Al Qaida
como netocracia
Se acaba de publicar en España "AlQaeda",
detallada y documentada
investigación del periodista inglés Jason Burke sobre la red armada
islamista. Pocas veces la abundancia de datos, unos conocidos, otros menos,
resulta tan esclarecedora: la yihad islamista se
configuró desde los tiempos
de la guerra afgana como una red distribuida y organizada según las reglas
de la plurarquía, AlQaida
es una parte de su netocracia. Los objetivos de la
lucha antiterrorista han de redefinirse para la guerra de red, la netwar.
El primer atentado contra las torres gemelas tuvo lugar en 1993, ideado por
dos "independientes": Ramzi Ahmed Yusef, pakistaní de 25 años
y Jaled Sheij
Muhammad, saudí. Escribe Burke:
Se puede ver claramente cómo estos dos hombres consiguieron reunir una y
otra vez a los individuos que necesitaban para un ataque terrorista sin que
estuviesen afiliados en ninguna de las etapas a ningún individuo u
organización. Tanto Sheij Muhammed
como Razi Yusef estaban
decididos a
sembrar el caos en Occidente. Para eso necesitaban gente, dinero,
conocimientos técnicos y equipo. Ambos disponían, o si no consiguieron
enseguida, los contactos, el dinamismo y la experiencia para poder encontrar
esos recursos. Eran los dos "centros operativos". Como el organizador
de
fiestas profesional (…) recurrieron a su agenda de direcciones, llenas de
números recogidos durante el periodo de la yihad
[afgana] o en los
campamentos de instrucción o por sus relaciones familiares o tribales para
reunir lo que necesitaban.
Ramzi sirve de ejemplo a Burke
para hacer un modelo general de la red
islamista, AlQaida incluída:
Ramzi era un inividuo
sumamente motivado que, como cualquier combatiente
político de éxito, es capaz de unir una serie de apoyos, activistas y
especialistas diferentes en diferentes momentos para llevar a cabo proyectos
diferentes. Buscar una línea de mando o una fuente de recursos única es
interpretar de forma completamente errónea el carácter de lo que Ramzi y
miles de hombres estaban haciendo entonces y están haciendo ahora.
El islamismo como enredadera
La tesis de Burke sobre la naturaleza de AlQaida ajusta como un guante en el
modelo general que, dando como ejemplos la red española y el movimiento
ciberpunk, trazábamos en estos primeros apuntes de
verano. Burke y su
detallado análisis prueba una de las tesis centrales de 11M: redes para
ganar una guerra: el islamismo armado no se parece al viejo terrorismo más
que marginalmente, como sólo marginalmente se parecen las redes distribuidas
a las viejas organizaciones descentralizadas. AlQaida
y el movimiento más
amplio del que forma parte, es una enredadera, no un árbol. Como escribíamos
en esta bitácora hace poco:
Las redes distribuidas o bien nacen de un pacto entre iguales que se
reconocen como tales, o bien articulan una relación que en nigún
caso es de
dependencia (…) Lo que define a una red distribuida es como dicen Alexander
Bard y Jan Söderqvist que "todo actor individual decide sobre sí
mismo, pero
carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de
los demás actores". En este sentido toda red distribuida es una red de
iguales.
En un sistema así la toma de decisiones no es binaria. No es "si" o
"no". Es
"en mayor o menor medida". Alguien propone y se suma quien quiere. La
dimensión de la acción dependerá de las simpatías y grado de acuerdo que
suscite la propuesta. Este sistema se llama plurarquía
y según los mismos
autores "hace imposible manterner la noción
fundamental de democracia, donde
la mayoría decide sobre la minoría cuando se producen diferencias de
opinión". Aunque la mayoría no sólo no simpatizara sino que se manifestara
en contra, no podría evitar su realización.
Con un sistema así es comprensible por qué en las redes no existe
"dirección" en el sentido tradicional, pero también por qué
inevitablemente
surgen en su interior grupos cuyo principal objetivo es dar fluidez al
funcionamiento y los flujos de la red. Son grupos especializados en proponer
acciones de conjunto y facilitarlas. No suelen estar orientados hacia fuera
sino hacia el interior, aunque inevitablemente acaben siendo tomados, desde
fuera, por la representación del conjunto de la red o cuando menos como la
materialización de la identidad que les define. Estos grupos son los
netócratas de cada red, sus líderes en el sentido
estricto, pues no pueden
tomar decisiones pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificación
con los valores que aglutinan la red, a la hora de proponer acciones
comunes.
