s u m a r i o

Sala juzgadora                                                                                    4

Iniciación de la reunión                                                                        4

Lectura del acta de la reunión anterior                                          4

Declaración testimonial de la señora Beatriz Campos               10

Declaración testimonial del señor Víctor Capilouto                     31

Declaración testimonial de la señora Amelia Ramella de Borrás 65

Declaración testimonial del señor Oscar Natalio                         70

Reanudación de la sesión                                                               82

Declaración testimonial del señor Vicente Marciano Herrán     82

Declaración testimonial del señor Vicente Carluccio                113

Declaración testimonial del señor Carlos Zoloaga                    144

Declaración testimonial del señor Milcíades Peña                     148

Cuarto intermedio                                                                            148

 

 

 


 

Sala juzgadora

 

- En Buenos Aires, en el recinto de sesiones de la Legislatura de la Ciudad Autónoma, a 18 días de enero de 2006, a la hora 9 y 41:

 

Iniciación de la reunión

 

Sr. Presidente (Maier).- Buenos días.

         Vamos a comenzar, como dije ayer, con la lectura del acta que nosotros labramos de cada una de las sesiones para que sean suscriptas o formulen sus objeciones los integrantes de la Sala Acusadora y los letrados del Jefe de Gobierno que está sometido a juicio político, quienes se encuentran en el recinto.

 

Lectura del acta de la reunión anterior

 

Sr. Secretario (Said).- Dice así:

En la ciudad de Buenos Aires, a las 9,45 horas del día 17 de enero de 2006, se reúne la SALA DE JUZGAMIENTO DE LA LEGISLATURA DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES, en el juicio político al Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Sr. Aníbal IBARRA, con la presencia de su presidente, el Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia, Julio B. J. MAIER, con la finalidad de realizar la audiencia de debate convocada a fs. 170 de estas actuaciones.

         "Se encuentran presentes, además de su presidente, los señores diputados integrantes de la Sala de Juzgamiento Víctor Daniel AMOROSO, Beatriz Margarita BALTROC, Héctor Pastor BIDONDE, Roberto Aníbal DESTEFANO, Facundo Martín DI FILIPPO, Sebastián Miguel GRAMAJO, Norberto LA PORTA, Silvia Cristina MAJDALANI, Marcelo Fernando MEIS, Laura MORESI, María Florencia POLIMENI, Helio Dante REBOT, Guillermo SMITH y Elio Antonio VITALI. Se halla ausente el diputado Gerardo José ROMAGNOLI.

         "Comparecen a la audiencia el Sr. Aníbal IBARRA, acusado, cuyas condiciones personales son de público conocimiento y obran en el proceso, y sus abogados defensores Julio Cesar STRASSERA, Julio Fernando GOLODNY y Fernando CASTEJÓN. Por la Sala Acusadora lo hacen los diputados Rubén Ángel DEVOTO, Jorge Ricardo ENRÍQUEZ y Jorge Antonio SAN MARTINO, asistidos por los abogados Mariano SIRITO, Arnaldo FIOCCA, Marcelo PARRILLI, Emiliano BARDELLI, Hernán PEREZ DEMARÍA y Ernesto BOBEK CACERES.

         "En el sector del público están presentes familiares de las víctimas de República Cromagnon, diversos medios de prensa escrita, radial y televisiva, y público en general.

"El Sr. Presidente de la Sala de Juzgamiento dio inicio a la audiencia informando que en el día de ayer, 16 de enero de 2006, la Sala dictó la resolución referida a la propuesta efectuada por el Dr. MAIER a la Sala  para el rechazo del pedido de incorporación por lectura de más de 17.000 fojas ofrecida por la parte acusadora. Por Secretaría se dio lectura a la decisión.

"El Dr. Julio B. J. MAIER indicó al secretario interviniente que diera lectura a las páginas de los dictámenes acusatorios en las que se resumen los cargos formulados contra el Dr. IBARRA, y la parte pertinente a la votación de la Sala Acusadora, agregadas a fs. 2779, 3114 y 3212, respectivamente, del expediente n° 2021-D-2005 de la Sala Acusadora.

