SMSs y ciberturbas


En la última entrega -a falta de las conclusiones- de nuestro Manual
Ilustrado para Ciberactivistas tratará sobre el difícil tema del salto al
"off line", del ciberespacio a la calle y los actos públicos

En noviembre de 2003 el economista Juan Urrutia publicó en su web un pequeño
ensayo titulado "Aburrimiento, rebeldía y ciberturbas". Su idea central era
relativamente sencilla:

Los individuos tienen "estrategias de propagación", es decir, gustan de
compartir y transmitir las ideas en las que creen. Cuando consideran estas
especialmente importantes por lo que sean y sin embargo no son compartidas
por su entorno cercano, (su "cluster" en la red), pasan símplemente a
modificar su propia red y buscar la relación con otros más afines. Bien
porque quieren aumentar el alcance de la información (y los nodos a su
alrededor no "pasan" la info) o porque las posiciones que expresa no son
admitidas por su cluster original. En análisis de redes sociales a ese
cambio le llamamos "estrategia de transformación". Y es en ese marco es en
el que tienen éxito las convocatorias que desde el online llaman al
encuentro offline, lo que Urrutia llamaba "ciberturbas".

Las ciberturbas son por consiguiente tanto más probables en función de dos
factores. Objetivamente cuanto más fácil es entrar en contacto con personas
con las que nos unían lazos débiles, es decir, cuanto mayor es el ámbito de
las redes distribuidas. Y subjetivamente cuanto más urgente y relevante es
considerado el tema de movilización por los actores.

Según Urrutia, el efecto potencial de las ciberturbas es generar una masa
crítica que permita la decantación y el cambio de mayorías en el discurso de
la red social o al menos de subredes relevantes en ella.

Es importante profundizar en este último matiz, porque una de las claves del
éxito de las movilizaciones masivas y muchas veces verdaderamente heroicas
que hemos visto en las revoluciones de colores siempre iban ligadas a
procesos electorales. Procesos donde finalmente las movilizaciones
decantaban mayorías que con todo nunca llegaban a ser abrumadoras, aunque
gracias a las limitaciones del sistema de representación democrática (el
ganador gana igualmente por un voto que por un millón) tuvieran
consecuencias transformadoras radicales.

Es decir, después de todo, el efecto de las movilizaciones sobre los
resultados electorales era aunque suficiente para cambiar el resultado,
relativamente pequeño en términos de la población total. La escenificación
del descontento, la mob, servía sobre todo para decantar a los elementos
disidentes que minoritarios eran acallados o sentían presión suficiente como
para tornarse pasivos en el interior de subredes "del otro lado". La
práctica del Este europeo confirmaba el modelo de Urrutia.

Y de hecho, unos meses después de su ensayo vivimos en España un ejemplo
modélico de paso de movilización de la blogsfera a la calle, el 13M, que
reprodujo los mismos esquemas: fue prácticamente idéntico en su estructura
al EDSAII que sacó del poder al presidente Estrada en Filipinas (2000) y con
notables puntos de encuentro con las "Revoluciones de Colores" y
especialmente con el "Otpor" servio que llevaría a la caída de Milosevic
(2001) y la recientes revoluciones "naranja" en Ucrania y "de los tulipanes"
en Kirguizistán (2004).

El repaso de los hechos es un modelo en cascada de cómo, de forma
espontánea, la propia dinámica de las redes distribuidas puede llevar al
swarming partiendo desde la blogsfera y utilizando como canal de salida
herramientas "intermedias" (distribuidas pero desvinculadas de la conexión a
Internet) como los teléfonos móviles. Veamos:

Tras el atentado (11 de marzo) y ante la inminencia de unas elecciones
generales (14 de marzo), el gobierno intenta orientar a la opinión pública
atribuyendo la autoría del ataque a ETA. Utiliza su influencia sobre la
estructura de los medios de comunicación para transmitir esta versión que
piensa le favorecerá electoralmente. Se ve entonces la limitación de las
redes descentralizadas de información: una llamada de teléfono del
Presidente Aznar bastará para que todos los grandes periódicos atribuyan a
ETA la autoría en sus portadas.

Sin embargo, la policía sigue desde primera hora ya otras pistas que
orientan la idea de la autoría en otro sentido (AlQaida) y en este mismo
sentido van las sospechas de la opinión pública en el resto del mundo.
Internet y en especial la entonces aún pequeña blogsfera española servirán
de base a un debate que los medios de comunicación tardarán demasiado en
recoger.

El flujo de Internet se multiplica por ocho. Sin embargo el tráfico hacia el
exterior sólo lo hace un 8%. Esto ilumina una de las claves del swarming: en
una red distribuida conectada con el exterior por algunos clusters,
subredes, basta que unos pocos conectores abran el flujo para que la
información llegue a un cluster determinado. Basta con que una pequeña
cantidad de blogs transmitan y traduzcan lo que se discute en otras
blogsferas de otros ámbitos lingüísticos para que la información acabe
llegando al debate general… y en muy poco tiempo.

De hecho este modelo se repitió socialmente. La blogsfera española era
pequeña en aquel momento y pequeño era también su número de lectores. Era
sólo un cluster -aunque especialmente activo- dentro de la red social
global. Pero su debate se filtró al debate social a través de conectores, de
activistas, de ciudadanos especialmente enfadados ante lo que consideraban
una manipulación electoralista en un momento de dolor generalizado.

