MASACRE
DE CROMAÑON: ALGUNAS REFLEXIONES AL PIE DEL DOLOR
A la memoria de mi hijo
Julián, 18 años de sueños arrancados en una noche.
El 30 de diciembre de 2004, murieron en Buenos Aires, a raíz de un
foco de incendio en un “boliche” (local bailable) llamado tal vez
premonitoriamente “República de
Cromagnon”, al menos 194 personas, la gran mayoría muy jóvenes –aunque
parezca mentira, los familiares seguimos reclamando del gobierno la lista
oficial de fallecidos y heridos, y no la tenemos- y quedaron con secuelas un
número indeterminado de sobrevivientes, que pueden contarse por varios miles,
ya que había esa noche unas 5000 personas escuchando a la banda de rock Callejeros.
Para los grupos de familiares, sobrevivientes y amigos que nos
fuimos juntando poco a poco –y que seguimos haciéndolo, a más de dos años, en
busca de justicia- fueron quedando claros los responsables directos de este
hecho, en una pirámide que no siempre es sencillo visualizar. Tales
responsables tienen nombres y apellidos y deberían ser juzgados, de manera ejemplificadora, por un Poder Judicial que, es evidente, no está dispuesto a hacerlo.
Pero además de los responsables directos, para muchos de nosotros
lo que desnuda Cromagnon es una
lógica de desprecio a la vida que es propia del sistema capitalista donde nos
toca ¿vivir?, una de cuyas expresiones más crudas es esta muerte joven,
absolutamente evitable.
Los responsables más evidentes fueron el Gobierno de
También fue responsable - aunque
no sea sencillo de probar, por sus propias características, - la sociedad “off shore” dueña tanto del
boliche como del hotel aledaño, una sociedad –como es común en los negocios de
nuestro país- integrada por miembros fantasmas o inventados, cuyo respeto mayor
por los negocios que por la vida provocó, por ejemplo, que esa noche ante la
necesidad urgente de evacuar, hubiera puertas cerradas con candado y una salida
de emergencia clausurada para no “molestar” a los huéspedes del hotel –o tal
vez a otros negocios que no conocemos-.
Fueron responsables además, muchos altos funcionarios de dicho
Gobierno de
Fueron responsables funcionarios Policiales –que dependen del
Ministerio del Interior, en la figura del tenebroso Aníbal Fernández- porque está
comprobado que hubo cohecho –es decir, coimas- . Se le suma a esto la actuación
ante la emergencia, una vez ocurrido el hecho, donde vemos –en fotos, en
videos- el accionar nefasto de la policía, ¡¡reprimiendo en algunos casos a los
propios chicos desesperados!!
Fueron responsables también altas autoridades de Bomberos,
involucrados en coimas. Los Bomberos dependen de Policía y por tanto, del
Ministerio del Interior.
Fue responsable Omar Chabán, empresario
de la noche y aparente “mecenas” de jóvenes bandas de rock and
roll. Un sujeto que, pese a una imagen
“transgresora”, no tuvo empacho en sostener con coimas una habilitación, como
no la tuvo en clausurar puertas ni en meter el triple o cuádruplo de público en
un lugar cerrado, ni tampoco en “adornar” con una “mediasombra”
(tela) tóxica, un techo, o con material sumamente inflamable y sin tratamiento anti-flama, para aislar los “ruidos molestos” que
posiblemente provocaran las bandas. Omar
Chabán, amigo personal de Aníbal Ibarra,–ya
desde la época en que Ibarra fue legislador-. Tampoco tuvo empacho Chabán, en huir esa noche y luego intentar eludir la
prisión que actualmente soporta.
Como se dijo en el Juicio Político al ahora destituido Jefe de
Gobierno, Aníbal Ibarra,
Cromañón no fue un accidente ni una tragedia.
Las causas de fondo que provocaron al
menos 194 muertes tienen relación con políticas nefastas que fueron hundiendo
Ibarra no es nada distinto. Él no lo quiere reconocer y trata de
demostrar incesantemente, que no es así. Inclusive auto victimizándose,
olvidando que las victimas son los chicos fallecidos, los sobrevivientes, las
familias destruidas de una noche para el día siguiente, y la nueva herida
abierta a la juventud.
