La Revolución por otros medios
La Jornada
Fernando Buen
Abad Domínguez
Rebelión/Fundación
Federico Engels
"¿Acaso el primer deber de quien busca la verdad no es avanzar
directamente hacia ella, sin mirar a izquierda ni derecha? La verdad es tan
poco prudente como la luz. Si la prudencia constituye el carácter de la
investigación, ello es índice del temor que se tiene a la verdad, más bien que
índice del temor que se tiene al error. Es un medio que paraliza cada vez que
se da un paso adelante, por esa razón, la investigación sufre obligatoriamente
un santo temor de descubrir el resultado: es una forma de preservarse contra la
verdad." Karl
Marx.
La Jornada
nos compete
Uno ve bien clara esa tarea poliedra
de informar y formar, reflejar y absorber, recibir y dar... con independencia
política relativa, auto-crítica y creatividad. Uno ve bien claro cómo, incluso,
bajo amenazas de censura, bajo chantajes tutifruti,
bajo las "llamadas de atención", la intolerancia gubernamental
y la incomodidad de la burguesía... La Jornada da ejemplos extraordinarios de fortaleza
ética y estética, en sus métodos y en sus opiniones, en sus medios y modos al
servicio de la transformación social. No hay muchos así.
Uno ve cómo los trabajadores de La Jornada ponen, en el día a día, las convicciones
que aprendieron a crecer en público sin dejarse avasallar con sus
logros. La Jornada
vive sin perderse y sin perder su idea de libertad que madura desde sus
rupturas, sus continuidades y sus contradicciones. Una parte de la realidad
mexicana (y mucho más) habita en las páginas vivas de la Jornada, con un
inquilinato de la información que moviliza a la memoria (y mucho más). Eso pasa
a cumplir la tarea de construcción, a su modo, de una parte y una versión de la Historia. Nada
menos.
Las plumas de los reporteros, los cronistas, los antropólogos,
artistas, científicos, economistas, filósofos, historiadores, sociólogos,
politólogos... contradictorios, polémicos, apasionados... exponen sus teorías,
hallazgos y crónicas con libertad objetiva empeñada en elevar el nivel de la
conciencia en la lucha por librarnos de las calamidades del capitalismo. Esta
es una tarea fundamental. La
Jornada hace valer un arte de guerra enfundado en la
liberad de expresión, nada fácil, nada frecuente, nada gratis: el arte de la
argumentación informativa con base en la realidad. Y la necesidad de
transformarla. Sin complacencias.
Voluntad de periodismo bajo las exigencias de la ética, con "la
voz de los sin voz" y la dignidad de los humillados. Instrumento poderoso
para la liberación humana contra la mentira. Coraje, valentía, pasión por la
verdad y compromiso con sinceridad de muchos años. Está por venir la mejor
Jornada.
En La Jornada
se despliega una compilación de aportes para la batalla de las ideas (y no sólo
de las ideas). Prensa revolucionaria y en guerra contra la mentira, la
ignorancia y la alienación. Guerra de naturaleza humanística para desarrollar
la conciencia política y la lucha contra un sistema por definición injusto y
monstruoso. Periódico educador, organizador, movilizador
y activo, hacia afuera y hacia adentro, con la fuerza revolucionaria de la
realidad y la verdad. La activación de la conciencia desde La Jornada surte efecto
indispensable hoy en plena globalización de las canalladas.
Está a la vista una idea clara de periodismo para contribuir al
triunfo de una "opinión pública" rebelde que contenga, además de la
"batalla de ideas", las denuncias, los análisis, los métodos de
organización y la acción directa de la información en la transformación del
mundo.
En una situación de decadencia y avazallamiento
contra los trabajadores, como la que reina hoy en el mundo entero, la tarea de La Jornada ha sido contribuir
a forjar mentes y enriquecer fuerzas para organizar mejor la transformación de
la realidad. La Jornada
es un arma principal, un eje de todo trabajo transformador, una contribución
insoslayable en la maduración del pensar y hacer revolucionario de México.
No pocos episodios históricos han tenido a La Jornada cumpliendo tareas
mucho más dinámicas que las de un informador común… se ha convertido en
palestra de denuncias... en un actor más de la lucha, hombro a hombro, con el
pueblo. He aquí cómo los trabajadores se hermanan con los trabajadores… la
razón es clara: Los trabajadores de La Jornada también son trabajadores sometidos a las
mismas miserias y barbarie que el resto de los trabajadores... no viven en una
burbuja de tinta. Viven también sus luchas respectivas.
Los trabajadores de La
Jornada han sabido nutrir y desarrollar, en las circunstancias
de hoy, una manera integral de producir periódicos para la revolución
informativa desde muchos ángulos y cerca los acontecimientos mundiales. Han
encontrado un lugar desde donde apoyan la protesta y la rebelión de las masas
en la línea revolucionaria y han logrado dar énfasis a lo más avanzado de la
lucha Internacionalista. Su contribución para hacer conocer plenamente los
rasgos del enemigo y de las clases sociales hace de este diario un arma y
herramienta que empuña con la pluma las mejores causas revolucionarias. Uno
puede estudiar desde las páginas de La Jornada las fuerzas de clase y las perspectivas
de la transformación social, con series de textos especializados en análisis
diversos y pronósticos científicos. No hay muchos así.