"Solicitó la palabra el órgano acusador para manifestar que prestaban conformidad a esa lectura, sólo en caso de que la defensa no considere pertinente la lectura íntegra de esas piezas. Dado traslado a la defensa, el Dr. GOLODNY expresó que su parte no prestaba consentimiento y solicitaba la lectura íntegra de la acusación. El Dr. IBARRA manifestó que consideraba necesaria que se diera lectura a toda la acusación en forma previa a efectuar planteos preliminares. La acusación, por intermedio del diputado DEVOTO, desiste de su planteo.

"El Dr. MAIER puso a consideración de la Sala de Juzgamiento la cuestión. La Sala dispuso que se diera lectura íntegra a la acusación, como lo solicita la defensa.

"Por Secretaría se dio inicio a la lectura del dictamen de mayoría. Mientras ocurre la lectura se retiraron del recinto los siguientes diputados SMITH salió a las 10,25 horas y reingresó a las 11,00 horas, VITALI se retiró a las 10,35 y regresó a las 10,40, MAJDALANI se retiró a las 10,47.

"A las 11 y 30 horas se dispuso un breve cuarto intermedio para buscar otro cuerpo del expediente y continuar con la lectura del dictamen acusatorio mayoritario.

"Se reanudó el acto a las 11 y 40, sin la presencia del diputado GRAMAJO y de las diputadas MAJDALANI y MORESI.  El señor presidente continuó dando lectura a esa actuación. A las 11 y 50 ingresó a la sala el diputado GRAMAJO. A las 12 y 15 hizo lo propio la diputada MORESI. Mientras el doctor MAIER daba lectura al dictamen, se retiraron del recinto el diputado La Porta a las 11 y 45 –quien regresó a las 12– y a las 12 y 10 se ausentó el diputado Rebot.

"A las 12 y 45 horas el doctor MAIER planteó a las partes la necesidad de reconsiderar si era necesaria esa lectura, ya que hasta ese momento sólo se había avanzado en leer cerca de 45 páginas de un total de 328. Advirtió sobre la inutilidad desde el punto de vista de la publicidad del acto e instó a las partes a acordar una solución para la cuestión, concediendo un cuarto intermedio para que los abogados conversaran al respecto. Luego del cuarto intermedio el señor presidente reabre la audiencia y expresa que las partes le han comunicado que con un cuarto intermedio hasta las 15 horas para que la defensa termine de leer por sí misma la acusación estarían en condiciones de continuar la audiencia, dando por cumplido este paso y con la manifestación de la defensa de no plantear ninguna nulidad fundado en el hecho de haberse dado lectura al inicio de la audiencia a la totalidad de los dictámenes acusatorios y a la votación. De tal manera, se pasa a un cuarto intermedio para las 15 horas del día de la fecha.

         "A las 15 y 15, con la presencia del doctor Julio B. J. MAIER y de los señores diputados Víctor Daniel AMOROSO, Beatriz Margarita BALTROC, Héctor Pascual BIDONDE, Facundo Martín DI FILIPPO, Sebastián Miguel GRAMAJO, Norberto LA PORTA, Silvia Cristina MAJDALANI, Marcelo Fernando MEIS, Laura MORESI, María Florencia POLIMENI, Helio Dante REBOT, Guillermo SMITH y Elvio Antonio VITALI, se reanuda la audiencia. Se hallan ausentes los diputados Roberto DESTEFANO y Gerardo José ROMAGNOLI.

         "El señor presidente hace saber al enjuiciado que puede hacer uso de la palabra o bien abstenerse de hacerlo sin que su silencio pueda considerarse en su contra. El doctor IBARRA manifiesta que hará uso de ella para plantear algunas cuestiones preliminares. El diputado DESTEFANO ingresa a la sala a las 15 y 30 horas.

         "El doctor IBARRA pide ejercer su defensa técnica. Da comienzo a su exposición a las 15 y 15 horas. Plantea la nulidad del requerimiento de la Sala Acusadora y de la decisión que dio inicio a este juicio.