Cromañón fue el resultado de la complicidad
entre empresarios de la noche y el gobierno, en un sistema de no control y
corrupción estructural en manos de funcionarios de primera línea, de los que
Ibarra era allegado directo y además responsable político.
Durante su gobierno, Ibarra invocó un “focazo de corrupción”, seguramente existente, pero nunca investigó ni sancionó a los corruptos.
Es más, algunos fueron simplemente
cambiados de lugar. Reemplazó el sistema existente por otro, donde en vez tener “zonas”, la corrupción pasó a estar centralizada en
manos de unos pocos funcionarios, que tenían todos un mismo
perfil: familiares, allegados directos o gente de máxima confianza de
Ibarra. Ninguno tenía capacitación especifica para los
altos cargos ocupados.
Como secretario de Justicia y Seguridad Ibarra había puesto al ya
nombrado Juan Carlos López, su ex cuñado, antes Procurador (o sea jefe de los
abogados) de
De López dependían tres subsecretarías: Seguridad, Control
Comunal, y Justicia y Trabajo. En Control Comunal estaba la
hoy procesada Fabiana Fiszbin,
íntima amiga de la senadora Vilma Ibarra.
Ese aparato oficial decidía desde arriba qué inspeccionar y qué
no. Como testimoniaron muchos empledos durante el
Juicio Político,: “no
había inspecciones de oficio sino por listas, se consultaba por handy (especie de teléfono celular) a los jefes si clausurar o no,
etc.” Y ese aparato actuaba en estrecha relación con los mismos empresarios
de la noche a los que supuestamente debía fiscalizar. Podríamos citar varios
casos, entre ellos los locales “Millenium” y “Follia”, cuyos dueños son máximos dirigentes de
Entonces, se manejó el esquema, para dotar a una serie de
funcionarios de máxima confianza de Ibarra de un verdadero superpoder en
materia de controles, en un sistema de recaudación ilegal, de caja política. Un
“robo para la corona”. En este marco
de corrupción se inscribe la falta de control a Cromañón.
El empresario Chabán coimeaba a la
policía de
El local ya fue mal habilitado en 1997: el entrepiso no tenía
escalera de emergencia y la salida no cumplía las normas de seguridad. En seis años, el gobierno de Ibarra nunca
investigó esa habilitación irregular. Algunos
otros datos:
- Desde marzo de 2003 el gobierno no hizo ninguna inspección. Y no
era un boliche más, sino de uno de los principales.
- En una revista con auspicio del propio gobierno se anunciaba “una fiesta de bengalas”.
- Hubo un inicio de incendio días antes del 30 y tampoco se hizo
nada.
- El certificado de Bomberos vencía el 24 de noviembre y, no
obstante,
- Durante su mandato, Ibarra recibió numerosos alertas de que algo
así podría pasar. Muchos están certificados: los de los medios de comunicación
(denuncia de que el 85% de los locales bailables están en malas condiciones y/
o no poseen habilitación para las actividades que allí se desarrollan), los que
le dirigió
Ya una vez ocurrido el hecho, y mientras los familiares
desesperados buscábamos a nuestros chicos, nada funcionó.
Existía al menos en “los papeles”, un Consejo de
Ibarra tampoco cumplió el Plan Maestro Metropolitano, que
existe en la ciudad de Buenos Aires –donde recordamos, ya han ocurrido
desastres del nivel del avión de Lapa, y de los atentados contra
Respecto del Plan Maestro hay que
destacar, que a casi cinco años de gestión, Ibarra no dictó la norma básica de
planeamiento necesaria para aplicarlo.
Durante esa noche, la preocupación del
Gobierno fue evacuar rápidamente el lugar, no en atención a las víctimas sino para
evitar que las imágenes dantescas recorrieran el mundo. Se intentó salvar la cara
del gobierno y no la vida de lo chicos. En medio del caos, sin señalizar las
calles, sin clasificar a las victimas según su gravedad como establecen normas internacionales. Con ambulancias que no tenían la cantidad
suficiente de ¡tubos de oxigeno! O con tubos vencidos. –es decir, no “alta tecnología” sino
atención mínima de baja complejidad-.
