La sociedad de las redes distribuidas IV


¿Cómo enfrentar el poder desde Internet? ¿Cómo pasar de la declaración a la
acción? ¿Es posible la estrategia en un mundo de redes distribuidas?

Tan revelador como las formas y los lenguajes de la "Primavera de las redes"
fue la incapacidad del poder para entender a qué se estaban enfrentando. Al
carecer de una estructura estrictamente jerárquica que supervise y
comunique, las viejas organizaciones sienten que sus antagonistas son cada
vez más inaprensibles. La clave de las redes distribuidas está en su
identidad, en la existencia de un espíritu común que los netócratas modulan
a través de mensajes públicos.

En realidad y aunque parezca paradójico, nunca la tecnología había sido tan
instrumental, tan poco protagonista por si misma como en los nuevos
conflictos. Como escribían, ya en los 90, Arquilla y Ronsfeld:

La revolución informacional está cambiando la forma en que la gente lucha a
lo largo de todo el espectro del conflicto. Lo está haciendo
fundamentalmente mediante la mejora de la potencia y capacidad de acción de
pequeñas unidades, y favoreciendo la emergencia de formas reticulares de
organización, doctrina y estrategia que hacen la vida cada vez más difícil a
las grandes y jerárquicas formas tradicionales de organización. La
tecnología importa sí, pero supeditada a la forma organizativa que se adopta
o desarrolla. Hoy la forma emergente de organización es la red.

En este mundo reticular, con una multiplicidad de agentes que actúan
autónomamente, coordinándose espontáneamente en la red, el conflicto es
multicanal, se da simultáneamente en muchos frentes, emergiendo del aparente
caos un orden espontáneo (el "swarming") que resulta letal para los viejos
elefantes organizativos. Esta coordinación no requiere en la mayoría de los
casos ni siquiera una dirección consciente o una dirección centralizada. Al
contrario, como señalaba el propio profesor Arquilla: la identidad de red,
"la doctrina común es tan importante como la tecnología.

La misma guerra en la sociedad red, la netwar, es una guerra de corso, en la
que pequeñas unidades "ya saben lo que tienen que hacer" y saben que tienen
que comunicarse entre si no para preparar la acción sino sólo a consecuencia
de ella y sobre todo, a través de ella. La definición de los sujetos en
conflicto, lo implícito, es más importante en este tipo de enfrentamiento
que lo explícito (los planes o estrategias basados en líneas causales
acción-reacción).

El swarming es la forma del conflicto en la sociedad red, la forma en que el
poder es controlado en el nuevo mundo y al tiempo la forma en que el nuevo
mundo logra su traducción de lo virtual a lo material.

¿Cómo pues organizar acciones en un mundo de redes distribuidas? ¿Cómo se
llega a un swarming civil? En primer lugar renunciando a organizar. Los
movimientos surgen por autoagregación espontánea, así que planificar qué va
a hacer quién cuando, no tiene ningún sentido, porque no sabremos el qué
hasta que el quién haya actuado.

El ciberactivismo hoy se basa en desarrollar tres vías, unidas por un mantra
mil veces escuchado en los movimientos de estos años: empowering people

Discurso: El ciberactivismo con éxito tiene mucho de profecía autocumplida.
Cuando se alcanza una masa crítica de gente que no sólo quiere sino que cree
poder cambiar las cosas, el cambio se hace insoslayable.
Por eso los nuevos discursos revolucionarios parten del empowering people,
de relatos de individuos o pequeños grupos con causa que transforman la
realidad con voluntad, imaginación e ingenio… es decir, los nuevos discursos
definen el activismo como una forma de hacking social.

Son los nuevos mitos y además en un sentido absolútamente postmoderno: no
imponen una jerarquía de valores estricta, un juego de valores y un credo,
al modelo de los socialistas utópicos o los randianos, sino que dan
"rangos", cauces de una cierta manera de mirar el mundo de un cierto estilo
de vida que será el verdadero aglutinante de la red. Por eso toda esta épica
discursiva lleva de suyo un fuerte componente identitario que facilita a su
vez la comunicación entre pares desconocidos sin que sea necesaria la
mediación de un "centro", es decir asegura el carácter distribuido de la red
y por tanto su robustez de conjunto.

Herramientas: Es más importante el desarrollo de herramientas que hagan
cláramente visible la posibilidad del hacking social a los individuos (como
este mismo libro o Ciberia) que cualquier convocatoria que podamos armar. El
ciberactivismo, como hijo de la cultura hacker, se reitera en el mito del
hágaselo usted mismo, de la potencia del individuo para generar consensos y
transmitir ideas en una red distribuida.
La idea es: desarrolla herramientas y déjalas a disposición pública. Ya
habrá quién sepa qué hacer con ellas, las herramientas no son neutrales.
Desde archivos descargables para hacer plantillas, volantes y camisetas, a
software libre para hacer y federar blogs, pasando por manuales de
resistencia civil no violenta con mil y un pequeños gestos cotidianos que
propagar. Todo lo hemos visto en Servia primero y en Ucrania y Kiguizstan
después. Y funciona

Visibilidad: Las herramientas tienen que estar pensadas para que la gente,
mediante pequeños gestos, pueda reconocerse en otros como ellos. La
visibilidad del disenso, la ruptura de la pasividad es el culminación de la
estrategia
de empowering people.
La visibilidad es algo por lo que hay que luchar permanentemente. Primero en
el online (valga una vez más el ejemplo de los agregadores) y luego en el
offline. La visibilidad y por tanto la autoconfianza del número es la clave
para alcanzar tipping points, momentos en los que se pasa la masa crítica y
la información o las ideas se propagan exponencialmente.

De ahí la importancia simbólica y real de las mobs, manifestaciones
espontáneas convocadas mediante pásalo, blog a blog como en Bielorusia o SMS
a SMS como en Madrid o Manila.

Un ciberactivista es alguien que utiliza Internet y sobre todo la blogsfera
para difundir un discurso y poner a disposición pública herramientas que
devuelvan a las personas el poder y la visibilidad que hoy monopolizan las
instituciones. Un ciberactivista es un enzima del proceso por el que la
sociedad pasa de organizarse en redes jerárquicas descentralizadas a
ordenarse en redes distribuidas básicamente igualitarias.

Usar todas las posibilidades del nuevo medio, ser ciberactivista de verdad,
implica un mínimo libertarismo. La otra opción, la de aquellos que siguen
definidos en los viejos ejes, de los neozapatistas a la ultraderecha pasando
por nacionalistas de todo tipo, no puede pasar de la propaganda. Propaganda
que puede llegar a ser muy efectiva, vistosa e incluso participativa, pero
que al fin no busca devolver el poder a las personas, sino que estas acepten
la mediación y el liderazgo del grupo y la organización salvífica de turno.

La potencia de las redes distribuidas sólo puede ser plenamente aprovechada
por los que creen en un mundo de poder distribuido. De ellos, de nosotros,
los ciberactivistas, es el futuro.