México, D.F., a 12 de junio de 2006

 

 

Para tod@s l@s compañer@s con quienes he caminado este camino que compartimos en la lucha con amor por la verdad, por la justicia, por la dignidad; el camino para llegar a la paz verdadera.

 

Y para tod@s aquell@s que sin conocernos, compartimos este mismo camino.

 

 

“Siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos”.

 Corintios 9-19.

(La Biblia)

 Compañer@s:

 

Esta es la primera vez que me permito escribirles una carta así a tod@s, para quienes va dirigida.  Nunca he pensado necesario hacerlo, porque nunca había sido el momento.

 

En este momento de definiciones políticas en el que se abre un nuevo rumbo con posibilidades de transformación de nuestra realidad del mundo en el que vivimos y en el que vemos que permanecen las ambiciones cada vez más desproporcionadas de grupos en el poder económico y político y que quieren ejercer cada vez un mayor control social, como históricamente lo han hecho, con la represión policíaca y militar, y con lo que much@s de nosotr@s coincidimos en ver que lo que hacen tiene nombre y se llama “guerra integral”, donde permanece la explotación del hombre por el hombre en todas sus formas, y donde ahora se exacerba la explotación irracional de nuestros recursos naturales pasando por encima de la tierra y el territorio de los pueblos, solo por las ambiciones de poder y de dinero.

 

Todo esto lo hacen hacia quienes formamos parte de ese gran grupo y de las estadísticas de quienes estamos en condiciones de pobreza y extrema pobreza, así como de la exclusión, de la discriminación, en especial de los grupos indígenas y ahora como vemos de las mujeres y a quienes nos violan sistemáticamente nuestros derechos humanos.

 

En este momento quienes nos asumimos como parte de este gran sujeto histórico con una propuesta distinta a la capitalista y neoliberal, conformado por muchos grupos organizados desde pequeños hasta grandes redes y movimientos, y para mi caso, desde una como persona hasta una con los grupos organizados; una con l@s compañer@s con quienes coincide, una con los grupos formales, una con los grupos no formales organizados, una no puede callar y una decide que esta lucha no solo está dirigida hacia quienes nos oprimen, sino hacia construir nuevas formas de relación y de real transformación, desde una misma en la relación con los más cercanos.

 

Mahatma Gandhi decía que luchar por los derechos humanos no tiene sentido, si no consideramos que así como tenemos derechos tenemos deberes.  Y aquí mi mirada al respecto.  Sabemos que los derechos humanos se ejercen y si son violados, se denuncian.  Oficial y técnicamente la violación de los derechos humanos se considera solo si viene del Estado hacia los grupos, pueblos, personas, sin embargo, quienes han generado todo este discurso de los derechos humanos, a nivel mundial, reconocen también otra parte muy importante de ellos:  la cultura de los derechos humanos.  Y no podemos pensar que la cultura de los derechos humanos solo la deba ejercer una parte de la sociedad, sino la sociedad completa.

 

Entre nosotr@s debe existir la conciencia de que si bien, queremos cambiar las condiciones políticas, económicas, sociales, de vida, de salud de nuestro entorno, del medio ambiente, de las personas y de nosotr@s como personas, en lo físico, lo emocional, lo espiritual, desde lo personal hasta lo social, aquí sí no nos debemos excluir de esta posibilidad.

 

El capitalismo y su forma neoliberal de imponerse, también impone sobre nosotr@s formas de relación de las que creemos que estamos libres, cuando no es así, porque incluso muchos vemos cómo desde estas formas se intentan legitimar e imponer por distintos medios comerciales, donde los de la comunicación juegan un papel fundamental, como la televisión, la publicidad, la radio, los medios escritos, por razones muy importantes y de las que tenemos que ser concientes.  Lo que se hace a través de ellos es imponer la forma de vida de estos grupos en el poder económico y político, generándonos necesidades que no son las nuestras, formas y estilos de vida que no son los nuestros, que promueven el consumo irracional, con muchos productos que dañan a nuestra Madre Tierra y a nuestra salud, para permanecer en el poder económico y de lo que los gobiernos se hacen cómplices a partir del poder político que tratan de imponer con una aparente democracia electoral, y que ahora lo vemos abiertamente, el que tratan de proteger estos intereses de los grandes capitales y en ello generan, desde esta plataforma política, formas aparentes por las que nos quieren hacer creer que están resolviendo o que van a resolver nuestros problemas, que están atendiendo a nuestras necesidades, que nos están escuchando, que están con nosotros y que pueden ser la vía de “progreso” de nuestro país.

