CROMAÑÓN,
A UN AÑO DE LA DESTITUCIÓN
…Además,
es este siglo obligatorio
que en airada espesura nos reúne,
el que regala al ojo la cumbre y el camino,
el que pregunta al alma por sus puños finales,
el que deja vibrando la fiel liquidación de las preguntas.
El panorama es un cuchillo rudo: uno nace entre todos
los hombres y los árboles,
pariendo el junco responsable que el huracán penetra:
posee uno la lámpara que con su luz idéntica
descubre donde nace la lágrima
digna de ser borrada en lo que nos rodea.
Hablando
para Mí-( fragmento)
de Roque Dalton Garcia
En Enero de
2004, unos pocos legisladores integrantes del Interbloque
de Izquierda, presentamos el pedido de juicio político al entonces Jefe de
Gobierno Aníbal Ibarra. Habían transcurrido pocos días desde la masacre del
Boliche Cromañón y los medios de comunicación sumaban
diariamente otra víctima fatal a la lista ya conocida. No había por cierto
acuerdo en el interbloque para la presentación,
algunos compañeros sostenían que intentar por la vía de las instituciones burguesas la
destitución de Ibarra, un miembro estelar de la corporación política de la
Ciudad, era delirante, y además nos distraía en momentos en que la lucha de
familiares y amigos en la calle, acompañada por gran parte de la ciudadanía
capitalina amenazaba con llevarse puesto a todo el ejecutivo de la Ciudad y
sacudía las alianzas parlamentarias que sostuvieron y garantizaron durante cinco años de gobierno ibarrista las condiciones que gestaron y produjeron la
masacre de Cromañón. La discusión estaba abierta, y
las reuniones de interbloque eran tempestuosas.
Podíamos atacar así a Ibarra sin ser acusados de complicidad con la derecha?, algo que constituye para la izquierda la peor pesadilla.
Qué cambiaría si se iba Ibarra?, después de todo si el se iba venía Telerman.
Desde cuando
creíamos en las instituciones burguesas?.
En lo
personal, intentaba además en aquella época procesar el brutal estallido del
bloque de Autodeterminación y Libertad que me llevó no solo a formar un bloque
unipersonal sino a replantearme el sentido de permanecer en la representación
sin el proyecto político que me había llevado a la banca.
Cuando
decidimos participar en las elecciones del 2003, muchos de los que rechazábamos
la representación y apostábamos a nuevas formas de construcción política
aceptamos entrar al vientre de la bestia para ver si era posible, por los
intersticios de la superestructura sumar potencia a las luchas de las cuales
éramos parte. El sueño de muchos compañeros se hizo trizas y cada uno intentaba
restañar sus heridas como podía. Entonces, el vendaval de muerte y horror que
trajo Cromañón, nos obligó a despertar ante la
monstruosa constatación acerca de cómo
el capital que transforma la vida en mercancía es dueño, socio y parte del
Estado que en otro tiempo se proclamaba garante de la misma.
Las
reuniones de jefes de bloque se sucedían en el salón Eva Peron,
la corporación desplegaba todos sus recursos para desactivar la lucha en la
calle, pero sobre todo para impedir que la misma ganara el recinto. No era
posible observar diferencias ostensibles entre ibarristas
(declarados o simpatizantes como el ARI y el socialismo), macristas y kirchneristas que con diferencias internas ostensibles,
recibían permanente presión y amenazas desde el Ejecutivo Nacional para defender lo que ya estaba claro era
indefendible.
La lucha de
padres familiares amigos y de la ciudadanía, sin embargo derribó las barreras
defensivas y a pesar de que no logramos los votos para la interpelación, Ibarra
tuvo que concurrir al recinto a dar explicaciones.
Entonces en
la medida en que la trama de corrupción, coimas, negociados y complicidades,
era develada la convicción sobre la necesidad de insistir e impulsar el juicio
político fue creciendo en muchos de nosotros.
De esta
manera perversa, que cobró la vida de tantos chicos, mi permanencia en la banca
para sumar potencia a la lucha por verdad y justicia se re-significó. No
pudimos lograr que se fueran todos como cantamos en el 2001, pero al máximo
responsable por la muerte de casi 200 jóvenes llenos de sueños y de vida, podíamos
destituirlo.
Durante el
año 2005 la Comisión Investigadora y la Sala Acusadora, vigiladas de cerca por
padres, familiares y sobrevivientes, llegaron a la conclusión de que el juicio político era
procedente. No podíamos creer que en
definitiva y más allá de todas las operaciones, la compra de votos, y el
despliegue fastuoso del aparato extorsivo y disciplinador del
Estado sobre los bloques legislativos, el juicio avanzaba, imparable.
Todos
sabemos cuan difícil fue lograr sumar los diez votos necesarios para la
destitución. Familiares padres, sobrevivientes y amigos que acompañaron el
proceso fueron testigos asombrados del inagotable flujo de influencias que el
poder sabe desplegar sin piedad ni ética para lograr sus objetivos. La
corporación legislativa se contraía presa de convulsiones y espasmos, al tomar
conciencia del peligroso precedente que sentaba al echar a uno de sus hijos
pródigos. Pero allí estaban los padres y familiares, recorriendo los despachos,
los pasillos y los baños, exigiendo, advirtiendo que esta vez no iban a
permitir que la impunidad ganara otra batalla. Allí estaban parados, dignos
desde su dolor sin consuelo, recordando a todos los legisladores para qué estaban sentados en sus bancas y a
quien debían responder.
Muchos diputados y asesores susurraban en
privado:" nunca se va a permitir que la gente, el común, el pueblo… eche a
un jefe de gobierno,… es un antecedente intolerable,… ya van a ver, los diez
votos no están. Ibarra ya se aseguró seis votos,… Olvídenlo"… .
Pero cuando
la desesperanza nos ganaba, allí estaban los padres seguros, firmes marchando y
en vigilia, sin renunciar nunca a la lucha.
El 7 de
Marzo de 2006, diez legisladores votaron ante la mirada incrédula del
oficialismo la destitución del Jefe de Gobierno de una de las grandes capitales
del mundo.
Hoy a un
año, Ibarra grita cruel desde el cartel " voy a volver"; los padres,
familiares sobrevivientes y amigos en lucha saben que los cantos de sirena de
la corporación política de la ciudad de Buenos Aires que auguran su retorno, solo
pueden embaucar a navegantes incautos, pero nunca a quienes han transformado el
dolor en potencia, y la lucha en razón para vivir.
En diciembre
de 2005 culminó mi mandato como legisladora de la ciudad de Buenos Aires. Todavía
reflexiono acerca de mi experiencia en la superestructura; todavía tengo mucho
que procesar y aprender de la misma para poder valorarla con justicia, lejos de
los dolores que me ha causado.
La ciudad de
Buenos Aires no volverá a ser la misma después de la masacre del Boliche Cromanón, y aunque la clase política finja amnesia, la
superestructura exhibe desde la destitución del jefe de gobierno, una herida
ética que en cualquier momento puede derrumbarla; el pueblo de la ciudad de
Buenos Aires con la movilización y la fuerza de la verdad, sabe como hacerlo.
NI
OLVIDO NI PERDON!
LOS
PIBES DE CROMAÑON PRESENTES!
AHORA
Y SIEMPRE!
Susana
B. Etchegoyen
Legisladora
de la C.A.B.A (m.c)