Miércoles, 14 de Septiembre de 2005

Historia de las redes I

Guardado por David en su moleskine a las 12:15 pm

La primera revolución de las redes, la que configuró nuestro mundo, supuso el paso de la tendencia a la organización centralizada y nacional propia del estado moderno a la descentralizada e internacional de los siglos XIX y XX.

Tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de poder
Ciberpunk~1990

La tecnología, en especial la de comunicaciones genera las condiciones de posibilidad para los cambios en la estructura de poder. Daniel R. Headrick, en The Tools of Empire defiende la tesis de que el imperialismo decimonónico europeo, que llegó a dominar tres cuartas partes de la superficie terrestre sólo fue posible cuando la tecnología de transportes y telecomunicaciones permitió que

las redes económicas se establecieran (…) A fin de cuentas antes de que una colonia pudiera conviertirse en valiosa y en un anexo de una economía europea, una red de comunicaciones y transporte tenía que haber sido tendida.

La clave que habría hecho posible el reparto de Africa en Berlín en 1885 habría sido la previa existencia de una primitiva red de telecomunicaciones instantáneas: el telégrafo.


En noviembre de 1851 se abrió al público la primera línea de telégrafo entre el Reino Unido y Francia. El primer mensaje directo entre Londres y París llegaba pocos meses más tarde. En 1858 el primer cable transatlántico unía EEUU a la red europea. Eran los comienzos de lo que Tom Standage bautizó en un estupendo libro epopeya, como Internet Victoriana .

Aunque Standage se manifiesta irónico en su libro sobre el efecto final del telégrafo sobre las relaciones diplomáticas, en la medida en que modificó los asuntos militares no deja de ser interesante que los tres primeros protagonistas de aquella red hayan formado bloque hasta ahora.

Y es que el telégrafo no sólo unió las bolsas, sino que realmente unió y mestizó los intereses económicos de los tres países, dando impulso a la primera globalización tanto como al imperialismo. Y lo impulsó con más potencia que la rivalidad generada por las fuerzas centrífugas de la competencia entre los tres países.

El nacimiento de las agencias de noticias (Associated Press y Reuters), hijas directas del telégrafo, contribuyó además a casar el “orden del día” del debate público entre las tres potencias.

Es difícil entender hoy el cambio que supusieron las agencias de noticias para la democracia. En un primer momento la novedad es que permitieron incorporar noticias nacionales y globales a la prensa local en un momento en que la alfabetización crecía tanto por necesidades productivas (las máquinas requerían cada vez más habilidades de manejo de los obreros) como por la acción educativa del propio movimiento sindical y asociativo.

Pero al incorporar la prensa popular (y no sólo la “burguesa” que era inabordable tanto en precio como en lenguaje a la mayoría de las personas) asuntos nacionales e internacionales, hasta entonces reducto de las cancillerías y la élite, la política exterior y “de estado” pasó a formar parte de de aquello sobre lo que cualquier ciudadano medio, independientemente de su clase social, tenía opinión. Los argumentos del sufragio censitario se hacían obsoletos porque la información y la opinión abarcaban ahora al conjunto de la ciudadanía.

De hecho el telégrafo también fue la clave del ascenso de nuevos sujetos con nuevos valores. Fue la clave que permitió soñar con acciones sindicales coordinadas entre Francia e Inglaterra. La convocatoria en 1864 de la conferencia que daría pie a la fundación Primera Internacional, fue una hija directa del tendido del primer cable telegráfico bajo el canal de la Mancha. Se trataba de contrarrestar que los patrones enfrentaran las huelgas a un lado y otro del canal trasladando la producción. Los sindicatos y los grupos obreros habían visto en el telégrafo la posibilidad de coordinar sus reivindicaciones. El internacionalismo obrero, que marcaría el final del siglo XIX y el primer tercio del XX fue, como su opuesto, el imperialismo, una posibilidad sólo abierta por aquella primera red internacional de cables de cobre.

Pero la traducción política completa de las consecuencias de la nueva estructura de la información llegarían con la Segunda Internacional (1889). Su objetivo era fomentar grandes organizaciones que coordinaran los movimientos sociales a nivel nacional, elevando los intereses de los trabajadores a la agenda política y los Parlamentos. Podemos decir que la SocialDemocracia y su modelo, el SPD, son los hijos de aquella visión “descentralizada” (que no distribuida) del mundo, desde su organización territorial hasta su concepción del estado. El caso del socialismo francés, es anecdóticamente llamativo pues su historia va ligada, por encima de París, a una pequeña ciudad de provincias, Clermont Ferrand, cuya centralidad reside en la estructura ferroviaria y telegráfica francesa.


Hoy nos parece natural, por establecida, la concepción descentralizada del poder, la articulación de las organizaciones humanas (estados, empresas, asociaciones…) en niveles jerárquicos correspondientes a espacios territoriales. Nos parece natural la estructura de representación social y política que de ahí deriva y nos parece natural que se produzca por progresivas fases de centralización (local, regional, nacional, internacional, global…) de decisiones que en cada nivel se producen sobre un universo igual de temas.

Esto no era así antes del telégrafo, ni siquiera en las organizaciones políticas más “avanzadas” surgidas de la revolución francesa, la concepción descentralizada era tan pura, el universo de temas era diferente en cada nivel (cuando había varios) y la tendencia era a una réplica del sistema de postas del Antiguo Régimen, el famoso centralismo jacobino.

Originalmente esa estructura descentralizada es producto de la interconexión efectiva de redes centralizadas, pero a largo plazo tendrá su propia lógica, generando nuevos nodos superiores no nacionales, como las agencias de noticias primero o las primeras multinacionales después, cuyo ejemplo último, la IBM, demostró el vigor de la jerarquización autónoma de sus nodos hasta el extremo, abasteciendo a ambos bandos durante la Segunda Guerra Mundial. Según algunos investigadores, la lógica además era la de una organización descentralizada “pura”, donde una rama del árbol puede aislarse del resto. IBM, ante los requerimientos de la cancillería nazi de obtener información tecnológica aliada y del presidente Roosevelt de bloquear el sistema de gestión alemán, habría dado un ultimatum simétrico a ambos, parejo a una promesa de impermeabilidad. Sólo el presidente fundador de IBM, cúspide el árbol jerárquico descentralizado, tendría la información de ambos lados. Para hacerlo legalmente posible, la rama alemana de la multinacional se habría hecho completamente independiente desde 1941. Sin embargo, según los mismos investigadores los rastros históricos permitirían probar que esto sólo era una fachada legal.

La primera revolución de las redes, la que configuró nuestro mundo, supuso el paso de la tendencia a la organización centralizada y nacional propia del estado moderno a la descentralizada e internacional de los siglos XIX y XX. Pasamos de los estamentos locales a las clases nacionales, de la guerra entre estados a las guerras entre bloques y alianzas, de la colonia al imperialismo, de los partidos club a los partidos de masas. Y todo ello fue posible por la primera gran revolución de las telecomunicaciones.

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