"Pide al señor presidente que se le requiera al señor Vicepresidente de la Legislatura, doctor Santiago De Estrada, o a la Secretaría Parlamentaria la resolución que el 14 de noviembre dispuso la acusación. El doctor MAIER le manifiesta que no es oportunidad de ofrecer prueba y le indica que siga, sin perjuicio de que la Sala de Juzgamiento tenga en cuenta su ofrecimiento probatorio. El doctor IBARRA pide que se declare la nulidad de la acusación porque no existe, ya que no hay una resolución que tuviera los votos suficientes sobre un texto determinado. Plantea que ello afecta las garantías constitucionales del debido proceso y la defensa en juicio, y deja planteada la cuestión federal. También plantea la nulidad de la acusación por versar sobre hechos de un mandado fenecido. Se retira el diputado Rebot a las 16 y 10 horas y regresa a las 16 y 15.     El señor Ibarra ofrece pruebas para el planteo de nulidad: la declaración testimonial de los diputados De Estrada, del entonces presidente de la Sala Acusadora Godoy y del señor Secretario Parlamentario, señor Alemany. Concreta su petición de nulidad absoluta e insanable por dos causales: por abarcar el primer mandato y por la falta de votación de una resolución que apruebe la acusación.

         "A las 16 y 45 el doctor STRASSERA toma la palabra y plantea la nulidad del juicio por afectación de la garantía del juez natural. Durante su exposición se retira la diputada MAJADALANI a las 16 y 46 horas y regresa a las 17 horas. Lo propio ocurre con la diputada MORESI, quien se ausenta del recinto entre las 16 y 50 y las 17 horas.

"Luego, a las 16 y 57 horas, el doctor GOLODNY dejó planteada su protesta por lo que considera la nulidad de la integración de la sala de juzgamiento vinculada con la participación del diputado ROMAGNOLI y su intervención en la decisión sobre su recusación. Considera que se trata de una nulidad absoluta e insubsanable. El doctor MAIER considera que no se trata de una cuestión preliminar, que esa cuestión ya fue resuelta por la Sala en su oportunidad y ordena que se deje constancia en el Acta de su protesta de nulidad. El doctor STRASSERA agregó que la decisión sobre la participación del diputado ROMAGNOLI en su propia recusación fue tomada en una reunión en la que no estuvieron presentes las partes, razón por la cual no pudieron debatir sobre ese punto oportunamente.

"El doctor GOLODNY hace reserva de plantear la nulidad de la resolución leída al inicio de la sesión de hoy en cuanto deja a salvo la posibilidad de aplicar el Artículo 338, última parte del Código Procesal Penal de la Nación.

         "El doctor MAIER concede la palabra a la Sala Acusadora para que conteste el traslado de las cuestiones preliminares planteadas. Puntualiza a los acusadores que las cuestiones a contestar son: 1) que el requerimiento sería nulo a) porque los dictámenes no fueron votados por la mayoría que la Constitución determina, y b) porque no puede constituir objeto de juicio político su desempeño en su mandato anterior; 2) la errónea composición del tribunal a) porque debió haber quedado intangible la Sala Acusadora originaria, formada en el momento inicial de este juicio, y b) por su integración  con el diputado Romagnoli.

         “A las 17.15 se concede la palabra al diputado ENRIQUEZ; luego hacen uso de ella los diputados SAN MARTINO y DEVOTO, quienes contestan los planteos y solicitan su rechazo. El diputado SAN MARTINO pide que se difiera la resolución de las nulidades hasta luego de que se reciban todas las declaraciones testimoniales.

         “Durante la exposición del órgano acusador se retiran y regresan al recinto los diputados LA PORTA –sale 17:20 y vuelve 18:20–, SMITH –sale 17:20 y vuelve 17:30–, MORESI –sale 17:30 y vuelve 17:40–, POLIMENI –sale 17:33 y vuelve 17:42–, MAJDALANI –sale 17:50 y vuelve 18:00–, GRAMAJO –sale 18:05 y vuelve 18:12–, MORESI –sale 18:12 y vuelve 18:21–, POLIMENI –sale 18:05 y vuelve 18:18.

         “Terminada la exposición de ambas partes, el doctor MAIER somete a decisión de la Sala de Juzgamiento las cuestiones preliminares. El diputado SAN MARTINO solicita saber si el enjuiciado contestará el interrogatorio que la fiscalía quiere formular. El doctor IBARRA manifiesta que no contestará hasta que no estén decididas las cuestiones preliminares.

