Manuel Castells
El surgimiento de la sociedad de redes
El espacio de los flujos
Introducción
Espacio y
tiempo son las dimensiones materiales fundamentales de la vida humana. Los
físicos han mostrado la complejidad de estas nociones, más allá de la falacia que
supone su simplicidad intuitiva. Los escolares saben que el espacio y el tiempo
se relacionan. Y una teoría muy extendida, la última moda en física, adelanta
la hipótesis de un hiperespacio que articula diez dimensiones, incluido el
tiempo . Por supuesto, en mi análisis no hay lugar para tal discusión, puesto
que sólo le concierne el significado social de espacio y tiempo. Pero la
referencia a esa complejidad va más allá de la pedantería retórica: nos invita
a considerar las formas sociales del tiempo y el espacio, que no son reducibles
a las que han sido nuestras percepciones hasta la fecha, basadas en estructuras
sociotécnicas que ha invalidado la experiencia histórica.
Puesto
que espacio y tiempo están entrelazados en la naturaleza y la sociedad, también
lo estarán en mi análisis, aunque, en aras de la claridad, me centraré primero
en el espacio, en este capítulo, y luego en el tiempo, en el siguiente. El
orden de la secuencia no es aleatorio: a diferencia de la mayoría de las
teorías sociales clásicas, que asumen el dominio del tiempo sobre el espacio,
propongo la hipótesis de que el espacio organiza al tiempo en la sociedad red.
Confío en que esta afirmación tendrá más sentido al final del recorrido
intelectual que propongo al lector en estos dos capítulos.
Tanto el
espacio como el tiempo han sido transformados bajo el efecto combinado del
paradigma de la tecnología de la información y de las formas y procesos
sociales inducidos por el proceso actual de cambio histórico, como se ha
presentado en este libro. Sin embargo, el perfil real de esa transformación se
aleja mucho de las extrapolaciones de sentido común del determinismo
tecnológico. Por ejemplo, parece obvio que las telecomunicaciones avanzadas
harían ubicuo el emplazamiento de las oficinas, con lo que se permitiría que
las sedes centrales de las grandes compañías abandonaran los distritos
comerciales céntricos, caros, congestionados y desagradables, para situarse en
lugares bonitos de todo el mundo. No obstante, el análisis empírico de Mitchell
Moss sobre el impacto de las telecomunicaciones en el mundo empresarial de
Manhattan en la década de 1980, descubrió que estos nuevos y avanzados medios
de telecomunicación se encontraban entre los factores responsables de que
hubiera aminorado la reubicación de las empresas fuera de Nueva York, por
razones que expondré más adelante. O, por utilizar otro ejemplo sobre un ámbito
social diferente, se suponía que la comunicación electrónica con base en el
hogar alentaría un descenso de las formas urbanas densas y una disminución de
la interacción social en base territorial. No obstante, el primer sistema de
difusión masiva de comunicación a través del ordenador, el Minitel francés,
descrito en el capítulo anterior, se originó en la década de 1980 en un entorno
urbano intenso, cuya vitalidad e interacción interpersonal apenas se debilitó
por el nuevo medio. En efecto, los estudiantes franceses utilizaron Minitel
para organizar manifestaciones callejeras contra el gobierno. A comienzos de
los años noventa, el telecommuting, esto es, el trabajo desde casa por línea
telefónica, sólo era practicado por una pequeña fracción de la mano de obra en
los Estados Unidos (entre un 1% y un 2% en un día determinado), Europa o Japón,
si exceptuamos la vieja costumbre de los profesionales de seguir trabajando en
casa o de organizar su actividad en un espacio y tiempo flexible cuando tienen
oportunidad de hacerlo . Aunque el trabajo en casa a tiempo parcial parece
estar surgiendo como un modo de actividad profesional en el futuro, se
desarrolla debido al ascenso de la empresa red y al proceso de trabajo
flexible, como se ha analizado en capítulos anteriores, y no como un resultado
directo de la tecnología disponible. Las consecuencias teóricas y prácticas de
estas precisiones son cruciales. En las páginas siguientes me ocuparé de la
complejidad que presenta la interacción de la tecnología, la sociedad y el
espacio.
Para
avanzar en esa dirección, examinaré los datos empíricos sobre la transformación
de los patrones de localización de las principales actividades económicas en el
nuevo sistema tecnológico, tanto para los servicios avanzados como para la
fabricación. Después trataré de analizar los escasos datos sobre la interacción
entre el ascenso del hogar electrónico y la evolución de la ciudad, y explicaré
con mayor detalle la evolución reciente de las formas urbanas en varios
contextos. Luego sintetizaré las tendencias observadas bajo una nueva lógica
espacial que denomino el espacio de los flujos. Opondré a esta lógica la
organización espacial arraigada en la historia de nuestra experiencia común: el
espacio de los lugares. Y me referiré al reflejo de esta oposición dialéctica
entre el espacio de los flujos y el espacio de los lugares en los debates
actuales de la arquitectura y el diseño urbano. El objetivo de este itinerario
intelectual es dibujar el perfil de un nuevo proceso espacial, el espacio de
los flujos, que se está convirtiendo en la manifestación espacial dominante del
poder y la función en nuestras sociedades. A pesar de todos mis esfuerzos para
mostrar la nueva lógica espacial empíricamente, me temo que es inevitable,
hacia el final del capítulo, enfrentar al lector con algunos fundamentos
básicos de una teoría social del espacio, como un modo de entender la
transformación de la base material de nuestra experiencia. No obstante, espero
mejorar mi capacidad de comunicar una teorización abstracta de las nuevas
formas y procesos espaciales mediante un breve recorrido de los datos
disponibles sobre las recientes pautas espaciales de las funciones económicas y
las prácticas sociales dominantes .
Los Servicios Avanzados, Los
Flujos De Información y
La
economía informacional/global se organiza en torno a centros de mando y
control, capaces de coordinar, innovar y gestionar las actividades
entrecruzadas de las redes empresariales . Los servicios avanzados, incluidos
finanzas, seguros, inmobiliaria, consultoría, servicios legales, publicidad,
diseño, mercadotecnia, relaciones públicas, seguridad, reunión de información y
gestión de los sistemas de información, pero también el I+D y la innovación
científica, se encuentran en el centro de todos los procesos económicos, ya sea
en la fabricación, agricultura, energía o servicios de diferentes clases .
Todos pueden reducirse a generación de conocimiento y flujos de información .
Así pues, los sistemas de telecomunicaciones avanzados podrían hacer posible su
emplazamiento disperso por todo el globo. No obstante, más de una década de
estudios sobre el tema ha establecido un modelo espacial diferente,
caracterizado por su dispersión y concentración simultáneas . Por una parte,
los servicios avanzados han aumentado de forma considerable su porcentaje de
empleo y PNB en la mayoría de los países, y presentan el crecimiento más elevado
en empleo y las mayores tasas de inversión en las principales áreas
metropolitanas del mundo . Son omnipresentes y se ubican en toda la geografía
del planeta, excepto en los «agujeros negros» de la marginalidad. Por otra
parte, ha habido una concentración espacial de los niveles superiores de esas
actividades en unos cuantos centros nodales de unos cuantos países . Esta
concentración sigue una jerarquía entre niveles de centros urbanos, que
concentra las funciones de nivel superior, tanto en lo referente a poder como
en información, en algunas de las principales áreas metropolitanas . El clásico
estudio de Saskia Sassen sobre la ciudad global ha expuesto el dominio conjunto
de Nueva York, Tokio y Londres en las finanzas internacionales y en la mayoría de
los servicios de consultoría y empresariales de ámbito internacional . Juntos,
estos tres centros cubren el espectro de las zonas horarias a efectos de la
actividad financiera y funcionan en buena medida como una unidad en el mismo
sistema de transacciones interminables. Pero hay otros centros importantes, e
incluso más que ellos en algunos segmentos específicos del comercio, como, por
ejemplo, Chicago y Singapur en contratos de futuros (de hecho, se practicaron
por primera vez en Chicago en 1972). Hong Kong, Osaka, Frankfurt, Zurich,
París, Los Ángeles, San Francisco, Amsterdam. y Milán son también importantes
centros, tanto en servicios financieros como empresariales de ámbito
internacional . Y diversos "centros regionales" se están uniendo a la
red rápidamente, a medida que se desarrollan "mercados emergentes"
por todo el mundo: Madrid, Sao Paulo, Buenos Aires, México, Taipei, Moscú y
Budapest, entre otros.
A medida
que la economía global se expande e incorpora nuevos mercados, también organiza
la producción de los servicios avanzados requeridos para gestionar las nuevas
unidades que se unen al sistema y las condiciones de sus conexiones, siempre
cambiantes . Un caso concreto que ilustra este proceso es Madrid, hasta 1986 un
lugar relativamente atrasado de la economía global. Ese año España se unió a
En la
misma línea de argumentación, el estudio de Cappelin sobre las redes de
servicios de las ciudades europeas expone la creciente interdependencia y
complementariedad de las ciudades de tamaño medio de
"La importancia relativa de la relación
ciudad-región parece disminuir con respecto a la importancia de las relaciones
que interconectan varias ciudades de diferentes regiones y países [ ... ]. Las
nuevas actividades se concentran en polos específicos y ello implica el
incremento de disparidades entre los polos urbanos y sus respectivos
entornos" .
Así pues,
el fenómeno de la ciudad global no puede reducirse a unos cuantos núcleos
urbanos del nivel superior de la jerarquía. Es un proceso que implica a los
servicios avanzados, los centros de producción y los mercados de una red global,
con diferente intensidad y a una escala distinta según la importancia relativa
de las actividades ubicadas en cada zona frente a la red global. Dentro de cada
país, la arquitectura de redes se reproduce en los centros regionales y
locales, de tal modo que el conjunto del sistema queda interconectado a escala
global. Los territorios que rodean estos nodos desempeñan una función cada vez
más subordinada: a veces llegan a perder toda su importancia o incluso se
vuelven disfuncionales. Por ejemplo, las colonias populares de la ciudad de
México (en su origen asentamientos ilegales) que representan en torno a los dos
tercios de la población de la megalópolis, sin desempeñar ningún papel
distintivo en el funcionamiento de la ciudad como centro comercial internacional
. Además, la globalización estimula la regionalización. En sus estudios sobre
las regiones europeas en la década de 1990, Philip Cooke ha indicado, basándose
en los datos disponibles, que la creciente internacionalización de las
actividades económicas por toda Europa ha hecho a las regiones más dependientes
del contexto internacional. En consecuencia, bajo el impulso de sus gobiernos y
elites empresariales, se han estructurado para competir en la economía global y
han establecido redes de cooperación entre las instituciones regionales y las
empresas basadas en la región. Por lo tanto, las regiones y localidades no
desaparecen, sino que quedan integradas en redes internacionales que conectan
sus sectores más dinámicos .