No será "perfecta"… pero es de lo mejor que tenemos
La Jornada
ha sabido moverse por la fuerza de los acontecimientos y en la dirección
acertada para contribuir a la realización teórica y práctica de un trabajo
periodístico que rinde su examen de Historia todos los días. Su producción
informativa no parte de una idea abstracta sino un principio directo orientador
y profundamente práctico. En La
Jornada cada página, plagada de hechos, es un "hoy"
en movimiento. Un lugar donde la realidad abre las cortinas de la historia para
mostrar su desnudez cuerpo a cuerpo.
Es un despliegue de veracidad en la tinta electrificada con evidencias
que mueve los ojos y los entresijos de la razón. Cada gota de realidad escurre
sus consecuencias sobre las páginas a punta de sueños y compromisos. Se trata
de abrir los ojos y actuar de inmediato organizadamente. La Jornada sueña para estar
despierta con su lengua de jardín y su calendario triunfos en las arterias de
la historia. Sangre de pensamiento tipografiado con ráfagas de amaneceres
diariamente. El periodismo es peligroso si ama la verdad, si siente la urgencia
de defenderla contra el gangsterismo mass
media y el autoritarismo estatal que gustan de intercambiar roles para
esconder el saqueo y el fraude, propiciar el olvido y la alienación, esconder a
los muertos que producen y timar a los pueblos con historietas mediocres y
miserables.
La Jornada
vuela en sus hojas de carne, nube y plumas sostenidas por el viento de
cada día derramado sobre la antesala de mañana. La Jornada no se apacigua,
tiene garganta de aurora y música de pecho enardecido que se alza entre las
manos como palabra insurrecta y deliciosa. La Jornada murmura rebeliones
entre labios de rebelde y besos de llovizna. Ese es el himno mayor de sus
trabajadores. Todo es cosa de saber leerlo.
Uno hojea La Jornada
con los ojos abiertos hacia los cinco sentidos de las sílabas y las imágenes
impresas. Uno lee en La
Jornada cómo pesan los días y los años editoriales que abren
los párpados del tiempo a los instantes informativos. Uno ve cómo el trabajo de
informar es cosa de follajes sobre la planicie de las páginas. Es pensar y
semilla de fuego en guerra. Es claridad de latidos tipográficos en un periódico
girasol de la lucha cuyo amor empuña la vida en letras. Informar es abrir otra
vez la boca y liberar las ideas en llamas sobre el césped de la lectura que incendiará
la pradera, abrir los labios de periodista que descubre con tinta la sombra
de lo invisible. La Jornada,
por eso, tiene alientos de vida perdurable, incuba voluntades con espada
persistente.
La Jornada
tiene tareas urgentes para ayudar a acabar con lo que seca al mundo, con lo que
nos deshace, con lo que nos enloquece. La Jornada tiene a la verdad como garantía visible,
como espuma del tiempo, como imagen de labios que ven y dicen su poesía. La Jornada anda con el
amanecer a cuestas y cabalga río arriba los minutos que vienen en tropel
mientras acaricia palabras impalpables que andan en busca de catapultar
conciencias. La Jornada
va y viene, siembra ojos en sus páginas y siembra pensamientos en los ojos… con
los vibratos de lo cotidiano. Madura en un instante
el aire de la memoria y pone fecha de imprenta al futuro que inspira. La Jornada nace como un
reflejo diario que escala instantes en imágenes y palabras para cubrir con su
lucha un mar de signos tatuados de estrellas.
Ese periodismo que milita en La Jornada es un espejo de los avances y las
derrotas sociales entre los días pluviales de la conciencia… es una flor bajo
la lluvia de los hechos insomnes. Un triunfo nuestro que nos exige y nos pone a
prueba entre destellos de realidad que empuñan una revolución a la luz del
vértigo equidistante. La
Jornada trabaja, a diario, un yo cincelado con
noticias, un yo ensimismado en un nosotros con la deriva de los días
ante los ojos.
Uno quiere siempre que La
Jornada brille con más relevancia política y más presencia de
virtudes, que brille su periodismo emergente en un mundo donde los vicios no
terminan de morir y las virtudes no terminan de nacer. Uno quiere siempre más
de esos fulgores de periodismo de transición y en combate con su disciplina de
convicciones dialécticas acuciosas y emocionadas críticamente. Jornada sin
reservas de páginas, como fuerza de todos, como canción de gesta, como
Revolución Permanente. Una Jornada que bañe siempre al viento de mañana con
follajes de hemeroteca activa y pensamientos rebeldes en la antesala campesina
y obrera que verá, con sus ojos de fechas, los escombros del capitalismo...
Que La Jornada
sea incansable que ande con la cabellera desatada, que llene sus páginas con
las fechas revolucionarias más anheladas. Que sus tintas torbellino de batalla
se propaguen transparentes como lluvia de noticias plenas de fulgores
irredentos. Que sus tintas tomen el color de la revolución y que lluevan
en todo el mundo las verdades más esclarecedoras, con su belleza convulsiva,
con sus imágenes triunfantes, con sus plumas aleteando el poderío de las
palabras sustanciadas de Historia revolucionaria. La Poesía misma. Preparémonos
que no hemos visto, todavía, la mejor Jornada.
"Corriente Internacional de
la Comunicación
hacia el Socialismo"