Es claro que AlQaida es una parte de la netocracia islamista, la élite de
prestigio de una red amplísima tanto geográfica como socialmente que no se
articula como una pirámide de mando, sino sobre una enredadera de agendas,
contactos y complicidades. Como en cualquier red, el verdadero capital no es
otro que la confianza derivada y surgida de la identidad. El islamismo
radical contemporáneo es -parafraseando la definición de la red académica
que hacía Juan Urrutia- la suma de biografías y conversación.
Dentro de esa red, AlQaida, la organización formal,
es un grupo pequeño, una
minoría propositora cuyo objetivo es influir en los
miembros y através de
ellos en el mundo. Alrededor de este núcleo se articulan una agenda de
contactos con otros líderes de la red amplia y, con el tiempo, una telaraña
más o menos amplia de activistas y simpatizantes en cuya identidad las tesis
del núcleo han hecho mella. Gente que sigue los textos y amplifica los
mensajes nacidos del nodo teórico, a la que se puede convocar y que suele
participar en las acciones concretas que el núcleo propone a la red general.
La arquitectura de cualquier netocracia en cualquier
campo y a cualquier
escala, como escribe Burk:
Esta división tripartita en un "núcleo", una red de redes y un
movimiento
más amplio de simpatizantes militantes con objetivos más o menos
coincidentes, se repite una y otra vez, en los ámbitos nacional, regional
internacional, cuando examinamos la posición de Bin Laden en el movimiento
más amplio de la militacia islámica moderna.
Maestros y patrocinadores
En AlQaida, como en las redes netocráticas
en general, el poder aparece como
resultado de la unión de capacidad de acceso y conocimiento. Acceso a la red
de personajes relevantes en la propia red amplia, desde Abú Qutada,
el ulema
de Londres siempre dispuesto a interpretar los textos a conveniencia de los
yihadistas hasta los millonarios simpatizantes del
Golfo que aportan fondos
con los que financiar las acciones.
Y también conocimiento. Conocimientos prácticos y visión estratégica.
Durante mucho tiempo Bin Laden
ha sido ante todo el proveedor de formación
especializada y el impulsor de campos de entrenamiento donde poco a poco ha
ido cuajando un "espíritu común" en el yihadismo.
Bin Laden y su círculo
incitaban a la creatividad de sus alumnos (miles a lo largo de los años),
animándoles a instalarse en otros países y plantear acciones. En algunos
casos ayudaban además a conseguir los fondos o los contactos necesarios para
ejecutar sus "proyectos fin de carrera". AlQaida
era entonces literalmente
"la base", el centro operativo al que recurrir en busca de ayuda
técnica y
financiera. Una base que construía así una enorme influencia dentro de la
red: formación más fondos igual referencia. Referencia igual marca. Con el
tiempo, la netocracia de teóricos vería materializar
su liderazgo mediando
en disputas entre grupos y recibiendo peticiones en la que lo más relevante
era la solicitud de usar la marca. AlQaida se había
hecho sinómino de Yihad
internacional.
Construyendo confianza con acciones
Burke argumenta con razón y conocimiento el carácter
de shahada, de
profesión de fé, que tiene el sacrificio de la vida
del suicida en el
atentado. Incorporando su propia muerte a los objetivos de la acción,
presentándose frente a la comunidad musulmana como "mártires", los
terroristas en realidad proponen con su ejemplo un camino estratégico para
la red. La propia muerte sirve de enfático argumento. El objetivo de los
atentados nunca es tanto conseguir un resultado inmediato, como mantener el
camino de la yihad abierto y señalar la ruta a los
demás. Shahid, la palabra
con que los terroristas suicidas se designan a si mismos no quiere decir
sólo "martir caído en el combate" sino
también "testigo". El tiempo en el
que viven es el tiempo de las redes, tremendamente inmediato y trascendente
al mismo tiempo. Inmediato porque vive rápido, trascendente porque no cabe
esperar resultado de la propia acción que no sea mediado por la red. La
acción más que el argumento es el construye la identidad frente a otros y en
la comunidad de los muyahidim.