Michelson
y Wheeler han sustentado su planteamiento sobre la arquitectura evolutiva de
los flujos de información en la economía global, en el análisis de los datos
sobre el tráfico de uno de los principales servicios de mensajería comercial,
Federal Express Corporation . Estudiaron el movimiento, durante los años
noventa, de las cartas, paquetes y cajas entre las áreas metropolitanas
estadounidenses, así como entre los principales centros remitentes
estadounidenses y sus destinos internacionales. Los resultados de su análisis,
ilustrados en las figuras 6.1 y 6.2, muestran dos tendencias básicas: a) el
dominio de algunos nodos, sobre todo Nueva York, seguido por Los Ángeles, que
aumenta con el tiempo; b) la existencia de circuitos prioritarios nacionales e
internacionales de conexión. Concluyen que:
"Todos los indicadores
señalan un fortalecimiento de la estructura jerárquica de las funciones de
mando y control y el intercambio de información resultante [ ... ]. La
concentración de la información en determinados lugares es el resultado del
alto grado de incertidumbre, impulsado a su vez por el cambio tecnológico, y la
desmasificación, la desregulación y la globalización del mercado [... ] (Sin embargo) cuando se extienda la tendencia actual, persistirá la importancia de
la flexibilidad, como el mecanismo básico para salir adelante, y de la
aglomeración de las economías, como la fuerza de ubicación preeminente. Por lo
tanto, la ciudad no perderá su importancia como centro de gravedad para las
transacciones económicas. Pero con la regulación de los mercados
internacionales con una menor incertidumbre sobre las reglas del juego
económico y los jugadores que participan, la concentración de la industria de
la información disminuirá y ciertos aspectos de la producción y distribución se
difundirán a los niveles inferiores de una jerarquía urbana
internacionalizada" .
En
efecto, dentro de la red, la jerarquía no está de ningún modo asegurada, ni es
estable: está sometida a una feroz competencia entre las ciudades, así como a
la aventura de inversiones de alto riesgo tanto en finanzas como en mercado
inmobiliario. Así, P. W. Daniels, en uno de los estudios más exhaustivos sobre
el tema, explica el fracaso parcial de los principales proyectos de
reurbanización de Canary Wharf en la zona portuaria de Londres debido a la
estrategia demasiado ambiciosa de su promotora, la conocida firma canadiense
Olympia & York, incapaz de absorber el exceso de oficinas de comienzos de
los años noventa, a raíz de la disminución del empleo en servicios financieros,
tanto en Londres como en Nueva York. Concluye que:
"Por lo tanto, la expansión
de los servicios al mercado internacional ha introducido un grado mayor de
flexibilidad y, en definitiva, de competencia en el sistema urbano global del
que existía en el pasado. Como ha probado la experiencia con Canary Wharf,
también hizo que el resultado del desarrollo a gran escala y la reurbanización
dentro de las ciudades se hiciera dependiente de factores internacionales
externos, sobre los cuales sólo se puede tener un control limitado" .
Así pues,
a comienzos de los años noventa, mientras que ciudades como Bangkok, Taipei,
Shanghai, México o Bogotá experimentaron un crecimiento urbano explosivo
encabezado por el sector empresarial, Madrid, junto con Nueva York, Londres y
París, entraron en una recesión que provocó una pronunciada caída de los
precios de las propiedades inmobiliarias y detuvo la nueva construcción. Esta
montaña rusa urbana, en diferentes periodos a lo largo de diversas zonas del
mundo, ilustra tanto la dependencia como la vulnerabilidad de cualquier
localidad, incluidas las principales ciudades, ante los flujos globales
cambiantes.
¿Pero por
qué deben seguir dependiendo estos servicios avanzados de su aglomeración en
unos cuantos grandes nodos metropolitanos? De nuevo, Saskia Sassen, coronando
años de trabajo de campo propio y de otros investigadores en diferentes
contextos, ofrece respuestas convincentes. Sostiene que:
"La combinación de dispersión espacial e
integración global ha creado un nuevo papel estratégico para las principales
ciudades. Más allá de su larga historia como centros para el comercio
internacional y la banca, estas ciudades funcionan ahora de cuatro formas
nuevas: primero, como puestos de mando altamente concentrados en la
organización de la economía mundial; segundo, como emplazamientos clave para
las finanzas y las firmas de servicios especializados [ ... 1; tercero, como
centros de producción, incluida la de innovación en los sectores punta; y
cuarto, como mercados para los productos y las innovaciones producidos"
.
Estas
ciudades o, mejor, sus centros de negocios, son complejos de producción de
valor basados en la información, donde las sedes de las grandes compañías y las
firmas financieras avanzadas pueden encontrar tanto proveedores como la mano de
obra altamente cualificada que precisan. En efecto, constituyen redes de
producción y gestión, cuya flexibilidad no necesita incorporar trabajadores y
proveedores, sino tener capacidad de acceso a ellos cuando convenga y en el
momento y cantidades requeridos en cada caso particular. Se sirve mejor a la
flexibilidad y adaptabilidad mediante esta combinación entre aglomeración de
redes nucleares y su interconexión global con sus redes secundarias dispersas
vía las telecomunicaciones y el transporte aéreo. Otros factores parecen
contribuir también a fortalecer la concentración de las actividades de alto
nivel en unos cuantos nodos: una vez que se han constituido, la elevada
inversión en bienes raíces valiosos que efectúan las grandes empresas explica su
renuencia a desplazarse, porque ello devaluaría sus activos fijos; asimismo, en
la era de las escuchas furtivas extendidas, los contactos cara a cara para
tomar decisiones críticas siguen siendo necesarios, ya que, como Saskia Sassen
indica que un directivo le contó durante una entrevista, a veces los tratos de
negocios son, por necesidad, marginalmente ilegales . Y, por último, los
principales centros metropolitanos aún ofrecen las mayores oportunidades para
el realce personal, la posición social y la autosatisfacción individual de los
profesionales de los niveles superiores que tanto lo necesitan, desde los
buenos colegios para sus hijos hasta la pertenencia simbólica a la cumbre del
consumo conspicuo, incluido el arte y el entretenimiento .
No
obstante, los servicios avanzados, y aún más los servicios en general, se
dispersan y descentralizan a la periferia de las áreas metropolitanas, a zonas
metropolitanas menores, a regiones menos desarrolladas y a algunos países menos
desarrollados . Han surgido nuevos centros regionales de actividades de
procesamiento de servicios en los Estados Unidos (por ejemplo, Atlanta,
Georgia, o Omaha, Nebraska), en Europa (por ejemplo, Barcelona, Niza,
Stuttgart, Bristol) o en Asia (por ejemplo, Bombay, Bangkok, Shanghai). Las
periferias de las principales áreas metropolitanas bullen con el nuevo
desarrollo de oficinas, ya sea en Walnut Creek, San Francisco, o en Reading,
cerca de Londres. Y, en algunos casos, los nuevos centros de servicios
avanzados han surgido en los límites de la ciudad histórica, siendo el ejemplo
más notable y logrado
Lo que
resulta significativo de este sistema espacial de actividades de servicios
avanzados no es su concentración o descentralización, puesto que ambos procesos
ocurren a la vez por todos los países y continentes. Tampoco la jerarquía de su
geografía, ya que en realidad es tributaria de la geometría variable de los
flujos de dinero e información. Después de todo, ¿quién podía predecir a
comienzos de los años ochenta que Taipei, Madrid o Buenos Aires surgirían como
importantes centros financieros y comerciales internacionales? Creo que la
megalópolis Hong Kong-Shenzhen-Guangzhou-Zhuhai-Macao será una de las
principales capitales financieras y comerciales a comienzos del siglo XXI, con
lo que provocará un importante realineamiento en la geografía global de los
servicios avanzados . Pero para el análisis espacial que propongo aquí, resulta
secundario si no acierto en mi predicción. Porque, aunque la ubicación real de
los centros de alto nivel en cada periodo es crucial para la distribución de la
riqueza y el poder en el mundo, desde la perspectiva de la lógica espacial del
nuevo sistema, lo que importa es la versatilidad de sus redes. La ciudad global
no es un lugar, sino un proceso. Un proceso mediante el cual los centros de
producción y consumo de servicios avanzados y sus sociedades locales auxiliares
se conectan en una red global en virtud de los flujos de información, mientras que
a la vez restan importancia a las conexiones con sus entornos territoriales.
El Nuevo Espacio Industrial
El
advenimiento de la fabricación de alta tecnología, a saber, la basada en la
microelectrónica y en la fabricación asistida por ordenador, marcó la aparición
de una nueva lógica de localización industrial. Las empresas electrónicas,
productoras de las máquinas de nueva tecnología de la información, también
fueron las primeras en practicar la estrategia de localización que permitía y
requería el nuevo proceso de producción basado en la información. Durante los
años ochenta, diversos estudios empíricos, realizados por profesores y
estudiantes graduados del Institute of Urban and Regional Development
(Instituto de Desarrollo Urbano y Regional) de
a) I+D,
innovación y fabricación de prototipos se concentraron en centros industriales
muy innovadores de las áreas centrales, en general con una buena calidad de
vida antes de que el proceso de desarrollo degradara un tanto el entorno;
b) la
fabricación cualificada en plantas filiales, en general en zonas recién
industrializadas en el país de origen, que en el caso de los Estados Unidos
suele significar ciudades de tamaño medio de los estados occidentales;
c) el
montaje semicualificado a gran escala y las operaciones de prueba, que desde
los mismos comienzos se localizaron en una proporción considerable en el
extranjero, sobre todo en el sureste asiático, con Singapur y Malasia a la
cabeza del movimiento de atraer fábricas de grandes compañías electrónicas
estadounidenses;
d) la
adaptación del producto al cliente, el mantenimiento postventa y el respaldo
tecnológico, que se organizaron en centros regionales de todo el globo, en
general en la zona donde se encontraran los principales mercados electrónicos,
originalmente en los Estados Unidos y Europa Occidental, si bien en los años
noventa los mercados asiáticos ascendieron a una posición igual.
Las
compañías europeas, acostumbradas a emplazamientos al abrigo de sus territorios
nacionales protegidos, se vieron empujadas a descentralizar sus sistemas de
producción en una cadena global similar a medida que el mercado se abrió y
comenzaron a sentir el aguijón de la competencia de las operaciones efectuadas
desde Asia y de la ventaja tecnológica estadounidense y japonesa . Las
compañías japonesas trataron de resistirse durante largo tiempo a abandonar «la
fortaleza de Japón», tanto por razones de nacionalismo (a petición de su
gobierno) como por su estrecha dependencia de las redes de «justo a tiempo» de
sus proveedores. Sin embargo, la congestión insoportable y los elevadísimos
precios de operación en la zona de Tokio-Yokohama obligaron primero a la
descentralización regional (ayudada por el programa de tecnópolis del MITI) a
zonas menos desarrolladas de Japón, en particular a Kyushu ; y luego, desde
finales de los años ochenta, las compañías japonesas pasaron a imitar los
patrones de localización iniciados por sus competidores estadounidenses dos
décadas antes: implantación en el sureste asiático de los complejos de
producción en serie, buscando la reducción de los costes laborales y
limitaciones medioambientales menos estrictas, y diseminación de las fábricas
por los principales mercados estadounidenses, europeos y asiáticos, como una
previsión para superar el proteccionismo futuro . De este modo, el fin de la
diferencia japonesa confirmó el acierto del modelo de localización que, junto
con diversos colegas, propusimos para comprender la nueva lógica espacial de la
industria de alta tecnología. La figura 6.3 muestra de forma esquemática la
lógica espacial de este modelo, elaborado en virtud de los datos empíricos
reunidos por numerosos investigadores en contextos diferentes .