Esta filtración es a su vez relativamente pequeña. Es la que se manifestará
en la convocatoria espontánea mediante SMS de concentraciones en las puertas
de las sedes del partido gubernamental (al más puro estilo de las
revoluciones de colores).

Finalmente, la materialización del descontento en aquellas movilizaciones de
la noche tarde de la jornada de reflexión transmitirían al conjunto de la
población -que esa misma noche tendría la noticia de las primeras
detenciones de personas presuntamente vinculadas a AlQaida- la idea de que
habían sido víctimas de una manipulación informativa generada por el
gobierno y difundida por los medios. El swarming tocaba techo y se
materializaba en un vuelco electoral el día 14. Se pasaba del "empate
técnico" que auguraban los más aventurados, a una clara derrota del partido
entonces en el gobierno.

Lo que había sido una posibilidad teórica era ya una realidad histórica: en
España había tenido lugar un primer swarming civil contra el poder político.
Y el origen había estado en la blogsfera, el primer espacio informativo
distribuido.

Un modelo práctico
Lo bonito del 13M es que es modelo de un swarming espontáneo, nacido de
inteligencia colectiva de la red distribuida en una situación límite. Desde
el punto de vista del ciberactivista es uno de los mejores ejemplos de hasta
que punto es útil apostar por bloguizar, por extender la comunicación social
distribuida.

Pero más allá de éso, del modelo de organización social espontáneo de
aquellos días pueden sacarse lecciones sobre el paso del debate deliberativo
y la agitación en la red a la movilización masiva en la calle. Lecciones que
nos iluminan sobre la conexión entre la blogsfera y la gran red social.

El "salto" se produce sobre la base de movimientos reactivos. Es decir
frente a cambios en las condiciones sobre las que se asientan los
equilibrios en las redes sociales. Difícilmente un movimiento propositivo
puede dar el salto, nadie que está elaborando nuevas propuestas, buscando
alternativas, siente la necesidad de recomponer su red social por ello. Si
se producen mobs serán testimoniales, con esa inevitable sensación de
encontrate con "los mismos de siempre", lejos del efecto explosivo, la
sensación de masa crítica, de nueva red que se está formando de las
movilizaciones que surgen espontáneamente.
Previamente al paso de la blogsfera a la calle, es necesario que online se
esté produciendo un debate tan amplio como efervescente. En todas las
campañas hay conexiones con el mundo presencial (carteles distribuidos,
octavillas, logos…). Cuando de repente vemos que "aparecen" en nuestro
entorno físico, es decir, cuando se nos hace visible la red invisible de
afinidad que a través del online nos ha unido con otros, es que algo empieza
a cambiar, que la red busca expandirse y que realmente como ciberactivistas,
como enzimas, ya cumplimos esa parte de nuestra función.
Si esto es así tarde o temprano aparecerán espontáneamente convocatorias
"limpias", de esas que cualquiera puede hacer suyas. O podremos plantearlas
nosotros. La experiencia nos dice que no hay nada para esterilizar una
movilización como intentar asociarla con un nodo concreto o
patrimonializarla. De hecho funcionan aquella que han hecho suyas tantos
nodos
que así que no se puede determinar siquiera el origen, el punto de
partida.
El medio de convocatoria no tiene que ver con el nivel de desarrollo
económico sino con las formas de extensión y socialización de las
tecnologías asociadas a la comunicación distribuida. En Argentina,
Filipinas, Japón o España, donde la penetración de Internet es menor que la
de teléfonos móviles, los SMS aparecen como "capa intermedia", como medio
conector entre la blogsfera y el conjunto de la gran red social. En Ucrania,
Bielorusia o EEUU Internet "salta" directamente al mob o a través de medios
P2P tradicionales (buzoneo de pasquines, pintadas, puerta a puerta,
carteles…).
Pero seguramente la lección más importante es que el paso de la red
distribuida virtual a la presencia en la calle se da cuando es una necesidad
del propio proceso de movilización, cuando las personas sienten que
necesitan hacerlo dentro de su propia lógica… y entonces, se nota. Cualquier
intento de "provocarlo", de empujarlo, de "fabricarlo" está condenado al
fracaso.

No hay "arte" que valga. El arte de comunicar y transmitir mensajes que
aglutinen en una propuesta de acción el espíritu de una gran red en un
momento dado (y en ese sentido el famoso SMS del 13M es una verdadera joya
literaria), sólo funciona cuando previamente ese espíritu y la necesidad de
esa propuesta existen colectivamente en una parte sustantiva de los nodos de
red a los que se dirige.

En el paso de la blogsfera a la calle, la principal virtud del
ciberactivista es analizar y saber escuchar para así entender la dinámica y
los deseos que, a través de la red, las personas expresan. No perder de
vista ni el cuadro general ni que la movilización no es producto de su
actividad ni de su genio, sino la expresión de las posibilidades de
interacción de cientos de personas en redes distribuidas. Redes donde por
primera vez, ningún nodo es decisivo.

Ni siquiera uno mismo, el ciberactivista, un enzima, en el caldo originario
donde fermenta un mundo nuevo.