         “Tras escuchar la opinión de los diputados BALTROC, SMITH y POLIMENI, el señor presidente dejó abierta la deliberación. Encomienda al diputado REBOT, presidente permanente de la Sala de Juzgamiento, que tome a su cargo la conducción de la deliberación y autoriza un cuarto intermedio para tomar una decisión. El doctor MAIER  se retira de la sala a las 18:30 horas.

         “A las 20:30 horas el doctor MAIER reingresa al recinto al serle comunicado que se ha tomado una decisión sobre las cuestiones preliminares. El diputado REBOT hace entrega en ese acto al secretario interviniente de un escrito en cinco fojas y sin firmas que, según expresa, es el texto de la decisión que la Sala acaba de votar y que en su parte dispositiva consigna que la Sala Juzgadora resuelve: ‘Rechazar los planteos de nulidad impetrados en el presente juicio político’. El doctor MAIER solicita al señor Secretario Parlamentario que documente por escrito la decisión y votación de la Sala Juzgadora para el día de mañana.

“Acto seguido, el señor presidente, a pedido de la Sala Acusadora, acerca de la pretensión de interrogar al señor Ibarra, le pregunta a él si va a responder las preguntas. El señor Ibarra manifestó su negativa a hacerlo en razón de la nulidad impetrada y no reconocida por la Sala Juzgadora.

         “El doctor MAIER solicitó la conformidad de las partes para confeccionar el acta durante el cuarto intermedio de esta noche, con el fin de suscribirla por la defensa y los representantes de la Sala Acusadora como primer acto de la continuación de la audiencia en el día de mañana –previa lectura y eventual corrección–, lo que fue aceptado por las partes.

“Con lo que el doctor MAIER dio por terminada la audiencia del día de hoy y dispuso un cuarto intermedio hasta el día de mañana a las 9 horas”.

 

Sr. Presidente (Maier).- Diputado San Martino: como no veo a ninguno de sus colegas, voy a preguntarle sólo a usted. ¿Tiene alguna objeción?

 

Sr. San Martino.- No, ninguna, señor presidente. Estamos dispuestos a firmar el acta.

 

Sr. Presidente (Maier).- ¿La defensa tiene alguna objeción?

 

Sr. Golodny.- Señor presidente: nos parece que no quedó constancia de la reserva que se formuló acerca de acudir al Tribunal Superior de Justicia.

 

Sr. Presidente (Maier).- Hágala ahora. Si no quedó constancia, la dejamos ahora.

 

Sr. Secretario (Said).- ¿A cuál se refiere?

 

Sr. Golodny.- Al final hicimos una reserva de acudir ante el Tribunal Superior de Justicia con motivo de la nulidad.

 

Sr. Presidente (Maier).- Entonces, agregaremos: “La defensa deja constancia de su reserva de acudir ante el Tribunal Superior de Justicia con el planteo que corresponda”.

El doctor Said lo va a imprimir y nos lo va a pasar ahora para que lo firmemos. Luego, escuchásemos al primer testigo.

En primer lugar, quiero aclarar algunas cuestiones preliminares.

         Le aclaro, señor diputado Bidonde, para que no entremos en discusión, que esta acta es mía. Es decir, yo pongo allí lo que creo que ha acontecido. Estoy dispuesto a escucharlo, si usted tiene alguna objeción. No hay problema.

 

Sr. Bidonde.- Solamente para que cambien mi nombre en el acta, ya que mi nombre es Héctor Pastor Bidonde.

 

Sr. Secretario (Said).- Disculpe.

 

Sr. Presidente (Maier).- Perdóneme, señor Bidonde. Le pido mil disculpas.

         ¿Cómo le habían puesto?

 

Sr. Bidonde.- Pascual.

 

Sr. Presidente (Maier).- Mejor dicho, ni siquiera es mi error, es del secretario que redactó el acta.

         Informalmente, quiero hacer algunas advertencias preliminares mínimas.