Un
elemento clave en este modelo de localización es la importancia decisiva de los
complejos de producción de innovación tecnológica para todo el sistema. Es lo
que Peter Hall y yo, así como el pionero en este campo de investigación,
Philippe Aydalot, denominamos «medio de innovación» . Por él entiendo un
conjunto específico de relaciones de producción y gestión, basado en una
organización social que en general comparte una cultura industrial y unas metas
instrumentales encaminadas a generar nuevo conocimiento, nuevos procesos y
nuevos productos. Aunque el concepto de medio no incluye necesariamente una
dimensión espacial, sostengo que, en el caso de las industrias de la tecnología
de la información, al menos en este siglo, la proximidad espacial es una
condición material necesaria para la existencia de dichos medios, debido a la
naturaleza de la interacción en el proceso de innovación. Lo que define la
especificidad de un medio de innovación es su capacidad para generar sinergia,
esto es, el valor añadido que no resulta del efecto acumulativo de los
elementos presentes en él, sino de su interacción. Los medios de innovación son
fuentes fundamentales para la innovación y la generación de valor añadido en el
proceso de producción industrial en la era de la información. Peter Hall y yo
estudiamos durante varios años la formación, estructura y dinámicas de los
principales medios de innovación de todo el mundo, tanto reales como supuestos.
Los resultados de nuestro trabajo añadieron algunos elementos para la
comprensión del modelo de localización de la industria de la tecnología de la
información .
En primer
lugar, los medios de innovación industrial orientados a la alta tecnología, que
denominamos «tecnópolis», presentan diversas formas urbanas. Y, lo que es más
notable, es evidente que en la mayoría de los países, con las excepciones
importantes de los Estados Unidos y hasta cierto punto de Alemania, las
principales áreas metropolitanas contienen las tecnópolis más destacadas:
Tokio, París-sur, Londres-Corredor M4, Milán, Seúl-lnchon, Moscú-Zelenogrado y,
a una distancia considerable, Niza-Sofía-Antípolis, Taipei-Hsinchu, Singapur,
Shanghai, Sao Paulo, Barcelona, etc. La excepción parcial de Alemania (después
de todo, Munich es una zona metropolitana importante) tiene relación directa
con la historia política: la destrucción de Berlín, el destacado centro
tecnológico industrial europeo, y la reubicación de Siemens en Munich en los
últimos meses del Tercer Reich, esperando la protección de las fuerzas de ocupación
estadounidenses y con el apoyo posterior del gobierno de
Sin
embargo, algunos de los centros de innovación más importantes de la tecnología
de la información sí son nuevos, sobre todo en el líder tecnológico mundial,
los Estados Unidos. Silicon Valley, la carretera 128 de Boston (rejuveneciendo
un estructura antigua y tradicional de fabricación), la tecnópolis de
California del Sur, el Triángulo de Investigación de Carolina del Norte,
Seattle y Austin, entre otros, se vincularon en general con la última ola de la
industrialización basada en la tecnología de la información. Su desarrollo fue
el resultado de la coincidencia de variedades específicas de los factores
habituales de producción: capital, trabajo y materias primas reunidos por algún
tipo de empresario institucional y constituidos en una forma particular de
organización social. Su materia prima la formaba el nuevo conocimiento,
relacionado con campos de aplicación con importancia estratégica, producido por
centros de innovación, como los equipos de investigación de las escuelas de
ingeniería de
Lo que
muestra nuestra investigación sobre los nuevos medios de innovación, sea en los
Estados Unidos o en otros lugares, es que aunque existe una continuidad
espacial en el dominio metropolitano, también puede invertirse si se dan las
condiciones adecuadas. Y que las condiciones adecuadas tienen que ver con la
capacidad de concentrar espacialmente los ingredientes precisos para inducir
sinergia. Si ése es el caso, como parecen mostrar nuestros datos, tenemos un
nuevo espacio industrial marcado por una discontinuidad fundamental: los medios
de innovación, nuevos y antiguos, se constituyen en virtud de su estructura y
dinámica internas, atrayendo después firmas, capital y mano de obra al medio de
innovación que conforman. Una vez establecidos, los medios de innovación
compiten y colaboran entre regiones diferentes, creando una red de interacción
que los reúne en una estructura industrial común que sobrepasa su
discontinuidad geográfica. La investigación realizada por Camagni y los equipos
organizados en torno a la red del GREMI muestra la interdependencia creciente
de estos medios de innovación por todo el globo, mientras que al mismo tiempo
resalta lo decisiva que resulta para su suerte la capacidad de cada uno de
incrementar su sinergia. Por último, los medios de innovación mandan sobre las
redes globales de producción y distribución que extienden su alcance sobre todo
el planeta. Por ello, algunos investigadores sostienen que el nuevo sistema
industrial no es global ni local, sino «una nueva articulación de dinámicas
globales y locales» .
Sin
embargo, para obtener una visión clara del nuevo espacio industrial constituido
en la era de la información, debemos añadir cierta precisión porque, en el
análisis, con demasiada frecuencia se hace hincapié en la división espacial del
trabajo entre las diferentes funciones ubicadas en territorios distintos. Esto
es importante, pero no esencial, en la nueva lógica espacial. Las jerarquías
territoriales pueden desdibujarse e incluso invertirse, a medida que la industria
se expande por el mundo y la competencia aventaja o golpea a regiones enteras,
incluidos los mismos medios de innovación. Asimismo, se constituyen medios de
innovación secundarios, a veces como sistemas descentralizados desgajados de
centros primarios, pero suelen encontrar sus nichos en la competencia con sus
matrices originales, ejemplos de lo cual son Seattle frente a Silicon Valley y
Boston en software, o Austin (Tejas) frente a Nueva York o Minneapolis en
ordenadores. Además, en los años noventa, el desarrollo de la industria
electrónica en Asia, sobre todo bajo el impulso de la competencia entre los
Estados Unidos y Japón, ha complicado extraordinariamente la geografía de la
industria en su estadio maduro, como demuestran los análisis de Cohen y Borrus,
y Dieter Ernst . Por otra parte, ha habido una mejora considerable del
potencial tecnológico de las filiales de las multinacionales estadounidenses,
sobre todo en Singapur, Malasia y Taiwan, que se ha transferido a sus empresas
auxiliares locales. Además, las firmas electrónicas japonesas, como ya se ha
mencionado, han descentralizado de forma masiva su producción en Asia, tanto
para exportar globalmente como para abastecer a sus plantas matrices del país.
En ambos casos, se ha construido en Asia una base de suministros considerable,
con lo que se ha quedado obsoleta la antigua división del trabajo en la que las
empresas filiales del sur y este de Asia ocupaban el nivel inferior de la
jerarquía.
Asimismo,
basándose en la revisión de los datos disponibles hasta 1994, incluidos sus
propios estudios, Richard Gordon sostiene de forma convincente el surgimiento
de una nueva división espacial del trabajo, antes caracterizada por su
geometría variable y sus conexiones de un lado a otro entre firmas ubicadas en
complejos territoriales diferentes, incluidos los principales medios de
innovación. Su análisis detallado de la evolución de Silicon Valley en los años
noventa muestra la importancia, para las firmas regionales de alta tecnología,
de las relaciones extrarregionales en la mayor parte de las interacciones más
sofisticadas en tecnología, que son las que generan mayores transacciones.
Sostiene que
"en este nuevo contexto global, la
aglomeración en un emplazamiento, lejos de constituir una alternativa a la dispersión
espacial, se convierte en la base principal para la participación en una red
global de economías regionales [ ... ]. En realidad, regiones y redes
constituyen polos interdependientes dentro del nuevo mosaico espacial de
innovación global. En este contexto, la globalización no supone el impacto
nivelador de los procesos universales sino, por el contrario, la síntesis
calculada de la diversidad cultural en la forma de lógicas y capacidades de
innovación regionales diferenciadas" .
El nuevo
espacio industrial no representa la desaparición de las antiguas áreas
metropolitanas establecidas y el amanecer de nuevas regiones de alta
tecnología. Tampoco puede comprenderse bajo la oposición simplista entre la
automatización del centro y la manufacturación de coste reducido de la
periferia. Se organiza en una jerarquía de innovación y fabricación articulada
en redes globales. Pero la dirección y arquitectura de estas redes están
sometidas a los movimientos incesantes y cambiantes de colaboración y
competencia entre firmas y entre localidades, a veces acumulativas en la
historia o a veces invirtiendo el patrón establecido a través del carácter
emprendedor deliberado de las instituciones. Lo que queda como la lógica
característica de la nueva localización industrial es su discontinuidad
geográfica, compuesta paradójicamente por complejos de producción
territoriales. El nuevo espacio industrial se organiza en torno a flujos de
información que reúnen y separan al mismo tiempo -dependiendo de los ciclos o
firmas- sus componentes territoriales. Y del mismo modo que la lógica de la
fabricación de la tecnología de la información se difunde de los productores de
tecnología de la información a los usuarios de sus productos en todo el ámbito
industrial, la nueva lógica espacial se expande, creando una multiplicidad de
redes industriales globales, cuyas intersecciones y exclusiones transforman la
misma noción de localización industrial, del emplazamiento de las fábricas a
los flujos de fabricación.
La vida cotidiana en el hogar
electrónico: ¿el fin de las ciudades?
El
desarrollo de la comunicación electrónica y los sistemas de comunicación
permiten la disociación creciente de la proximidad espacial y la realización de
las funciones de la vida cotidiana: trabajo, compras, entretenimiento, salud,
educación, servicios públicos, gobierno y demás. En consecuencia, los
futurólogos suelen predecir la desaparición de la ciudad, o al menos de las
ciudades como las hemos conocido hasta ahora, una vez que han quedado
desprovistas de su necesidad funcional. Por supuesto, los procesos de
transformación espacial son mucho más complicados, como muestra la historia.
Por lo tanto, merece la pena considerar los escasos datos empíricos que existen
sobre el tema .