El 11S y AlQaida
Burke insiste una y otra vez en que Bin Laden y AlQaida
no son más que una
parte, durante mucho tiempo ni siquiera especialmente destacada, de esa red
más amplia. Lleva razón. Sin embargo la polémica con el tratamiento que
desde las agencias de información y los medios dan a la red yihadista,
presentándola como un cuerpo coherente y jerarquizado, hace perder a Burke
parte del significado estratégico del 11S.
Antes del 11S el movimiento islamista armado se desarrolla fundamentalmente
en el terreno nacional. Siquiera entienda ya la yihad
como esa "guerra
cósmica" de la que habla Burke, la realidad era
la de una serie de grupos
locales, minoritarios y en marginalización. Su enemigo material eran los
viejos y corruptos regímenes del nacionalismo árabe laico, verdaderos
zombies políticos tras la caída del Muro de Berlín… y
aún así no parecían
tener ninguna oportunidad real de victoria. En todo el mundo árabe tan sólo
Sudán pasa a un régimen islámico (1991)… y es mediante un golpe militar, no
por una insurrección popular o la extensión de la guerra de guerrillas.
Cuando Sudán -posiblemente con participación del propio Bin
Laden- intente
exportar a Egipto su revolución, intentando asesinar al presidente Moubarak
en 1994, el resultado será contraproducente y acabará forzando la salida del
país del núcleo de AlQaida (1996).
El yihadismo queda como una telaraña en
descomposición, unidos sus nodos
todavía por unos mitos comunes y una red de solidaridad y socorro
generósamente nutridas por las fortunas wahabíes del Golfo. La inteligencia
de este proceso es la que llevó al conocido islamólogo
Gilles Kepel a
entonar el RIP del islamismo en el 2001… No era el único, Bin
Laden también
se había dado cuenta de que la yihad estaba
perdiéndose en un mar de frentes
dispersos y locales. O cambiaba la escala o el sueño de un ejercito
muyahidin internacional y reticular, se diluiría, a
falta de un nuevo
Afganistán, como grillos en la mañana.
Así, desde el primer atentado "con firma AlQaida"
en Yemen en 1992, las
acciones patrocinadas, impulsadas o diseñadas por el núcleo y ejecutadas por
la red de simpatizantes, se orientarán hacia esa ampliación del campo de
batalla en un crescendo que acabará el 11 de
septiembre de 2001 con el
atentado suicida contra las Torres Gemelas de Nueva York
y el Pentágono.
Como escribe Burke sobre la respuesta americana
(bombardeo con misiles) al
atentado contra su embajada en Kenia:
Bin Laden consideró los
ataques una confirmación de que su polémica decisión
de atacar a Estados Unidos antes que a los gobernantes hipócritas que
estaban en el poder en Oriente Próximo era la correcta. Para los activistas
islámicos de todo el mundo, los atentados demostraban que Bin
Laden no era,
como habían creído muchos, sólo un joven rico diletante y fanfarrón que
vivía seguro en Afganistán lejos de la dura lucha contra el aparato de
seguridad del estado en Arabia Saudí, Egipto,
Jordania o Argelia. Para los
aspirantes a activistas de todo el mundo islámico, Bin
Laden, del que muchos
no habían oido hablar antes, se convirtió en el foco
de sus ambiciones.
Las consecuencias del 11S
El 11S multiplica la escala de Nairobí hasta el punto
de cambiar el panorama
del yihadismo completamente. Es el comienzo del gran
triunfo de AlQaida. En
primer lugar cambia la definición política y geográfica del campo de batalla
dramáticamente. A partir de entonces, los muyahidines
ya no luchan contra
regímenes locales, luchan contra Occidente enfrentandose
a su imperio
directamente, en su propio terreno, a los "cruzados y los judíos". En
el
nuevo marco, cuando los islamistas describan su lucha, los regímenes laicos
árabes ya no aparecerán como actores del mundo islámico, sino como apéndices
de "los cruzados", como zipayos
desprovistos de legitimidad. En un sólo
golpe AlQaida ganó la guerra simbólica para todos los
activistas, grupitos y
bandas terroristas locales en descomposición, dotando de proyección global y
creíble a la identidad que los teóricos afganis (Laden,
Azzam, Zawahiri…)
llevaban años proponiendo en la red como base para una redefinición de la
yihad tras la guerra contra los soviéticos.