Van a pasar los testigos o los peritos –es lo mismo–,  las personas que tengan que declarar frente a nosotros. Hemos dispuesto que se sienten aquí a mí lado para que todos puedan verlos y escucharlos, porque si se sientan de frente hacia mí, es decir, aquí adelante, los que están atrás difícilmente puedan escucharlos o verlos gesticular o lo que fuera.

Se ha dispuesto anteriormente, y parece haber sido consentido por las partes, que cada testigo sea interrogado, en primer lugar, por aquella parte que los ofreció y luego, si existen preguntas de la parte que replica, o sea de la parte contraria, ella también lo interrogue. Para los testigos que han sido ofrecidos por ambas partes, hemos preferido que primero interrogue la Sala Acusadora y luego, la Defensa.

Como advertí ayer, yo no voy a interrogar, ya que interrogar, en cierta manera, es tomar partido. Yo no voy a interrogar en lo que respecta a la naturaleza específica del juicio político, ya que no es la misión que cumplo acá, según al final pude definir después de un primer encuentro con la Sala Juzgadora, aunque me convencieron de algunas cosas. Por lo tanto, yo no voy a preguntar. Les pido a ustedes también que las preguntas sean preguntas y no exposiciones.

Entre estas preguntas, el Código prohíbe las preguntas capciosas o sugestivas. Se considera capciosa una pregunta que, de alguna manera, contenga un engaño en la forma de preguntar. Por ejemplo, sería capciosa la pregunta que refiere si un cuchillo es largo o corto, dando por sentado que éste es el cuchillo homicida, con lo cual quien contesta, lo hace contestando si es largo o corto, pero aceptando, también, que él utilizó el cuchillo. Por ejemplo, la pregunta ridícula, pero para que me comprendan, podría ser: "Este cuchillo que usted utilizó para matar a la víctima, ¿es largo o es corto?". En realidad, aquí se está respondiendo una cosa, pero se está dando por sentado otra.

La pregunta sugestiva es aquella que puede contestarse por sí o por no; es decir, es aquella cuya respuesta está implícita en la misma pregunta. Por ejemplo: "Asiente que usted utilizó tal arma. ¿Sí o no? Esta pregunta es sugestiva. Por lo tanto, hay que preguntar de otra manera. Les pido por favor que, concretamente, sean preguntas.

         Los testigos van a ser interrogados por mí –en principio– no sobre la materia del procedimiento, sino acerca de una serie de cuestiones que el Código de Procedimientos requiere que aclare antes, entre las cuales se encuentran –para evitar un error que hemos cometido y al cual hizo referencia el señor Bidonde– el nombre y apellido, la profesión, etcétera, y ciertos vínculos con el caso y con las partes, o algún otro motivo de interés respecto de la decisión.

         Por último, según lo que me respondan, puedo tener necesidad de dar alguna instrucción al testigo. Hay testigos que tienen prohibido declarar; otros que pueden tomar la decisión de abstenerse de declarar y otros, por fin, que no deben declarar. En consecuencia, de acuerdo con lo que me contesten, tendré que decidir en el momento sobre alguna situación al respecto.  Además, deberé tomarles juramento.

         Dicho esto, que es más o menos lo que vamos a hacer con cada testigo, una vez que yo termine el interrogatorio formal, quedará a su disposición para las preguntas que los diputados deseen formularle.

         Los primeros testigos corresponden a la acusación, para que los interroguen los señores representantes de la Sala Acusadora. Una vez que ellos terminen, comenzarán el interrogatorio los señores defensores.

         Aclaro que hemos tenido que mandar a imprimir el acta, porque aquí no contamos con una impresora.

         Eso es todo lo que quería decirles. Muchas gracias.

 

Sr. Meis.- Pido la palabra. 

         Señor presidente: deseo hacerle una consulta, porque en la breve explicación que usted nos dio respecto de cómo van a desarrollarse las audiencias, le faltó decir que los diputados podemos formular preguntas a los testigos.

 

Sr. Presidente (Maier).- Efectivamente, señor diputado, lo que usted dice es correcto: los diputados pueden formular preguntas a los testigos. Sí les pido que sean parcos al preguntar.

         En segundo lugar, aclaro que no es propio del juicio por jurados –ustedes deben saberlo bien– que los jueces interroguen. Los jurados tienen prohibido hablar durante el juicio. Pero lamentablemente, nuestro código lo permite. En la actualidad, ésa es la reglamentación que tenemos para el juicio.