La
asunción más habitual acerca del impacto de la tecnología de la información
sobre las ciudades es el aumento espectacular del trabajo a distancia, y la
última esperanza de los planificadores del transporte urbano antes de rendirse
a la inevitable paralización total del tráfico. No obstante, en 1988, un
destacado investigador europeo sobre el tema pudo escribir, sin sombra de
broma, que «hay más gente investigando el teletrabajo que teletrabajadores
reales» . De hecho, como ha señalado Qvortup, todo el debate está sesgado por
la falta de precisión al definir el teletrabajo, lo que lleva a una
considerable incertidumbre cuando se mide el fenómeno . Tras revisar los datos
disponibles, distingue entre tres categorías: a) «sustituyentes, aquellos que
sustituyen con trabajo realizado en casa el realizado en un escenario laboral
tradicional». Son los teletrabajadores en sentido estricto; b) autónomos que
trabajan en línea desde sus hogares; c) suplementadores, que «se llevan trabajo
suplementario a casa desde su oficina convencional». Además, en algunos casos,
este «trabajo suplementario» ocupa la mayor parte del tiempo laboral; por
ejemplo, según Kraut , en el caso de los profesores universitarios. Según los
recuentos más fiables, la primera categoría, los teletrabajadores stricto senso
empleados de forma regular para trabajar en línea desde el hogar, es en general
muy pequeña y no se espera que crezca de modo considerable en el futuro
previsible . En los Estados Unidos, las estimaciones más elevadas calcularon en
1991 unos 5,5 millones de teletrabajadores en sus casas, pero de este total
sólo el 16% teletrabajaban 35 horas o más por semana, el 25% lo hacía menos de
una hora diaria, y dos días a la semana era la pauta más común. Por lo tanto,
el porcentaje de trabajadores que un día determinado está teletrabajando varía,
dependiendo de los cálculos, entre un 1 y un 2% de la mano de obra total, en
las principales áreas metropolitanas de California, que son las que muestran
los porcentajes más elevados . Por otra parte, lo que parece estar surgiendo es
el teletrabajo desde telecentros, esto es, instalaciones informáticas en red,
esparcidas por las afueras de las áreas metropolitanas para aquellos que
trabajan en línea con sus empresas . Si estas tendencias se confirman, los
hogares no se convertirían en lugares de trabajo, pero la actividad laboral
podría extenderse considerablemente por toda el área metropolitana, aumentando
la descentralización urbana. El incremento del trabajo en el hogar también
puede dar como resultado una forma de trabajo electrónico a domicilio,
realizado por trabajadores temporales a quienes se les paga por piezas de
procesamiento de la información según un acuerdo de subcontratación
individualizado . Resulta bastante interesante que una encuesta nacional
realizada en 1991 en los Estados Unidos expusiera que menos de la mitad de los
teletrabajadores desde sus hogares utilizaban ordenadores: el resto trabajaba
con un teléfono, papel y lápiz . Ejemplos de tales actividades son los
trabajadores sociales y los investigadores de fraudes a la seguridad social del
Condado de Los Ángeles . Lo que sin duda es significativo, y va en aumento, es
el desarrollo del trabajo autónomo y de los «suplementadores», ya sea a tiempo
parcial o completo, como parte de la tendencia más amplia hacia la desagregación
del trabajo y la formación de redes de empresas virtuales, como se indicó en
los capítulos precedentes. Ello no implica el fin de la oficina, sino la
diversificación de los lugares de trabajo para una gran parte de la población y
sobre todo para su segmento profesional más dinámico. El equipo teleinformático
cada vez más móvil resaltará esta tendencia hacia la oficina «sobre la marcha»
en el sentido más literal .
¿Cómo
afectan estas tendencias a las ciudades? Los datos parecen indicar que los
problemas de transporte empeorarán en lugar de mejorar, porque la creciente
actividad y condensación del tiempo permitidos por la nueva organización en red
se traduce en una mayor concentración de mercados en ciertas zonas y en un
aumento de la movilidad física de la mano de obra que antes estaba confinada en
sus lugares de trabajo durante el horario laboral . El tiempo de transporte
relacionado con el trabajo se mantiene a un nivel constante en las áreas
metropolitanas estadounidenses, debido no a la mejora de la tecnología, sino a
un patrón de localización más descentralizado de trabajos y residencias que
permite flujos de tráfico más fáciles de unos barrios periféricos a otros. En
las ciudades, sobre todo europeas, donde sigue dominando el desplazamiento diario
un patrón radioconcéntrico (como París, Madrid o Milán), el tiempo que se le
dedica está aumentando mucho, en especial para los tercos adictos del automóvil
. En cuanto a las nuevas y desiguales metrópolis de Asia, su acceso a la era
informacional es paralelo a su descubrimiento de los embotellamientos de
tráfico más pasmosos de la historia, de Bangkok a Shanghai.
La
telecompra también es lenta en cumplir lo prometido. Aunque va en aumento en la
mayoría de los países, está sustituyendo sobre todo a los tradicionales pedidos
por catálogo postal, más que a la presencia real en centros y calles
comerciales. En lo que respecta al resto de las actividades en línea de la vida
cotidiana, complementan más que reemplazan determinadas áreas comerciales . Se
puede contar una historia similar de la mayoría de los servicios al consumidor
en línea. Por ejemplo, la telebanca se está extendiendo de prisa, sobre todo
bajo el impulso de los bancos interesados en eliminar sucursales y
reemplazarlas con servicios al consumidor en línea y cajeros automáticos. Sin
embargo, las sucursales bancarias consolidadas continúan como centros de
servicios para vender productos financieros a sus clientes por medio de una
relación personalizada. Hasta en los servicios en línea, los rasgos culturales
de las diferentes localidades pueden ser factores importantes para decidir la
ubicación de las transacciones que se orientan a la información. Así, First
Direct, la sucursal bancaria telefónica de Midland Bank, de Gran Bretaña, se
situó en Leeds por que el estudio realizado «indicó que el acento llano de West
Yorkshire, con sus sonidos vocálicos sencillos, su dicción clara y su ausencia
aparente de acento de clase social, era el que mejor se entendía y el más
aceptable para el conjunto del Reino Unido, un elemento vital para todo negocio
que se base en el teléfono» . Por lo tanto, es el sistema de vendedores de las
sucursales, los cajeros automáticos, el servicio telefónico al cliente y las
transacciones en línea el que constituye la nueva industria bancaria.
Los
servicios sanitarios ofrecen un caso aún más interesante de la dialéctica
emergente entre concentración y centralización en los servicios concebidos en
función de las necesidades de la gente. Por una parte, los sistemas expertos,
las comunicaciones en línea y la transmisión en vídeo de alta resolución
permiten la interconexión a distancia de la asistencia médica. Por ejemplo, en
una práctica que ya existe, aunque todavía no es usual, en 1995, los cirujanos
de alto nivel supervisan por videoconferencia una operación realizada al otro
extremo del país o del mundo, guiando literalmente la mano menos experta de
otro cirujano dentro de un cuerpo humano. Los reconocimientos médicos regulares
también se realizan por ordenador y teléfono, basándose en la información
actualizada e informatizada del paciente. Los centros de salud de los barrios
están respaldados por sistemas de información que mejoran la calidad y eficacia
de su atención primaria. Pero, por otra parte, en la mayoría de los países,
surgen importantes complejos médicos en ubicaciones específicas, por lo general
en las grandes áreas metropolitanas. Por lo regular organizados en tomo a un
gran hospital, conectados a menudo con escuelas médicas y de enfermería,
incluyen en su proximidad física clínicas privadas dirigidas por los médicos
más prominentes del hospital, centros radiológicos, laboratorios de análisis,
farmacias especializadas y, frecuentemente, tiendas de regalos y funerarias,
para abastecer toda la gama de posibilidades. En efecto, estos complejos
médicos son una importante fuerza económica y cultural en las zonas y
ciudades---. donde se ubican, y tienden a extenderse por su entorno con el
tiempo. Cuando se ven obligados a reubicarse, todo el complejo lo hace .
Paradójicamente,
los colegios y universidades son las instituciones menos afectadas por la
lógica virtual que incorpora la tecnología de la información, pese al
previsible uso casi universal de ordenadores en las aulas de los países
avanzados. Pero es difícil que se desvanezcan en el espacio virtual. En el caso
de los colegios elementales y secundarios, porque son tanto guarderías o
almacenes de niños como instituciones de aprendizaje. En el caso de las
universidades, porque la calidad de la educación aún se asocia, y así seguirá
durante largo tiempo, con la intensidad de la interacción cara a cara. Así
pues, las experiencias a gran escala de las «universidades a distancia»,
dejando de lado su calidad (mala en España, buena en Gran Bretaña), parece
mostrar que son formas de educación de segunda opción que podrían desempeñar un
papel significativo en el futuro, mejorando el sistema de educación de adultos,
pero que difícilmente reemplazarán a las instituciones educativas superiores
actuales.
Por otra
parte, la comunicación a través del ordenador se está difundiendo por todo el
mundo, aunque con una geografía extremadamente irregular, como se mencionó en
el capítulo 5. Por lo tanto, algunos segmentos de las sociedades de todo el
globo, concentrados de forma invariable en los estratos profesionales más
elevados, interactúan entre sí, reforzando la selectividad social del espacio
de los flujos.
No tiene
sentido agotar la lista de ilustraciones empíricas sobre los impactos reales de
la tecnología de la información sobre la dimensión espacial de la vida
cotidiana. Lo que surge de las diferentes observaciones es un cuadro similar de
dispersión y concentración espaciales simultáneas vía las tecnologías de la
información. Cada vez más, la gente trabaja y gestiona servicios desde su casa,
como muestra el estudio de 1993 de
Sin
embargo, la interacción de la nueva tecnología de la información y los procesos
actuales de cambio social tiene un impacto sustancial sobre las ciudades y el
espacio. Por una parte, la disposición de la forma urbana se transforma
considerablemente. Pero esta transformación no sigue un modelo único y
universal: muestra una considerable variación que depende de las
características de los contextos históricos, territoriales e institucionales.
Por otra parte, la importancia de la interactividad entre los lugares rompe los
patrones espaciales de conducta en una red fluida de intercambios que subrayan
el surgimiento de una nueva clase de espacio, el espacio de los flujos. Para
tomar en cuenta ambos procesos a la vez, debo precisar el análisis y elevarlo a
un nivel más teórico.
La era
informacional está marcando el comienzo de una nueva forma urbana, la ciudad
informacional. No obstante, al igual que la ciudad industrial no fue una
réplica mundial de Manchester, la ciudad informacional emergente no copiará a
Silicon Valley, y mucho menos a Los Ángeles. Por otra parte, al igual que en la
era industrial, pese a la extraordinaria diversidad de contextos culturales y físicos,
hay algunos rasgos fundamentales comunes en el desarrollo transcultural de la
ciudad informacional. Sostengo que, debido a la naturaleza de la nueva
sociedad, basada en el conocimiento, organizada en tomo a redes y compuesta en
parte por flujos, la ciudad informacional no es una forma, sino un proceso,
caracterizado por el dominio estructural del espacio de los flujos. Antes de
desarrollar esta idea, creo que es necesario introducir la diversidad de las
formas -urbanas que surgen en el nuevo periodo histórico para refutar una
visión tecnológica primitiva que contempla el mundo a través de las lentes
simplificadas de las autovías interminables y las redes de fibra óptica.