Los hospitales tampoco fueron utilizados según prioridades; baste decir que el
hospital de la ciudad más especializado en problemas respiratorios (la mayoría
de los chicos murieron por asfixia inhalatoria
combinada con gases de alta toxicidad como el cianuro, además de los que
fallecieron por aplastamiento) casi no tuvo pacientes derivados. Un dato
trágico prueba que fue más fuerte y heroica la solidaridad entre los propios
jóvenes, que el accionar del gobierno: se calcular que el 40% de los chicos
murió por volver a entrar al “boliche” para sacar a sus amigos, sus compañeros
o a otros chicos desconocidos. ¿Cuándo
se recordará a esos héroes?
Podríamos sumar –como pensamos muchos
familiares- entre los responsables, también al grupo Callejeros, quienes si
bien todos entendemos, no crearon las condiciones estructurales para que la
masacre ocurriera, sin duda entraron
-concientemente o no- en la lógica del “todo vale”, en una lógica
empresarial corrupta, vendiendo bajo su responsabilidad muchas más entradas que
lo que la capacidad del lugar hubiera permitido, y haciendo caso omiso del conato
de incendio de días anteriores. Esto nos lleva a pensar, junto a nuestros
jóvenes: ¿es necesario entrar en esta manera de funcionar, es imprescindible
que porque “la sociedad es injusta” y “así es el negocio”, como grupo, no
cuiden a su propio público? ¿es necesario quedar al
margen de las marchas y de las luchas, colocándose también en el lugar de la
víctima?
Hasta aquí este relato descriptivo de lo
que ocurrió. Después vinieron las marchas, la organización de familiares,
sobrevivientes y amigos, la lucha que no cesa pese a estos más de dos años de
impunidad.
¿Qué nos queda a familiares,
sobrevivientes y amigos?
Es imposible hacer un balance definitivo
–todo sigue, todo se complica, siempre hay nuevos espacios para luchar, y nunca
podría hacerlo una persona sola. Cualquier evaluación deberá ser producto de un
colectivo que pueda reflexionar tomando cierta distancia de lo sucedido, aun en
medio del dolor. Y con la dura realidad de que los chicos no volverán, hagamos
lo que hagamos.
Entonces, aquí van algunas reflexiones
provisorias, como para un borrador de un “texto” que está en permanente
construcción.
Los familiares, sobrevivientes y amigos desarrollamos nuestra
lucha en varios planos. Podrían
esquematizarse básicamente en tres:
Un
plano ha sido el Juicio Polìtico al ahora destituido Jefe
de Gobierno de
“ En enero de 2004, unos pocos legisladores
integrantes del Interbloque de Izquierda, presentamos
el pedido de Juicio Político al entonces Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra. (…).
No había por cierto acuerdo en el interbloque para la
presentación, algunos compañeros sostenían que intentar por la vía de las
instituciones burguesas la destitución de Ibarra, un miembro estelar de la
corporación política de
(sin
embargo) … Ibarra tuvo que concurrir al recinto a dar explicaciones. Entonces
en la medida en que la trama de corrupción, coimas, negociados y complicidades,
era develada la convicción sobre la necesidad de insistir e impulsar el juicio
político fue creciendo en muchos de nosotros.
(…) No pudimos lograr
que se fueran todos como cantamos en el 2001, pero al máximo responsable por la
muerte de casi 200 jóvenes llenos de sueños y de vida, podíamos destituirlo.
Durante el año 2005
En el Juicio Polìtico, Ibarra y el poder
al cual representa pusieron en juego muchos mecanismos casi imposibles de
pensar previamente por nosotros,
familiares de las víctimas. Como plantea Claudia Korol,
(2)
“
Se trata ya no sólo
de las responsabilidades concretas que llevaron a su destitución como Jefe de Gobierno,
sino también a la suma de maniobras que
se urdieron para el salvataje de su puesto, desde
presiones sobre los legisladores, sobre los medios de comunicación, y el
chantaje y la manipulación de los movimientos sociales que dependían de los
subsidios o asistencia social del gobierno de la ciudad, para acarrearlos a
movilizaciones en su apoyo. Y tan grave como eso, es la responsabilidad de
alterar de acuerdo a las necesidades personales el concepto de
institucionalidad democrática que él mismo ayudó a fundamentar, cuando el
funcionamiento de los mecanismos establecidos para el control de los
gobernantes fue descalificado con el término de "golpe
institucional".