 

Ahora mismo nos hacen creer, justamente desde los medios de comunicación comerciales y desde todos sus brazos, la publicidad, los noticieros, los programas de Televisa y Televisión Azteca, entre otros, que con haber ganado un partido, en un mundial de futbol, este domingo 11 de junio, el rumbo del país será mejor y que nuestro nombre, el de México está en lo alto del mundo, cuando recién apenas, el nombre de nuestro muy querido país, ha estado a nivel mundial con los actos de represión y tortura del 3 y 4 de mayo en Atenco, que no son mas que el resultado del ejercicio del control social, del poder económico y político contra este pueblo valiente que ha defendido y seguirá defendiendo a su Madre Tierra y contra La Otra Campaña que está agrupando y uniéndonos desde todas nuestras resistencias y luchas, entre las que no puede quedar fuera la de la defensa de nuestros derechos humanos, desde la mirada de los pueblos.

 

Regresando al asunto de los derechos humanos y la cultura de los derechos humanos, otra parte que es importante que veamos es que creemos que estas formas de relación y especialmente con la relación con las instituciones gubernamentales y que se consideran como parte del Estado, es importante darnos cuenta de que tanto no nos han resuelto nuestros problemas, los que además nosotros podemos resolver, así como el que no han cumplido con las funciones para los que han sido comprometidos los funcionarios públicos, que es como nuestra Constitución lo dice, en el artículo 39, donde consta que “la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo.  Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.” Y agrega que “el pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

 

Por lo que este nuevo camino que surge como una opción para los distintos grupos civiles, sociales, políticos independientes, de diversos sectores, también con la aspiración de una lucha independiente y todas las personas que se suman como individuos, desde la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y que ha tomado forma desde La Otra Campaña, no solo es legal, sino es legítimo, porque en el recorrido donde se han escuchado a tantas voces, el reclamo popular coincide en esta necesidad de cambiar nuestra forma de gobierno actual, que como nuestr@s compañer@s indígenas e históricamente se ha definido como “el mal gobierno” que le ha hecho tanto daño a nuestros pueblos.

 

Desde las trampas que el gobierno mexicano nos pone a l@s ciudadan@s, a los pueblos, a los sectores, a los grupos organizados, (que no son muy diferentes a muchos gobiernos en otros países del mundo), vemos que se permean formas donde aparentemente se da la impresión de querer resolver y escuchar las demandas de los pueblos, donde dicen respetar y proteger nuestros derechos humanos, los de los pueblos, de los diversos grupos sociales y civiles, de los diversos sectores.  Lo vemos aún como en estas trampas caen nuestr@s compañer@s de organizaciones sociales, políticas, con alternativas y de derechos humanos, intentando influir en ellos y controlarlos con las formas en las que nos quieren hacer creer que están con nosotr@s estos funcionarios del mal gobierno.

 

Los grupos en el poder económico y político hablan de derechos humanos; desde los pueblos, desde los grupos civiles, sociales, políticos independientes, con alternativas, con distintas formas de decirlo también hablamos de derechos humanos.  Los primeros con un doble discurso, con el que dicen protegerlos y respetarlos, pero que en las acciones los violan sistemáticamente; los que formamos parte de la población excluida y empobrecida, quienes nos esforzamos por dar pasos adelante, luchando, con una conciencia de que los derechos humanos se ejercen y por eso luchamos por defender este ejercicio.