La última frontera suburbana de
los Estados Unidos
La imagen
de una extensión suburbana/extraurbana homogénea e infinita como la ciudad del
futuro se ve defraudada incluso por su modelo renuente, Los Ángeles, cuya
complejidad contradictoria es revelada por Mike Davis en su espléndido libro
City of Quartz . No obstante, sí que evoca una tendencia poderosa en las
oleadas constantes de desarrollo suburbano en las metrópolis estadounidenses,
en el oeste y sur tanto como en el norte y este, hacia el fin del milenio. Joel
Garreau ha captado las similitudes de este modelo espacial a lo largo de los
Estados Unidos en su relato periodístico del auge de la ciudad borde como el
núcleo del nuevo proceso de urbanización. La define empíricamente mediante la
combinación de cinco criterios:
Una
ciudad borde es cualquier lugar que: a) Tiene
Informa
del crecimiento de estos lugares alrededor de Boston, Nueva York, Detroit,
Atlanta, Phoenix, Tejas, California del Sur, el área de la bahía de San
Francisco y Washington D.C. Son a la vez zonas de trabajo y centros de
servicios, en torno a los cuales un kilómetro tras otro de unidades
residenciales unifamiliares cada vez más densas organizan una vida cotidiana
centrada en el hogar. Señala que estas constelaciones exurbanas
están
unidas no por locomotoras y metros, sino por autovías, rutas aéreas y antenas
parabólicas de
Naturalmente,
donde Garreau ve el incesante espíritu de frontera de la cultura
estadounidense, creando siempre nuevas formas de vida y espacio, James Howard
Kunstler ve el dominio deplorable de la «geografía de ninguna parte» , con lo
cual se profundiza el debate de décadas entre los partidarios y detractores de
la pronunciada diferencia espacial que representa Estados Unidos con respecto a
su ascendencia europea. No obstante, para los objetivos de mi análisis, sólo me
ocuparé de dos aspectos importantes de este debate.
En primer
lugar, el desarrollo de estas constelaciones exurbanas con una interrelación
vaga destaca la interdependencia funcional de diferentes unidades y procesos en
un sistema urbano determinado sobre distancias muy grandes, minimizando el
papel de la contigüidad territorial y maximizando las redes de comunicación en
todas sus dimensiones. Los flujos de intercambio constituyen el núcleo de la
ciudad borde estadounidense .
En
segundo lugar, esta forma espacial es, en efecto, muy específica de la
experiencia estadounidense, porque, como reconoce Garreau, se inserta en un
modelo típico de su historia, siempre impulsando la búsqueda interminable de
una tierra prometida en nuevos asentamientos. Aunque el extraordinario
dinamismo que representa fue el que levantó una de las naciones más vitales de
la historia, lo hizo al precio de crear, con el tiempo, inmensos problemas
sociales y medioambientales. Cada oleada de escapismo social y físico (por
ejemplo, el abandono del interior de las ciudades, dejando a los pobres y a las
minorías étnicas atrapados en sus ruinas) profundizó la crisis de las ciudades
y dificultó más la gestión de una infraestructura con demasiadas obligaciones
financieras y de una sociedad con demasiadas tensiones. A menos que el
desarrollo de las «cárceles en alquiler» privadas en el oeste de Tejas se
considere un proceso aceptable para complementar la desinversión social y
física en el interior de las ciudades, la fuga hacia delante de la cultura y el
espacio estadounidenses parece haber alcanzado los límites de su negación a
afrontar las realidades desagradables. Por lo tanto, el perfil de la ciudad
informacional estadounidense no está representado por el fenómeno de la «ciudad
borde», sino por la relación que existe entre el rápido desarrollo exurbano, la
decadencia de las ciudades centrales y la obsolescencia del entorno suburbano
construido .
Las
ciudades europeas han entrado en la era de la información por una línea de
reestructuración espacial diferente, vinculada con su herencia histórica,
aunque encuentran nuevos problemas, no siempre distintos a los que surgen en el
contexto estadounidense.
El encanto evanescente de las
ciudades europeas
Diversas
tendencias constituyen juntas la nueva dinámica urbana de las principales áreas
metropolitanas europeas en los años noventa .
El centro
de negocios es, como en los Estados Unidos, el motor económico de la ciudad,
interconectado con la economía global. Está compuesto por una infraestructura
de telecomunicaciones, comunicaciones, servicios avanzados y espacio de
oficinas, y se basa en centros generadores de tecnología e instituciones
educativas. Prospera por el procesamiento de la información y las funciones de
control. Suele complementarse con instalaciones de turismo y viajes. Es un nodo
de la red intermetropolitana . Por lo tanto, no existe por sí mismo, sino por
su conexión con otras localidades equivalentes, organizadas en una red que
forma la unidad real de gestión, innovación y trabajo .
La nueva
elite gestora-tecnócrata-política crea espacios exclusivos, tan segregados y
apartados del conjunto de la ciudad como los barrios burgueses de la sociedad
industrial, pero, como la clase profesional es mayor, a una escala mucho más
grande. En la mayoría de las ciudades europeas (París, Roma, Madrid,
Amsterdam), a diferencia de los Estados Unidos -si exceptuamos Nueva York, la
menos estadounidense de todas sus ciudades-, las zonas residenciales
verdaderamente exclusivas tienden a apropiarse de la cultura e historia
urbanas, situándose en zonas rehabilitadas o bien conservadas del centro de la
ciudad. Al hacerlo, destacan el hecho de que, cuando se establece y se marca
claramente la dominación (a diferencia de los Estados Unidos nuevos ricos), la
elite no necesita irse al exilio de las afueras para escapar de las masas. Sin
embargo, esta tendencia es limitada en el caso del Reino Unido, donde la
nostalgia por la vida de la nobleza en el campo se traduce en la residencia de
capas profesionales en suburbios selectos de las áreas metropolitanas,
urbanizando a veces agradables pueblecitos históricos cercanos a una ciudad
importante.
El mundo
suburbano de las ciudades europeas es un espacio socialmente diversificado,
esto es, segmentado en periferias diferentes en torno a la ciudad central. Están
los suburbios tradicionales de la clase obrera, con frecuencia organizados en
torno a grandes polígonos públicos de viviendas, que después se obtienen en
propiedad. Están las urbanizaciones, francesas, británicas o suecas, habitadas
por una población más joven de las clases medias, cuya edad les dificulta
penetrar en el mercado de viviendas de la ciudad central. Y también están los
guetos periféricos de viviendas públicas más antiguas, ejemplificados por
Las
ciudades centrales siguen moldeadas por su historia. Así pues, los barrios
obreros tradicionales, habitados cada vez más por los trabajadores de
servicios, constituyen un espacio característico, un espacio que, debido a ser
el más vulnerable, se convierte en el campo de batalla entre los esfuerzos
reurbanizadores del comercio y la clase media alta, y los intentos de invasión
de las contraculturas (Amsterdam, Copenhague, Berlín), que tratan de
reapropiarse el valor de uso de la ciudad. Por lo tanto, suelen convertirse en
espacios defensivos para los trabajadores, quienes lo único que tienen por lo
que luchar es su hogar, siendo al mismo tiempo barrios populares llenos de
sentido y probables bastiones de xenofobia y localismo.
La nueva
clase media profesional de Europa está dividida entre la atracción de la
comodidad tranquila de los suburbios aburridos y la excitación de una vida
urbana agitada y con frecuencia demasiado cara. En las familias con doble
puesto laboral, el equilibrio entre los diferentes modelos espaciales del
trabajo de cada uno en la pareja suele determinar la ubicación de su
residencia.
La ciudad
central, también en Europa, es el foco de los guetos de los inmigrantes. Sin
embargo, a diferencia de las estadounidenses, la mayoría de esas zonas no
presentan tantas carencias económicas porque los residentes inmigrantes suelen
ser obreros con fuertes lazos familiares, por lo que cuentan con una estructura
de apoyo fuerte que hace de los guetos europeos comunidades orientadas hacia la
familia, con pocas probabilidades de caer bajo el dominio de la delincuencia
callejera. En este aspecto, Inglaterra vuelve a resultar diferente, ya que
algunos barrios de Londres ocupados por minorías étnicas (por ejemplo, Tower
Hamlets o Hackney) se aproximan más a la experiencia estadounidense que a
Los
principales centros metropolitanos europeos presentan cierta variación en torno
a la estructura urbana que he esbozado, dependiendo de su papel diferencial en
la red de ciudades europeas. Cuanto más baja sea su posición en la nueva red
informacional, mayor será la dificultad que encuentren en su transición de la
era industrial y más tradicional su estructura urbana, siendo los barrios
antiguos bien establecidos y los distritos de negocios los que desempeñen el
papel determinante en la dinámica de la ciudad. Por otra parte, cuanto más
elevada sea su posición en la estructura competitiva de la nueva economía
europea, mayor será el papel de sus servicios avanzados en el distrito
comercial y más intensa la reestructuración del espacio urbano.
El factor
crítico de los nuevos procesos urbanos, tanto en Europa como en otros lugares,
es el hecho de que el espacio urbano cada vez se diferencia más en términos
sociales, a la vez que se interrelaciona funcionalmente más allá de la
contigüidad física. De ahí se sigue la separación entre el significado
simbólico, la localización de las funciones y la apropiación social del espacio
en el área metropolitana. Ésta es la tendencia que subyace en la transformación
más importante de las formas urbanas de todo el mundo, con una fuerza
particular en las zonas de industrialización reciente: el ascenso de las
megaciudades.
La urbanización del tercer
milenio: las megaciudades
La nueva
economía global y la sociedad informacional emergente presentan una nueva forma
espacial, que se desarrolla en una variedad de contextos sociales y
geográficos: las megaciudades . Ciertamente, son aglomeraciones muy grandes de
seres humanos, todas ellas (13 en la clasificación de Naciones Unidas) con más
de 10 millones de habitantes en 1992 (véase el cuadro 6.1 y la figura 6.4), y
cuatro con proyecciones de superar con creces los 20 millones en 2010. Pero el
tamaño no es la cualidad que las define. Son los nodos de la economía global y
concentran las funciones superiores de dirección, producción y gestión en todo
el planeta; el control de los medios de comunicación; el poder de la política
real; y la capacidad simbólica de crear y difundir mensajes. Tienen nombres, la
mayoría extraños para la matriz cultural europea/norteamericana aún dominante:
Tokio, Sao Paulo, Nueva York, Ciudad de México, Shanghai, Bombay, Los Ángeles,
Buenos Aires, Seúl, Pekín, Río de Janeiro, Calcuta, Osaka. Además, Moscú,
Yakarta, El Cairo, Nueva Delhi, Londres, París, Lagos, Dacca, Karachi, Tianjin,
y posiblemente otras ciudades, son de hecho miembros del club . No todas ellas
(por ejemplo, Dacca o Lagos) son centros dominantes de la economía global, pero
conectan a este sistema global enormes segmentos de población humana. También
funcionan como imanes para sus entornos, esto es, todo el país o región donde
están situadas. Las megaciudades no pueden ser consideradas sólo en cuanto a su
tamaño, sino en función de su poder gravitacional hacia las principales
regiones del mundo. Por lo tanto, Hong Kong no es sólo seis millones de
personas y Guangzhou, seis millones y medio: lo que está surgiendo es una
megaciudad de
CUADRO 6.1 Las mayores
aglomeraciones metropolitanas del mundo, 1992.
