría
consecuencias peores, quizás se deba pagar la deuda externa, porque un boicot
internacional podría ser mas grave. Pero algo sí esperamos del Frente: que
dejen de mentir. Deberían hablar abiertamente sobre las cosas para crear
conciencia y las condiciones para superar la injusticia. Sin embargo, continúan
con la vieja política de la Realpolitik y las
obligaciones cotidianas del aparato estatal. Valores como verdad y justicia
molestan, también cuando se refiere al Holocausto.
Los
medios podrían reclamar por su derecho de acceso a la verdad. No lo hacen.
Además, algunos empresarios mediáticos (Berlusconi en
Italia, Cisneros en Venezuela) no se conforman con su poder económico, sino que
ambicionan también el poder político.
¿Acaso
no informan los medios sobre las violaciones de los derechos humanos y no se
escriben hasta hoy en día libros y guiones sobre Eichmann?
Si, pero sin perjudicar los intereses económicos y sin cuestionar la versión
del Mossad. ¿Quién persigue, después de guerras y de
guerras civiles, la pista del dinero?
El
mundo parece cada vez más chico, más globalizado; pero los medios se muestran
cada vez más provincianos, más cobardes y más banales. Hoy, el periodismo tiene
que ver con la verdad tanto como la prostitución con el amor. La televisión
trae entretenimiento (en nivel bajo), y los diarios nos asfixian con una
enormidad de acontecimientos sin historia.
Florecen
en Internet cadenas del email y agencias alternativas
– pruebas de un hambre no satisfecha de verdad. El problema: Casi nadie quiere
pagar ese servicio, el trabajo se hace basado en la explotación de uno mismo,
la falta crónica de dinero hace difícil la investigación profesional y la
eterna búsqueda de subsidios podría llevar a una nueva dependencia.
En
Alemania, se discute actualmente sobre el derecho del ciudadano a la
información, si todas las casas tienen que pagar a las emisoras públicas,
independientemente si ellas poseen un televisor o solamente una computadora con
la cual se puede recibir los programas. Esta discusión sobre el derecho
fundamental a la información tiene sentido, pero debería incluir los nuevos
medios alternativos que informan más que la televisión con sus telenovelas y “talk shows”.
Parecería
que la gente se preocupa solamente de sus necesidades inmediatas y deja la
historia en los manos de los historiadores. Hay pocos momentos de gloria en los
que el pueblo conquista el derecho a la verdad: 1917 con la confiscación de los
archivos del servicio secreto zarista, Ochrana, y en
1990 con la toma del archivo de la Stasi, el servicio
de seguridad de la Ex RDA.
La
impresión engaña e incluso la jurisdicción internacional - como la Comisión de
DDHH de las Naciones Unidas (resolución 2005/66) – habla „del derecho a la
verdad “. En diciembre de 2006, la Asamblea General votó la Convención para la
Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas,
confiriendo a esta garantía un rango de derecho internacional público. La
Argentina y Francia promovieron esta iniciativa, Alemania, en cambio, frenaba.
El artículo 24 de la Convención concede a las víctimas el “derecho de saber la
verdad“, definiendo como “víctima” cada individuo que sufrió un daño directo
como consecuencia de una desaparición forzada. Ya hoy en día, la jurisdicción
internacional parte de la idea que no sólo los familiares están en esta
categoría sino también todas las personas que hubieran vivido en un régimen
donde el método de la desaparición forzada fuera masivo y amenazara a toda la
sociedad. Se les atribuye a estas personas también un “interés legítimo” y el
derecho de conseguir la verdad a traves de la
justicia.
La
Convención es un paso importante. Debe ser ratificada y regularizada por los
estados, para determinar los detalles acerca de cómo y quién puede materializar
su derecho a la verdad, frente a qué tribunal, en qué marco y en qué excepciones.
¿Podrá
el derecho a la verdad llevarse a la práctica? En el tema Mercedes Benz Argentina, los tribunales, los gobiernos y los medios
- en Alemania, la Argentina y los EE.UU. – se
pusieron claramente del lado de los que se beneficiaron con los crímenes.
Sin
embargo: Los conocidos como “Big Oil” y “Big Car” (o sea las petroleras y
el sector automotor) fueron derrotados por las mentes. Por supuesto, pueden
comprar jueces, peritos y políticos, y también confían en que los medios van a
proteger a sus avisadores. Pero quien busca hoy en Internet, sabe
- quién entregó a los trabajadores a los
militares,
- quién
se apropió de los bebés, que los militares convirtieron en huérfanos,
- quién
lavó el dinero nazi y lo dirigió en la economía de la posguerra hacia la
República Federal de Alemania y
- quién quería conquistar el petróleo de
Bakú con los Nazis, con un costo de cincuenta millones de muertos.
¿Cuánto
calculan para su próxima guerra de petróleo?