 

En la claridad y sabiduría que siempre se tiene en los pueblos, y especialmente en los pueblos indígenas, nos reconocemos quienes luchamos porque, estando en condiciones de pobreza y de exclusión  miramos concientemente estas formas que padecen nuestros pueblos pobres que han decidido resistir y luchar por cambiar sus condiciones de vida y con ello, las nuestras todas.   Desde aquí, tenemos que reconocernos tod@s como defensor@s de los derechos humanos, quienes estamos y que podemos ser de grupos civiles, sociales, políticos independientes, de generación de alternativas distintas a las capitalistas y neoliberales, porque defendemos nuestra tierra, nuestra agua, nuestro aire, nuestros alimentos sanos, nuestro trabajo, nuestra vivienda, nuestros árboles, nuestros animales, nuestra palabra, nuestro pensamiento, nuestras formas de organizarnos, nuestras formas de participar, nuestra libertad, nuestra democracia, nuestra justicia, nuestra dignidad, nuestro derecho a la paz, nuestro derecho a la vida.

 

Con este pensamiento y como parte de este gran mosaico que somos de personas, grupos, colectivos, redes, movimientos quiero decirles que he caminado con muchos de ustedes en distintos momentos, en distintos trabajos, en distintos acompañamientos a los pueblos, especialmente cuando son violados sus derechos humanos.  Cuando lo he hecho, al igual que muchos de ustedes con quienes he compartido conocimientos, experiencias, formas de apoyar, desde distintos espacios, desde distintas iniciativas, muchos de nosotr@s antes de la pertenencia a los grupos, nos hemos reconocido como personas con ese espíritu de estar con quien o con quienes han sido vulnerados, por la parte del Estado represor, que es el mal gobierno y los empresarios que lo manejan y hemos visto como muchos de nuestr@s compañer@s de los pueblos, de las organizaciones, de las redes, de los movimientos han sido engañados con supuestas negociaciones y diálogos, como ahora lo hemos visto que ha sucedido con nuestr@s compañer@s de San Salvador Atenco.

 

Dentro de ello, me sumo a lo que reconocemos como una de las formas más visibles en la violación de los derechos humanos, que es cuando a nuestr@s compañer@s de las luchas, las resistencias y los movimientos, el mal gobierno los tiene como rehenes políticos y los encarcela y son nuestr@s pres@s polític@s, sin que sea mirado que lo son, porque defienden todos los derechos humanos, con los diferentes nombres que les hemos puesto, desde nuestras palabras como pueblos, desde las formas sencillas de nombrar a estos derechos, que tienen un significado mayor en el derecho que los enarbola a todos: el derecho a la vida.

 

Además vemos que no solo los encarcela, sino que los tortura, incluyendo a las mujeres, como ahora a nuestras compañeras en Atenco.  A otr@s más de nuestr@s compañer@s los persigue, les pone órdenes de aprehensión, averiguaciones previas; a otros más los hostiga y amenaza.  Y cuando llega a sus más aberrantes formas de represión, el mal gobierno los desaparece y los asesina.   Seguramente algun@s de nosotr@s estamos y conocemos a quienes estamos en cualquiera de estas circunstancias.

 

Asimismo hemos sido testigos de casos que nos han dolido mucho, como el asesinato de nuestra compañera Digna Ochoa, de nuestro compañero Pável González, de nuestras compañeras indígenas, también defensoras de derechos humanos, Griselda Tirado en Puebla y Estela Ambrosio en Oaxaca y ahora de nuestro compañero Alexis Benhumea, quienes se suman a la larga lista histórica en nuestro país.  Y falta mencionar a nuestr@s compañer@s asesinados en distintas masacres como la de Acteal, el Bosque, el Charco, Aguas Blancas, Tlatelolco.  También faltan nuestr@s compañer@s desaparecid@s que también se cuentan en nuestra historia de luchas contra los malos gobiernos en nuestro país y por quienes han luchado compañer@s desde distintas iniciativas, como la del Comité Eureka.  Much@s nos hemos sumado a todas las formas que tenemos y creamos para denunciarlo todo ello y exigir justicia.

 

Much@s de nosotr@s hemos coincidido y nos hemos encontrado para:

 

Luchar por la justicia y para que sean liberad@s: los presos zapatistas, desde la iniciativa de que fueran cumplidas las tres señales que el EZLN había dado al Estado, antes de reiniciar el diálogo y por cuyo incumplimiento todavía nuestr@s compañer@s zapatistas mostraron su voluntad al mismo, cuando impulsaron La Marcha del Color de la Tierra, para que fuera aprobada la Ley COCOPA, como parte del camino a cumplir los Acuerdos de San Andrés y que, como todos conocemos la historia, fueron traicionados con una ley indígena espuria, avalada por el PRI, el PAN y el PRD.