Clasificación
Aglomeración País Población (millones)
1----------------
Tokio Japón 25.772
2---------------- Sao Paulo Brasil 19.235
3---------------- Nueva York EE.UU. 16.158
4---------------- México México 15.276
5---------------- Shanghai China 14.053
6---------------- Bombay India 13.322
7---------------- Los Ángeles EE.UU. 11.853
8---------------- Buenos Aires Argentina 11.753
9---------------- Seúl R. de Corea 11.589
10--------------- Pekín China 11.433
11--------------- Río de Janeiro Brasil 11.257
12--------------- Calcuta India 11.106
13--------------- Osaka Japón 10.535
Fuente:
Naciones Unidas, 1992.
Para
ilustrar mi análisis, me referiré a una megaciudad que se está creando y aún no
aparece en el mapa, pero que, en mi opinión, será uno de los centros
industriales, empresariales y culturales más importantes del siglo XXI, sin
ceder a la futurología: el sistema regional metropolitano de Hong
Kong-Shenzhen-Cantón-delta del río de las Perlas-Macao-Zhuhai . Miremos al
futuro megaurbano desde esta perspectiva (véase la figura 6.5).
En 1995, este sistema espacial, aún sin nombre, se extendía por
1. La transformación
económica de China y su conexión con la economía global, con Hong Kong como uno
de los puntos nodales de esa conexión. Así, en 1981-1991, el PBI de la
provincia de Guandong creció un 12,8% anual en términos reales. Los inversores
con base en Hong Kong suponían a finales de 1993 40.000 millones de dólares
invertidos en China y representaban dos tercios de la inversión directa
extranjera total. Al mismo tiempo, China también era el mayor inversor
extranjero en Hong Kong, con unos 25.000 millones anuales (comparados con los
12.700 millones de dólares de Japón). La gestión de estos flujos de capital
dependía de las transacciones comerciales efectuadas en las diversas unidades
de este sistema metropolitano y entre sí. Así, Guangzhou era el punto de
conexión real entre los negocios de Hong Kong y los gobiernos y empresas no
sólo de la provincia de Guandong, sino del interior de China.
2. La
reestructuración de la base económica de Hong Kong en los años noventa llevó a
una reducción espectacular de su base manufacturera tradicional, reemplazada
por el empleo en servicios avanzados. De este modo, los trabajadores de las
fábricas descendieron de 837.000 en
3. Sin
embargo, su capacidad para exportar manufacturas no desapareció: sólo modificó
su organización industrial y su ubicación espacial. En unos diez años, entre
mediados de los años ochenta y mediados de los noventa, los industriales de
Hong Kong provocaron uno de los procesos de mayor escala en la historia humana
en los pueblecitos del delta del río de las Perlas. A finales de 1994, los
inversores de Hong Kong, utilizando con frecuencia conexiones familiares y
locales, ya habían establecido en el delta del río de las Perlas 10.000
empresas y 20.000 fábricas de procesamiento, en las que trabajaban unos 6
millones de obreros, según diversos cálculos. Gran parte de esta población,
alojada en dormitorios de la compañía en lugares semirrurales, provenía de las
provincias circundantes de Guandong. Este sistema industrial gigantesco se
gestionaba a diario por ejecutivos con sede en Hong Kong que viajaban
regularmente a Guangzhou, mientras que la marcha de la producción la
supervisaban capataces locales en toda el área rural. Los materiales, la
tecnología y los ejecutivos se enviaban de Hong Kong y Shenzhen, y los
artículos manufacturados se solían exportar desde Hong Kong (sobrepasando en
realidad el valor de las exportaciones realizadas allí), aunque la construcción
de nuevos puertos de contenedores en Yiantian y Gaolan pretendían diversificar
los puntos de exportación.
Este
proceso acelerado de industrialización orientada a la exportación y conexiones
comerciales entre China y la economía global condujo a una explosión urbana sin
precedentes.
Las
tendencias actuales apuntan en la dirección de otra megaciudad asiática a una
escala aún mayor cuando, a comienzos del siglo XXI, el corredor
Tokio-Yokohama-Nagoya (ya una unidad funcional) se conecte con Osaka-Kobe-Kyoto
para crear la mayor aglomeración metropolitana de la historia humana, no sólo
en cuanto a población, sino en cuanto a potencia económica y tecnológica.
Así pues,
pese a todos sus problemas sociales, urbanos y medioambientales, las
megaciudades seguirán creciendo, tanto en tamaño como en atractivo para la
ubicación de las funciones de alto nivel y en la elección de la gente. El sueño
ecológico de comunas pequeñas casi rurales se verá empujado a la marginalidad
contracultural por la marea histórica del desarrollo de las megaciudades.
Porque las megaciudades son:
a)
centros de dinamismo económico, tecnológico y social en sus países y a escala
global. Son los motores reales del desarrollo. El destino económico de sus
países, ya sea en los Estados Unidos o en China, depende de los resultados de
las megaciudades, a pesar de la ideología de pueblo pequeño que aún es
dominante en ambos países;
B) son
centros de innovación cultural y política;
c) son
los puntos de conexión con las redes globales de todo tipo. Internet no puede
saltarse a las megaciudades: depende de las telecomunicaciones y los
«telecomunicadores» ubicados en esos centros.
Sin duda,
algunos factores aminorarán su ritmo de crecimiento, dependiendo de la
precisión y efectividad de las políticas diseñadas para limitarlo. La
planificación familiar está funcionando, pese al Vaticano, así que cabe esperar
que continúe el declive actual de la tasa de nacimientos. Las políticas de
desarrollo regional quizás puedan diversificar la concentración de puestos de
trabajo y población a otras zonas. Y preveo epidemias a gran escala y la
desintegración del control social, que harán a las megaciudades menos
atractivas. Sin embargo, en general, aumentarán en tamaño y dominio, porque
siguen nutriéndose de población, riqueza, poder e innovadores de su extenso
entorno. Además, son los puntos nodales que conectan con las redes globales. Así
que, en un sentido fundamental, en la evolución y gestión de esas áreas, se
está jugando el futuro de la humanidad, y del país de cada megaciudad. Son los
puntos nodales y los centros de poder de la nueva forma/proceso espacial de la
era de la información: el espacio de los flujos.
Una vez
establecido el paisaje de los nuevos fenómenos territoriales, hemos de pasar a
comprender esa nueva realidad espacial, lo que requiere una disgresión obligada
por los senderos inciertos de la teoría del espacio.
La teoría social del espacio y la
teoría del espacio de los flujos
El
espacio es la expresión de la sociedad. Puesto que nuestras sociedades están
sufriendo una transformación estructural, es una hipótesis razonable sugerir
que están surgiendo nuevas formas y procesos espaciales. El propósito del
análisis que se presenta es identificar la nueva lógica que subyace en esas
formas y procesos.
La tarea
no es fácil, porque el reconocimiento aparentemente simple de una relación
significativa entre sociedad y espacio oculta una complejidad fundamental. Y es
así porque el espacio no es un reflejo de la sociedad, sino su expresión. En
otras palabras, el espacio no es una fotocopia de la sociedad: es la sociedad
misma. Las formas y procesos espaciales están formados por las dinámicas de la
estructura social general, que incluye tendencias contradictorias derivadas de
los conflictos y estrategias existentes entre los actores sociales que ponen en
juego sus intereses y valores opuestos. Además, los procesos sociales conforman
el espacio al actuar sobre el entorno construido, heredado de las estructuras
socioespaciales previas. En efecto, el espacio es tiempo cristalizado. Para
plantear en los términos más simples posibles esta complejidad, procedamos paso
a paso.
¿Qué es
el espacio? En física, no puede definirse fuera de la dinámica de la materia.
En teoría social, no puede definirse sin hacer referencia a las prácticas
sociales. Este ámbito de la teorización es para mí un viejo oficio. Y sigo
planteando el tema según la asunción de que "el espacio es un producto
material en relación con otros productos materiales -incluida la gente- que
participan en relaciones sociales determinadas [históricamente] y que asignan
al espacio una forma, una función y un significado social" . En una
formulación convergente y más clara, David Harvey, en su reciente libro The
Condition of Postmodernity, afirma que
"desde una perspectiva material, podemos
sostener que las concepciones objetivas de tiempo y espacio se crean
necesariamente mediante prácticas y procesos materiales que sirven para
reproducir la vida social [ ... ]. Es un axioma fundamental de mi indagación
que tiempo y espacio no pueden comprenderse independientemente de la acción
social" .
Así pues,
en un nivel general, hemos de definir lo que es el espacio desde el punto de
vista de las prácticas sociales; luego debemos identificar la especificidad
histórica de las prácticas sociales, por ejemplo, aquellas de la sociedad
informacional que subyacen en el surgimiento y la consolidación de las nuevas
formas y procesos espaciales.
Desde la
perspectiva de la teoría social, el espacio es el soporte material de las
prácticas sociales que comparten el tiempo. Añado inmediatamente que todo
soporte material conlleva siempre un significado simbólico. Mediante prácticas
sociales que comparten el tiempo hago referencia al hecho de que el espacio
reúne aquellas prácticas que son simultáneas en el tiempo. Es la articulación
material de esta simultaneidad la que otorga sentido al espacio frente a la
sociedad. Tradicionalmente, esta noción se asimilaba a la contigüidad, pero es
fundamental que separemos el concepto básico del soporte material de las
prácticas simultáneas de la noción de contigüidad, con el fin de dar cuenta de
la posible existencia de soportes materiales de la simultaneidad que no se
basan en la contigüidad física, ya que éste es precisamente el caso de las
prácticas sociales dominantes en la era de la información.
He
sostenido en los capítulos precedentes que nuestra sociedad está construida en
torno a flujos: flujos de capital, flujos de información, flujos de tecnología,
flujos de interacción organizativa, flujos de imágenes, sonidos y símbolos. Los
flujos no son sólo un elemento de la organización social: son la expresión de
los procesos que dominan nuestra vida económica, política y simbólica. Si ése
es el caso, el soporte material de los procesos dominantes de nuestras
sociedades será el conjunto de elementos que sostengan esos flujos y hagan
materialmente posible su articulación en un tiempo simultáneo. Por lo tanto,
propongo la idea de que hay una nueva forma espacial característica de las
prácticas sociales que dominan y conforman la sociedad red: el espacio de los
flujos. El espacio de los flujos es la organización material de las prácticas
sociales en tiempo compartido que funcionan a través de los flujos. Por flujo
entiendo las secuencias de intercambio e interacción determinadas, repetitivas
y programables entre las posiciones físicamente inconexas que mantienen los
actores sociales en las estructuras económicas, políticas y simbólicas de la
sociedad. Las prácticas sociales dominantes son aquellas que están incorporadas
a las estructuras sociales dominantes. Por estructuras dominantes entiendo los
dispositivos de organizaciones e instituciones cuya lógica interna desempeña un
papel estratégico para dar forma a las prácticas sociales y la conciencia
social de la sociedad en general.