En segundo lugar, las invasiones norteamericanas de Afganistán y sobre todo
Iraq, representan una oportunidad única de replicar
el fenómeno muyahidim de
la guerra contra los soviéticos y multiplicar sus efectos en una nueva
generación. Como escribía en mayo de 2004 el analista Gassan
Sharbil en
Al-Hayat y traducía Amaya del Amo en
comentando la posición de Bin Laden
en Iraq:
La ocupación americana de Iraq proporciona una
inestimable oportunidad para
transformar un conflicto de baja intensidad en una guerra total, que aspire
a cambiar conjuntamente Iraq y la región. El pais del Éufrates y el Tigris,
que nada en petróleo, proporciona por su situación, su composición y su
extensión una oportunidad de difusión que no han dado las montañas de
Afganistan.
Por esto, el mensaje [de Bin Laden
sobre la situación en Iraq] llama a
avivar el fuego iraquí y a los jóvenes musulmanes al reclutamiento. Los
combatientes de Al-Qaeda ya no necesitan vagar y
acechar para fijar el
objetivo americano y su encuentro casual. Los americanos tienen aquí un
ejército, cuarteles, convoys, cárceles y abusos. La
oportunidad del choque
es factible y el escenario de las operaciones suicidas está abierto.
Iraq es el escenario y el programa de Osama Bin Laden
se amplia. Por eso
intenta repetir el anterior experimento, a pesar de las diferencias, y
cambiar los papeles. Apuesta a que el incendio iraquí se caracterice por una
capacidad de atracción semejante a la que adquirió la yihad
afgana contra
los soviéticos. Lo que implicaría que el escenario de los choques polarizase
a los jóvenes de diferentes paises y nacionalidades.
Y lo ve como una
oportunidad de involucrarles, asegurar su lealtad y reenviar a los que
sobrevivan a otros incendios, tal vez en sus propios paises
de origen. Busca
una guerra larga, no sólo debilitar al ejército de ocupación y desgastar a
la potencia hegemónica (…). Hundir a las fuerzas americanas en una larga
guerra reaviva la indignación árabe: ganar el espíritu del musulman
es el
objetivo.
Conclusiones: jugando el juego de AlQaida
Desde el punto de vista de un entorno pluriárquico AlQaida ya ha vencido: ha
reorientado estratégicamente a su red amplia (los grupos, militantes,
simpatizantes y donantes del yihadismo) hacia una
nueva identidad de acuerdo
con sus postulados internacionalistas. Ha dinamizado la red llevándola hasta
un grado de conocimiento público en el mundo islámico impensable a finales
de los noventa. Y sobre todo ha conseguido que el mundo occidental, con
Estados Unidos a la cabeza, juegue su juego con las reglas que le son más
propicias y en su terreno. Aunque AlQaida fuera
eliminada "quirúrgicamente"
hoy mismo (EEUU asegura haber capturado o muerto a dos terceras partes de
sus cuadros), el movimiento yihadista es más fuerte
que nunca. No sólo
militarmente, sino en el imaginario, en la identidad musulmana. Ese es el
verdadero campo de batalla. Y la causa de que AlQaida
vaya, a día de hoy,
ganando la guerra que emprendió hace ahora diez años.
AlQaida es un ejemplo destructivo del poder de las
redes, de la operatividad
de la plurarquía y de la potencia de una pequeña netocracia cuando hace buen
análisis estratégico y dispone de fondos suficientes para respaldar acciones
clave y centros de formación especializada. La forma de organización es su
principal ventaja tecnológica, ¿cuando dejarán de invertirse fortunas en una
ciberguerra imaginaria que no ha existido hasta ahora
para dar el salto
hacia una nueva concepción del conflicto que vivimos y que sin duda nos
seguirá azotando en los próximos años? ¿Cuantos muertos más tendrán que
alfombrar Europa para que nos demos cuenta de que a las redes se les gana
con redes, que el campo de batalla no son los arenales de Iraq
sino "los
espíritus de los musulmanes"?