 

Nos hemos reunido para trabajar también en la lucha por la libertad de quienes estuvieron pres@s cuando la huelga de la UNAM, en una lucha ejemplar por la defensa de la educación pública y gratuita.

 

También nos hemos visto en lucha por la defensa de la tierra y el territorio, como parte de la vivienda digna, de nuestr@s compañer@s en San Salvador Atenco y que forman parte de los pueblos originarios que se veían afectados cuando querían imponer la construcción no solo de un aeropuerto, sino del megaproyecto urbano más importantes de América Latina.

 

Nos hemos sumado para luchar por con quienes fueron perseguidos y algunos de ellos encarcelados cuando desplazaron al pueblo de Tlalnepantla, en Morelos, justamente cuando el pueblo decidió resolver sus propios problemas de distribución de agua y recolección de basura, de lucha por sus usos y costumbres como pueblo indígena, después de la imposición de un edil priísta con quinientos votos, cuando el pueblo en edad de votar era de tres mil quinientas personas, lo que el pueblo denunció en las instancias gubernamentales locales y como respuesta recibió una incursión policíaca armada, que desplazó a los casi cinco mil pobladores, quienes valientemente recuperaron su derecho a vivir en su territorio con el retorno pacífico a su lugar de origen.

 

Nos hemos encontrado sumando trabajos de defensa de los derechos humanos cuando fueron pres@s nuestr@s compañer@s, quienes ahora continúan muchos de ell@s procesad@s, desde las expresiones altermundistas cuando fue la reunión de la ALCUE el 28 de mayo de 2004 en Guadalajara, Jalisco.

 

Hemos sumado esfuerzos, desde los procesos sencillos de comunicación y difusión, para luchar por la libertad de Jacobo Silva y Gloria Arenas; para luchar por la libertad de los hermanos Cerezo Contreras; para luchar por la libertad de presos de organizaciones sociales, en su momento, cuando formaba parte de la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo, de la que me he retirado por definiciones políticas propias que he tomado, al continuar mi trabajo, desde donde ahora creo que es el espacio donde mis convicciones de años coinciden y que es en La Otra Campaña.

 

En esos momentos, junto a ese espacio amplio de organizaciones sociales, políticas independientes, colectivos civiles y personas que en lo individual se suman a las distintas luchas, nos encontramos con trabajos por la denuncia a las violaciones a los derechos humanos, a través de la caravana de observación a Oaxaca, para que fueran liberados nuestros compañeros de Unión Hidalgo, de Guevea de Humboldt, de los pueblos loxichas, de Pedro Castillo, de Isabel Almaraz.  En otros momentos por la denuncia de las distintas represiones de la que han sido objeto nuestr@s compañer@s del CIPO-RFM, de las normales rurales, de diversas luchas campesinas, de maestros, de mujeres.

 

En especial, en esta lucha desde grupos de mujeres, con la conciencia de lo que significa simbólicamente la violencia contra las mujeres, sumando esfuerzos y denunciando lo que ha sucedido con las víctimas de diversas complicidades que surgen también desde las ambiciones capitalistas, que vemos con nuestras compañeras asesinadas en ciudad Juárez, Chihuahua, y que ahora se suma de manera importante la tortura que han ejercido contra nuestras compañeras en Atenco, con abusos y violaciones sexuales por la parte del Estado represor.

 

En la navegación cibernética también much@s de nosotr@s nos hemos encontrado y sumado esfuerzos de difusión cuando han violado los derechos humanos de nuestros compañer@s en Guerrero, como los de La Parota, de compañer@s de Puebla, de compañer@s de Guanajuato, de compañer@s de Veracruz, de compañer@s de Morelos, de compañer@s de Tlaxcala, de compañer@s de Nayarit, de compañer@s de Michoacán, de compañer@s de otros muchos estados.  De compañer@s que han articulado luchas nacionales, como de los braceros y de otros sectores más.