La
abstracción del concepto del espacio de los flujos puede comprenderse mejor si
se especifica su contenido. El espacio de los flujos, como la forma material
del soporte de los procesos y funciones dominantes en la sociedad
informacional, puede describirse (más que definirse) mediante la combinación de
al menos tres capas de soportes materiales que, juntos, lo constituyen. La
primera capa, el primer soporte material del espacio de los flujos, está
formada por un circuito de impulsos electrónicos (microelectrónica,
telecomunicaciones, procesamiento informático, sistemas de radiodifusión y
transporte de alta velocidad, también basados en las tecnologías de la
información) que, juntos, forman la base material de los procesos que hemos
observado como estratégicamente cruciales en la sociedad red. Así, es una forma
espacial, del mismo modo que lo pueda ser «la ciudad» o «la región» en la
organización de la sociedad mercantil o la sociedad industrial. En nuestras
sociedades, la articulación espacial de las funciones dominantes se efectúa en
la red de interacciones que posibilitan los aparatos de la tecnología de la información.
En esta red, ningún lugar existe por sí mismo, ya que las posiciones se definen
por los flujos. Por lo tanto, la red de comunicación es la configuración
espacial fundamental: los lugares no desaparecen, pero su lógica y su
significado quedan absorbidos en la red. La infraestructura tecnológica que
ésta conforma define el nuevo espacio, de forma muy semejante a como los
ferrocarriles definieron «regiones económicas» y «mercados nacionales» en la
economía industrial; o las reglas institucionales de la ciudadanía, con
fronteras específicas (y sus ejércitos de tecnología avanzada), definieron las
«ciudades» en los orígenes mercantiles del capitalismo y la democracia. Esta
infraestructura tecnológica es en sí misma la expresión de la red de flujos, cuya
arquitectura y contenido los determinan los poderes de nuestro mundo.
La
segunda capa del espacio de los flujos la constituyen sus nodos y ejes. El
espacio de los flujos no carece de lugar, aunque su lógica estructural, sí. Se
basa en una red electrónica, pero ésta conecta lugares específicos, con
características sociales, culturales, físicas y funcionales bien definidas.
Algunos lugares son intercambiadores, ejes de comunicación que desempeñan un
papel de coordinación para que haya una interacción uniforme de todos los
elementos integrados en la red. Otros lugares son los nodos de la red, es
decir, la ubicación de funciones estratégicamente importantes que constituyen
una serie de actividades y organizaciones de base local en torno a una función
clave de la red. La ubicación en el nodo conecta a la localidad con el conjunto
de la red. Tanto los nodos como los ejes están organizados de forma jerárquica
según su peso relativo en ella. Pero esa jerarquía puede cambiar dependiendo de
la evolución de las actividades procesadas a través de la red. En efecto, en
algunos casos, algunos lugares puede quedar desconectados, dando como resultado
un declive inmediato y, de este modo, un deterioro económico, social y físico.
Las características de los nodos dependen del tipo de funciones que realice una
red determinada.
Algunos
ejemplos de redes, y sus nodos correspondientes, ayudarán a comunicar el
concepto. El tipo más sencillo que puede concebirse como representativo del
espacio de los flujos es la red constituida por los sistemas de toma de
decisiones de la economía global, en particular las relativas al sistema
financiero. Hace referencia al análisis de la ciudad global como un proceso más
que como un lugar, como se presenta en este capítulo. El análisis de la «ciudad
global» como el lugar de producción de la economía informacional global ha
expuesto el papel crucial de estas ciudades globales en nuestras sociedades y
la dependencia de las sociedades y economías locales de las funciones
directrices ubicadas en ellas. Pero más allá de las principales ciudades
globales, el resto de las economías continentales, nacionales y regionales
tienen sus propios nodos que conectan con la red global. Cada uno de ellos
requiere una infraestructura tecnológica adecuada, un sistema de firmas
auxiliares que proporcionen los servicios de apoyo, un mercado laboral
especializado y el sistema de servicios requerido por la mano de obra
profesional.
Lo que es
válido para las principales funciones gestoras y los mercados financieros,
también puede aplicarse a la fabricación de alta tecnología (tanto a las
industrias que producen la alta tecnología como a las que la utilizan, esto es,
toda la fabricación avanzada). La división espacial del trabajo que caracteriza
la fabricación de alta tecnología se traduce en la conexión mundial entre los
medios de innovación, los lugares de fabricación cualificada, las cadenas de
montaje y las fábricas orientadas al mercado, con una serie de conexiones
intrafirmas entre las diferentes operaciones en distintos emplazamientos a lo
largo de las cadenas de producción; y otra serie de conexiones intrafirma entre
las funciones de producción similares ubicadas en lugares específicos que se
convierten en complejos de producción. Los nodos directrices, los lugares de
producción y los ejes de comunicación se definen a lo largo de la red y se
articulan en una lógica común mediante las tecnologías de la comunicación y una
fabricación programable, basada en la microelectrónica, flexible e integrada.
Las
funciones que debe cumplir cada red definen las características de los lugares
que se convierten en sus nodos privilegiados. En algunos casos, los sitios
menos probables se convierten en nodos centrales porque la especificidad
histórica acaba centrando una red determinada en torno a una localidad
particular. Por ejemplo, no era probable que Rochester (Minnesota) o el
suburbio parisiense de Villejuif se convirtieran en nodos centrales de una red
mundial de tratamiento médico e investigación sanitaria avanzados en estrecha
interacción mutua. Pero la ubicación de
Cada red
define sus emplazamientos según las funciones y jerarquía de cada uno y las
características del producto o servicio que va a procesarse en ella. Así pues,
una de las redes más poderosas de nuestra sociedad, la producción y
distribución de estupefacientes (incluido su componente de blanqueo de dinero),
ha construido una geografía específica que ha redefinido el significado, la
estructura y la cultura de las sociedades, regiones y ciudades conectadas a
ella . De este modo, en la producción y el comercio de la cocaína, los lugares
de producción de coca de Chapare o Alto Beni en Bolivia, o Alto Huallanga en
Perú, están conectados a las refinerías y centros de gestión de Colombia, que
eran filiales, hasta 1995, de las sedes centrales de Medellín o Cali,
conectadas a su vez a centros financieros como Miami, Panamá, las islas Caimán
y Luxemburgo, y a centros de transporte, como las redes de tráfico de drogas de
Tamaulipas o Tijuana en México, y, por último, a los puntos de distribución en
las principales áreas metropolitanas de los Estados Unidos y Europa Occidental.
Ninguna de estas localidades pueden existir por sí mismas en esa red. Los
cárteles de Medellín y Cali, y sus estrechos aliados estadounidenses e
italianos, pronto tendrían que cerrar el negocio sin las materias primas
producidas en Bolivia o Perú, sin los productos químicos (precursores)
proporcionados por laboratorios suizos y alemanes, sin las redes financieras
semilegales de los paraísos bancarios y sin las redes de distribución que
comienzan en Miami, Los Ángeles, Nueva York, Amsterdam o
Por lo
tanto, aunque el análisis de las ciudades globales proporciona la ilustración
más directa de la orientación basada en los lugares del espacio de los flujos
en nodos y ejes, esta lógica no se limita de ningún modo a los flujos del
capital. Los principales procesos dominantes de nuestra sociedad se articulan
en redes que conectan diferentes lugares y asignan a cada uno un papel y un
peso en una jerarquía de generación de riqueza, procesamiento de la información
y creación de poder, que en definitiva condiciona el destino de cada localidad.
La
tercera capa importante del espacio de los flujos hace referencia a la
organización espacial de las elites gestoras dominantes (más que clases) que
ejercen las funciones directrices en torno a las que ese espacio se articula.
La teoría del espacio de los flujos parte de la asunción implícita de que las
sociedades están organizadas de forma asimétrica en torno a los intereses
específicos dominantes de cada estructura social. El espacio de los flujos no
es la única lógica espacial de nuestras sociedades. Sin embargo, es la lógica
espacial dominante porque es la lógica espacial de los intereses/funciones
dominantes de nuestra sociedad. Pero este dominio no es puramente estructural.
Lo promulgan, conciben, deciden y aplican los actores sociales. Así pues, la
elite tecnócrata-financiera-gestora que ocupa las posiciones destacadas en
nuestras sociedades también tendrá necesidades espaciales específicas en cuanto
al respaldo material/espacial de sus intereses y prácticas. La manifestación
espacial de la elite informacional constituye otra dimensión fundamental del
espacio de los flujos. ¿Cuál es esta manifestación espacial?
En
nuestra sociedad, la forma fundamental de dominio se basa en la capacidad
organizativa de la elite dominante, que corre parejas con su capacidad de
desorganizar a aquellos grupos de la sociedad que, aunque constituyan una
mayoría numérica, ven sus intereses sólo parcialmente representados (cuando
mucho) dentro del marco de la satisfacción de los intereses dominantes. La
articulación de las elites y la segmentación y desorganización de las masas
parecen ser mecanismos gemelos de dominio social en nuestras sociedades . El
espacio desempeña un papel fundamental en este mecanismo. En pocas palabras,
las elites son cosmopolitas; la gente, local. El espacio del poder y la riqueza
se proyecta por el mundo, mientras que la vida y la experiencia de la gente se
arraiga en lugares, en su cultura, en su historia. Por lo tanto, cuanto más se
basa una organización social en flujos ahistóricos, suplantando la lógica de un
lugar específico, más se escapa la lógica del poder global del control
sociopolítico de las sociedades locales/nacionales con especificidad histórica.
Por otra
parte, las elites no quieren y no pueden convertirse ellas mismas en flujos, si
han de preservar su cohesión social, desarrollar un conjunto de reglas y los
códigos culturales mediante los cuales pueden comprenderse mutuamente y dominar
al resto, estableciendo de este modo las fronteras de «dentro» y «fuera» de su
comunidad cultural/política. Cuanto más democráticas sean las instituciones de
una sociedad, más se tendrán que diferenciar las elites de las masas para
evitar la penetración excesiva de los representantes políticos en el mundo
interior de toma de decisiones estratégicas. Sin embargo, mi análisis no
comparte la hipótesis sobre la existencia improbable de una «elite de poder» a
La
manifestación espacial de esa lógica de dominio adquiere dos formas principales
en el espacio de los flujos. Por una parte, las elites forman su sociedad
propia y constituyen comunidades simbólicamente aisladas, atrincheradas tras la
barrera material del precio de la propiedad inmobiliaria. Definen sus
comunidades como una subcultura ligada al espacio y con conexiones
interpersonales. Propongo la hipótesis de que el espacio de los flujos está
compuesto por microrredes personales que proyectan sus intereses en macrorredes
funcionales por todo el conjunto global de interacciones del espacio de los
flujos. Es un fenómeno bien conocido en las redes financieras: las principales
decisiones estratégicas se toman en comidas de negocios celebradas en
restaurantes exclusivos, o en fines de semana pasados en casas de campo jugando
al golf, como en los buenos tiempos antiguos. Pero estas decisiones serán
ejecutadas en procesos de toma de decisión inmediatos sobre ordenadores
telecomunicados que pueden provocar sus propias decisiones para reaccionar a
las tendencias del mercado. Así pues, los nodos del espacio de los flujos
incluyen espacios residenciales y orientados al ocio que, junto con el
emplazamiento de las sedes centrales y sus servicios auxiliares, tienden a
agrupar las funciones dominantes en espacios cuidadosamente segregados, con
fácil acceso a complejos cosmopolitas de las artes, la cultura y el
entretenimiento. La segregación se logra tanto por la ubicación en lugares
diferentes como por el control de seguridad de ciertos espacios abiertos sólo
para la elite. Desde los pináculos del poder y sus centros culturales, se
organiza una serie de jerarquías socioespaciales simbólicas, de tal modo que
los niveles de gestión inferiores puedan reflejar los símbolos del poder y
apropiarse de ellos mediante la construcción de comunidades espaciales
elitistas de segundo orden, que también tenderán a aislarse del resto de la
sociedad, en una sucesión de procesos de segregación jerárquicos que, juntos,
equivalen a la fragmentación socioespacial.