Hablar de golpe, en Argentina, no es un
chiste. Moviliza
los temores más irracionales, que llevamos adheridos a nuestros cuerpos quienes
hemos vivido y sobrevivido a otros golpes. Pero pasado un año, podríamos
preguntarnos: ¿de qué golpe hablaba Ibarra? ¿Del golpe que llevó como jefe de
gobierno a su vice, Jorge Telerman?
¿O no sería el auténtico golpe alterar los criterios de institucionalidad, en
el momento preciso en que los intereses personales o de un grupo se ven
afectados?”
Otro
plano es el Juicio Penal. Un juicio que por ahora revela una Justicia lejana a la
“independencia de poderes” consagrada por
cumplir órdenes del Poder Ejecutivo,
encarnado tanto en
Una justicia que ha actuado muy rápido cuando se trató de imputar
a los familiares por supuestos delitos en todo caso menores (entre
ellos se encuentra, ¡quemar una foto de Ibarra!!)
Imaginémonos la situación: de un lado de la llamada “balanza” (¿) de la justicia, el asesinato impune de al menos 194
personas ; del otro lado, un familiar enojado que rompe una foto. A quién se
imputa? Adivinaron: al familiar enojado.
Entonces, para muchos de nosotros, y teniendo en cuenta los
tiempos procesales que favorecen a los funcionarios, no se trata de creer o no creer en “
Un
tercer plano es el del Juicio ético de la sociedad: aquel que puede ayudar al
verdadero “nunca más” de Argentina República de Cromañòn
en que se ha convertido nuestro país. Aquel que nos debe mantener movilizados,
sean cual sea el resultado penal o electoral, para pensar juntos –porque Cromañón nos pasó a todos- una forma diferente de hacer política.. Aquel que nos está llevando a unirnos a otras victimas de
impunidad como los familiares de chicos
muertos por balas policiales, por ejemplo. La idea es, dando la voz a las
victimas cada vez más organizadas, pensar en las fortalezas que tendría un
amplio movimiento contra la impunidad y por los derechos humanos de hoy – no solamente
por los del ayer de la dictadura militar genocida- y de siempre.
Impunidad es una palabra clave para entender lo que ocurre. Y no
solamente con Cromañon. Impunidad es un policía
asesinando a sangre fría a un maestro durante una huelga docente en Neuquén,
mientras el Presidente Kirchner sigue descansando en
su residencia del sur del país (como ocurrió, igual, la noche de Cromañon).
Impunidad que muestra a Ibarra pasearse por
El caso Cromañon interpela fuertemente a
nuestra sociedad por la diferencia entre las palabras y los hechos. Porque
estamos ante un gobierno que se dice progresista pero donde ocurren violaciones
constantes a los derechos humanos. Un gobierno que ha vallado
En el marco de estos tres planos de lucha, los sobrevivientes,
familiares y amigos, integrantes de lo que se ha llamado “movimiento Cromañon”, estamos permanentemente construyéndonos a
nosotros mismos y reconstruyéndonos. Porque en medio de un duelo que nunca termina
de elaborarse intentamos no bajar los brazos, seguir armando espacios
colectivos, conocernos y contenernos –teniendo en cuenta que previamente a este
desastre ninguno sabia del otro-, pensar nuevas formas creativas de denuncia, poniendo fuerte acento no solamente
en la ética de nuestra lucha – no podemos volver a tener aquello perdido,
hagamos lo que hagamos- sino también en el aspecto afectivo de la misma, en el
marco de la tolerancia hacia nuestra propia diversidad que nos mantiene juntos
en esta difícil caminata.
Silvia Bignami mamá de Julián Rozengardt, víctima de
(1)diputada Susana Etchegoyen, en el sitio www.lospibesdecromagnon.org.ar
(2)Educadora popular Claudia Korol, en el sitio: www.lospibesdecromagnon.org.ar