 

Ahora, junto con otr@s compañer@s más, quienes nos hemos conocido en todos estos caminares y a quienes conocemos y reconocemos en estas mismas luchas por la defensa de los derechos humanos y por la denuncia de las violaciones que ejercen contra los pueblos y las personas, los grupos y los sectores, escuchando y conociéndolas desde La Otra Campaña y durante el recorrido, desde las voces de nuestr@s compañer@s de los diferentes estados y ahora, al llegar a esta ciudad, con nuestr@s compañer@s de Atenco.

 

Tod@s quienes estamos en estas luchas, nos reconocemos en distintas dimensiones.  Para mi caso, desde una, como persona, desde una con grupos formales, como SERPAJ México, colectivo que forma parte de una organización más amplia latinoamericana, de la que soy miembro desde 1999, así como trabajando con redes y espacios de trabajos por los derechos humanos y por la paz, desde hace muchos años.

 

Los espacios para trabajar desde estos mismos sueños y convicciones, como algún amigo acaba de escribirme, y, que como otros amig@s dicen, cuando definen que el movimiento es más amplio, nuestras propias organizaciones y espacios de trabajo, son solo eso, espacios de trabajo.  En ellos coincidimos y tenemos formas comunes en las que nos encontramos.  A veces desde nuestra postura política, hay trabajos que no se encuentran, por las formas de abordarlos y de caminar hacia los logros que pretendemos cuando decimos que queremos construir nueva humanidad.  Sin embargo, para mi caso, tengo una claridad en estos trabajos que he decidido y emprendido durante todo este tiempo, que mi trabajo lo he puesto al servicio para y por los pueblos, porque yo misma soy pueblo, he nacido del pueblo, de colonias populares, donde desde niña he sido testigo de las injusticias cometidas hacia nuestro pueblo, todo México.  He sido testiga de las voces que me hablaron de la masacre del 68, de la represión del 10 de junio de 1971.  He sido heredera de la memoria histórica de luchas sociales, como seguro también muchos de ustedes a quienes me dirijo.

 

En este caminar he aprendido, no solo a ser conciente de ello, sino a encontrar lo que le da sentido a mi lucha, desde lo que coinciden las diversas religiones y espiritualidades, entre ellas la indígena, desde l@s luchador@s sociales con quienes he convivido, desde los sobrevivientes de la Revolución Mexicana, con quienes he platicado, desde los zapatistas de antes y de ahora, con quienes me he encontrado, desde quienes luchan por la paz verdadera, con justicia y dignidad, desde la sabiduría de l@s ancian@s, desde l@s jóven@s, de los estudiantes, también los de antes y los de ahora, con quienes me he encontrado, desde ustedes a quienes me dirijo, porque he encontrado en sus palabras sabias lo que en mi corazón ya de por sí por alguna razón, como en much@s de ustedes, está escrito que queremos un mundo muy otro, distinto al que nos oprime y no nos permite liberarnos.

 

Seguramente en estos caminares tod@s nos hemos encontrado y también nos hemos desencontrado.  Los nombres de los grupos a veces nos dan identidad, pero esa identidad es limitada, si no vemos que más allá de esa identidad pequeña que hemos decidido tener y en la que hemos decidido trabajar y que además debe estar al servicio de una identidad más amplia como mexican@s que somos, como indígenas que somos, como mujeres que somos, como hombres que somos, como personas que somos, quienes queremos un mundo muy otro.  Y a veces es necesario decir las cosas como son, desde nuestras convicciones, desde nuestras creencias, desde nuestra espiritualidad, desde nuestro compromiso moral con los pueblos, con las personas a quienes han sido vulnerados sus derechos humanos, para realmente protegerlos, realmente luchar junto con ell@s, por ell@s, y la verdad, como se dice en diversos textos, es uno de los pilares.