Una
segunda tendencia importante de la distinción cultural de las elites en la
sociedad informacional es crear un estilo de vida e idear formas espaciales
encaminadas a unificar su entorno simbólico en todo el mundo, con lo que
suplantan la especificidad histórica de cada localidad. De este modo, se
construye un espacio (relativamente) aislado por todo el mundo a lo largo de
las líneas de unión del espacio de los flujos: hoteles internacionales cuya
decoración, desde el diseño de la habitación hasta el color de las toallas, es
similar en todas partes para crear un sentimiento de familiaridad con el mundo
interior, mientras se induce la abstracción del mundo circundante; salas para
VIP en los aeropuertos, ideadas para mantener la distancia frente a la sociedad
en las autopistas del espacio de los flujos; acceso móvil, personal y en línea
a las redes de telecomunicaciones, para que el viajero nunca se pierda; y un
sistema de viajes organizados, servicios secretariales y de recepción
recíprocos que mantienen junto un reducido círculo de la elite empresarial a
través de ritos similares en todos los países. Además, hay un estilo de vida
cada vez más homogéneo entre la elite de la información que transciende las
fronteras culturales de todas las sociedades: el uso regular de instalaciones
de hidromasaje (incluso cuando se viaja) y la práctica del jogging; la dieta
obligatoria de salmón a la parrilla y ensalada verde, con udon y sashimi como
el equivalente funcional japonés; el color de pared rosa pálido para crear la
atmósfera acogedora del espacio interior; el ordenador portátil ubicuo; la
combinación de trajes de negocios y ropa de deporte; el estilo de ropa unisex,
etc. Todos ello son símbolos de una cultura internacional cuya identidad no se
vincula con una sociedad específica, sino con la pertenencia a los círculos
gestores de la economía informacional a lo largo de un espectro cultural
global.
El
espacio de los flujos también refleja su aspiración a establecer una conexión
cultural entre sus diferentes nodos en la tendencia hacia la uniformidad
arquitectónica que presentan los nuevos centros directrices en varias
sociedades. Paradójicamente, el intento de la arquitectura posmoderna de romper
los moldes y patrones de la disciplina arquitectónica ha dado como resultado
una monumentalidad posmoderna sobreimpuesta, que se convirtió en la regla
generalizada de las nuevas sedes centrales de las grandes empresas de Nueva
York a Kaoshiung, durante los años ochenta. Por lo tanto, el espacio de los
flujos incluye la conexión simbólica de una arquitectura homogénea en los
lugares que constituyen los nodos de cada red a lo largo del mundo, de modo que
la arquitectura se escapa de la historia y la cultura de cada sociedad y queda
capturada en el nuevo mundo imaginario y maravilloso de posibilidades
¡limitadas que subyace en la lógica transmitida por el multimedia: la cultura
de la navegación electrónica, como si se pudieran reinventar todas las formas
en un lugar, con la sola condición de saltar a la indefinición cultural de los
flujos de poder. El cercamiento de la arquitectura en una abstracción
ahistórica es la frontera formal del espacio de los flujos.
Nómada, sigo siendo un nómada. Ricardo Boffil
Si el
espacio de los flujos es verdaderamente la forma espacial dominante de la
sociedad red, la arquitectura y el diseño es probable que redefinan su forma,
función, proceso y valor en los años venideros. En efecto, sostendría que,
durante toda la historia, la arquitectura ha sido «el acto fallido» de la sociedad,
la expresión mediatizada de las tendencias más profundas de la sociedad, de
aquellas que no pueden declararse francamente, pero que son lo bastante fuertes
como para ser vaciadas en piedra, en cemento, en acero, en cristal y en la
percepción visual de los seres humanos que van a habitar, negociar o rezar en
esas formas.
Las obras
de Panofsky sobre las catedrales góticas, de Tafuri sobre los rascacielos
estadounidenses, de Venturi sobre la ciudad estadounidense sorprendentemente
kitsch, de Lynch sobre las imágenes de la ciudad, y de Harvey sobre el
posmodernismo como la expresión de la compresión capitalista del
tiempo/espacio, son algunas de las mejores ilustraciones de una tradición
intelectual que ha utilizado las formas del entorno construido como uno de los
códigos más significativos para interpretar las estructuras básicas de los
valores dominantes en la sociedad . Sin duda, no existe una interpretación
simple y directa de la expresión formal de los valores sociales, pero, como ha
revelado la investigación de estudiosos y analistas, y han demostrado las obras
de los arquitectos, siempre ha habido una fuerte conexión semiconsciente entre
lo que la sociedad (en su diversidad) decía y lo que los arquitectos querían
decir .
Ya no es
así. Mi hipótesis es que la llegada del espacio de los flujos está opacando la
relación significativa entre la arquitectura y la sociedad. Puesto que la
manifestación espacial de los intereses dominantes se efectúa por todo el mundo
y en todas las culturas, el desarraigo de la experiencia, la historia y la
cultura específica como trasfondo del significado está llevando a la
generalización de una arquitectura ahistórica y acultural.
Algunas
tendencias de la «arquitectura posmoderna», como la representada, por ejemplo,
por las obras de Philip Johnson o Charles Moore, con el pretexto de romper la
tiranía de los códigos, como los del modernismo, tratan de cortar todos los
lazos con los entornos sociales específicos. Lo mismo hizo el modernismo en su
tiempo, pero como la expresión de una cultura arraigada en la historia que
afirmaba la creencia en el progreso, la tecnología y la racionalidad. En
contraste, la arquitectura posmoderna declara el fin de todos los sistemas de
significado. Crea una mezcla de elementos que busca la armonía formal mediante
la provocación estilística transhistórica. La ironía se vuelve el modo de
expresión preferido. No obstante, lo que en realidad hacen la mayoría de los
posmodernos es expresar, en términos casi directos, la nueva ideología
dominante: el fin de la historia y la superación de los lugares en el espacio
de los flujos . Porque sólo si estamos en el fin de la historia podemos mezclar
ahora todo lo que sabíamos antes (véase figura 6.6: el centro de Kaoshiung).
Porque ya no pertenecemos a ningún lugar, a ninguna cultura, la versión extrema
del posmodernismo impone su lógica codificada de ruptura de los códigos donde
quiera que se construya algo. La liberación de los códigos culturales oculta,
de hecho, la huida de las sociedades enraizadas en la historia. En esta
perspectiva, cabría considerar al posmodernismo la arquitectura del espacio de
los flujos .
Cuanto
más tratan las sociedades de recuperar su identidad más allá de la lógica
global del poder incontrolado de los flujos, más necesitan una arquitectura que
exponga su propia realidad, sin falsificar la belleza desde un repertorio
espacial transhistórico. Pero, al mismo tiempo, la arquitectura demasiado
significativa, que trata de presentar un mensaje muy definido o expresar de
forma directa los códigos de una cultura determinada, es una forma demasiado
primitiva para ser capaz de penetrar en nuestro saturado imaginario cultural.
El significado de sus mensajes se perderá en la cultura de «picoteo» que
caracteriza nuestra conducta simbólica. Por eso, paradójicamente, la
arquitectura que parece más cargada de significado en las sociedades
conformadas por la lógica del espacio de los flujos es la que denomino «la
arquitectura de la desnudez». Es decir, aquella cuyas formas son tan neutras,
tan puras, tan diáfanas, que no pretenden decir nada. Y al no decir nada,
confrontan la experiencia con la soledad del espacio de los flujos. Su mensaje
es el silencio.
Para
ilustrarlo, utilizaré dos ejemplos tomados de la arquitectura española, cuyo
entorno se encuentra en la vanguardia del diseño, como se reconoce ampliamente.
Ambos tratan, no por azar, del diseño de nodos de comunicación importantes,
donde el espacio de los flujos se materializa de forma efímera. Los festejos
españoles de 1992 proporcionaron la ocasión para la construcción de importantes
edificios funcionales, diseñados por algunos de los mejores arquitectos. Así,
el nuevo aeropuerto de Barcelona, diseñado por Bofill, combina de forma simple
el bello mármol del suelo, la fachada de cristal oscuro y el cristal
transparente de los paneles que separan un inmenso espacio abierto (véase la
figura 6.7). No se cubre el miedo y la ansiedad que la gente experimenta en un
aeropuerto. No hay moqueta, ni habitaciones acogedoras, ni iluminación
indirecta. En medio de la belleza fría de este aeropuerto, los pasajeros han de
enfrentarse con su terrible verdad: están solos, en medio del espacio de los
flujos, pueden perder su enlace, están suspendidos en el vacío de la
transición. Están, literalmente, en manos de Iberia. Y no hay escapatoria.
Tomemos
otro ejemplo: la nueva estación del AVE (tren de alta velocidad) de Madrid,
diseñada por Rafael Moneo. Es simplemente una maravillosa estación antigua,
rehabilitada de forma exquisita y convertida en un palmar interior, lleno de
pájaros que cantan y vuelan en el espacio cerrado de la estación. En una
estructura próxima, adyacente a un espacio tan bello y monumental, se encuentra
la estación real, con el tren de alta velocidad. De este modo, la gente va a la
pseudoestación para visitarla, para pasear por sus diferentes niveles y
recorridos, como se va a un parque o un museo. El mensaje obvio es que estamos
en un parque, no en una estación; que en la antigua estación crecen los árboles
y los pájaros anidan, operando una metamorfosis. Así que el tren de alta
velocidad se convierte en la rareza en este espacio. Y ésta es, de hecho, la
pregunta que todo el mundo se plantea: ¿qué hace un tren de alta velocidad ahí,
sólo para ir de Madrid a Sevilla, sin ninguna conexión con la red europea de
alta velocidad, con un coste de 4.000 millones de dólares? El espejo roto de un
segmento de¡ espacio de los flujos queda expuesto y el valor de uso de la
estación, recuperado, en un diseño simple y elegante que no dice mucho, pero
que hace evidente todo.
Algunos
arquitectos prominentes, como Rem Koolhas, diseñador del Centro de Convenciones
Grand Palais de Lille, teoriza sobre la necesidad de adaptar la arquitectura al
proceso de deslocalización y sobre la importancia de los nodos de comunicación
en la experiencia de la gente: realmente considera su proyecto una expresión
del «espacio de los flujos». O, en otro ejemplo de la creciente conciencia de
los arquitectos acerca de la transformación estructural del espacio, el diseño
ganador del premio del American Institute of Architects, las oficinas de D. E.
Shaw & Company, realizado por Steven Holl en la calle 45 Oeste de Nueva
York,