 

Describir los hechos como suceden forma parte de decir las cosas como son, eso es parte de la lucha por la verdad.  El mismo movimiento no violento de Mahatma Gandhi se llamó “la fuerza de la verdad”.  Acompañado de otro pilar más, del amor, y que el Dr. Martin Luther King Jr., en el movimiento del que él formó parte, se llamó “la fuerza del amor”.  Si unimos a ello la fuerza del corazón, en la que muchos creemos, desde hace mucho tiempo, he ahí varias de las razones por las que muchos coincidimos,  con uno de estos caminares desde la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y La Otra Campaña.

 

Para mi caso, en este mar de diversidad que somos, soy una más, soy parte del pueblo, soy parte de los pueblos, con quienes me he acercado y con quienes he trabajado.  Así es como desde donde trabajemos en todos estos sueños juntos importa en una parte y en otra no tanto, la identidad de los grupos, de los espacios, de las redes donde coincidimos.  En una parte importa desde la manera en que queremos llegar a esa transformación, especialmente cuando encontramos una forma de hacerlo éticamente, donde se nos ofrece que tod@s somos incluid@s, si somos de abajo y a la izquierda, y como dicen, donde de por sí está el corazón.  En otra parte, sin dejar de verlo, no importa tanto el espacio desde donde lo trabajemos, porque el movimiento más amplio tiene la semilla de la verdad, la justicia, la dignidad, el amor y el corazón.  Y en el corazón está escrito que el amor no es solo para nosotr@s mism@s, sol@s como individuos, como personas, es también para los demás, desde los más cercanos hasta la humanidad.

 

Aprender y reaprender, aceptar y asimilar, pensar y reflexionar, escuchar la palabra de otr@s y decir nuestra palabra, participar, no solo como personas del movimiento, sino como nuestra identidad primaria, que para mi caso es la de ser mujer, con todo lo aprendido, con todo lo caminado, con todo lo escuchado, con todo lo puesto al servicio del movimiento, con todos los conocimientos recogidos, con todos los dolores vividos propios y de otr@s, en la lucha por la vida, por la defensa y ejercicio de nuestros derechos humanos, todos, eso es lo que da sentido a mi vida.  ¿Habrá alguien que esté en desacuerdo con ello?

 

Muchas gracias por escuchar estas mis palabras que vienen del corazón.

 

Gloria Rico

 

 

 

¿Cómo es posible comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?

Nosotros no comprendemos esta idea.

Si no somos dueños de la frescura del aire,

ni del reflejo del agua,

¿cómo podréis comprarlos?

(…)  Enseñad a vuestros hijos

lo que nosotros hemos enseñado a nuestros hijos:

la tierra es Nuestra Madre.

(tomado de la Carta del Jefe Seattle)

 

 

“Quiero vivir –me dije- para seguir luchando

para contribuir con mi esfuerzo

a que mi pueblo se libere un día,

para continuar escribiendo

para que en mis brazos otro cuerpo bese,

para que mis hijos reciban el calor que de mi pecho surge,

para trabajar de día cuando la noche cede”

(tomado de un poema de una compañera salvadoreña, Liliam Jiménez en 1921)

 

 

“Sueña Antonio con que la tierra que trabaja le pertenece, sueña que su sudor es pagado con justicia y verdad, sueña que hay escuela para curar la ignorancia y medicina para espantar la muerte, sueña que su casa se ilumina y su mesa se llena, sueña que su tierra es libre y que es razón de su gente gobernar y gobernarse, sueña que está en paz consigo mismo y con el mundo.  Sueña que debe luchar para tener ese sueño, sueña que debe haber muerto para que haya vida.  Sueña Antonio y despierta… ahora sabe qué hacer y ve a su mujer en cuclillas atizar el fogón, oye a su hijo llorar, mira el sol saludando al oriente, y afila su machete mientras sonríe.  Un viento levanta y todo lo revuelve, él se levanta y camina a encontrarse con otros.  Algo le ha dicho que su deseo es deseo de muchos y va a buscarlos.”

(Subcomandante Insurgente Marcos.  Relatos de El Viejo Antonio.  Centro de Información y Análisis de Chiapas (CIACH), México, 2002.  Fragmento tomado de “En este país todos sueñan, ya llegó la hora de despertar…”, pág. 17)

 

 

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"Info y Caos"...Carlos T.R., (a) "El Ermitaño"...

es un colaborador directo de la

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