         Si los diputados fueran considerados jurados, no podrían preguntar. De todos modos, como no hay ninguna disposición que diga eso, ustedes están habilitados para preguntar. En ese sentido,  son libres para formular las preguntas que deseen.  Lo único que les pido es que tengamos presente que debemos respetar el cronograma establecido. De lo contrario, vamos a tener un problema relativamente grave, porque los testigos han sido citados para un día y hora determinados, con el fin de no molestarlos más allá de lo debido. Por eso, se han fijado tres turnos por día, aunque debamos continuar la audiencia sin interrupciones.

         Algunos de los testigos han sido citados a las ocho y treinta horas, de modo que a las nueve puedan estar listos para declarar; otros han sido citados a las trece y treinta horas, como para poder declarar a las catorce y los demás han sido citados a las dieciséis y treinta. Así lo dispuso la Secretaría Parlamentaria, con el Secretario, y luego se trazó el cronograma para todos los testigos.

         Si no seguimos el cronograma, la situación se nos va a complicar en serio, porque vamos a tener que reprogramar las notificaciones de los testigos, siendo que todas han sido enviadas. Reitero: en ese caso, vamos a tener problemas.

         De todas maneras, diputado Meis, usted tiene toda la razón del mundo. Si quiere formular preguntas, puede hacerlo.

 

- Se procede a la firma del acta.

 

Sr. Presidente (Maier).- Señores defensores del señor Ibarra: desde su ubicación, ¿ven al testigo? ¿Tienen alguna dificultad? ¿O prefieren que se siente del otro lado? ¿O les da lo mismo?

 

Sr. Golodny.- Nos da lo mismo, pero me parece que de este lado lo podemos ver mejor, tanto los fiscales como nosotros.

 

Sr. Presidente (Maier).- Tiene la palabra el diputado San Martino.

 

Sr. San Martino.- A los efectos de que podamos avanzar rápidamente, en la próxima reunión los podemos ubicar allí, si es factible, porque se tendría que desmontar una cámara. Si les da lo mismo, podemos empezar con los testigos sentados allá.

 

Sr. Presidente (Maier).- Para la reunión de la tarde ubicaremos al testigo del otro lado.

 

Sr. Golodny.- No hay inconveniente, señor presidente.

 

Sr. Presidente (Maier).- Tiene la palabra la diputada Moresi.

 

Sra. Moresi.- Señor presidente: quiero hacer una consulta antes de que comience la declaración de los testigos respecto de una duda que tengo.

         ¿Se va a informar con relación a qué cargo viene a responder cada testigo? ¿Es posible esto o no?

 

Sr. Presidente (Maier).- Cada uno ha tenido la obligación de presentar al testigo informado acerca cuál es el hecho por el que se le pregunta. Pero el testigo no tiene porqué enterarse; le van a preguntar, y la otra parte está para controlar si le parece que el testigo está respondiendo sobre cuestiones no vinculadas o no atinentes al juicio.

 

Declaración testimonial de la señora Beatriz Campos

 

Sr. Presidente (Maier).-  Lo primero que le voy a pedir es que diga su nombre y apellido.

 

Sra. Campos.- Beatriz Margarita Enriqueta Campos.

 

Sr. Presidente (Maier).-  En segundo lugar, le solicito que nos diga su profesión u oficio.

 

Sra. Campos.- Abogada.

 

Sr. Presidente (Maier).-  ¿Edad?

 

Sra. Campos.- 47 años.

 

Sr. Presidente (Maier).-  ¿Domicilio?

 

Sra. Campos.- Reconquista 715, 6° piso E y F.

 

Sr. Presidente (Maier).-  ¿Su documento de identidad ya lo entregó al secretario?

 

Sra. Campos.- Sí.

 

Sr. Presidente (Maier).- Otra pregunta es si usted tiene un vínculo de parentesco, de dependencia o algo similar con la persona que está siendo enjuiciada, es decir, con el Jefe de Gobierno suspendido, el doctor Aníbal Ibarra.

 

Sra. Campos.- No tengo vínculo de parentesco con él, pero quiero aclarar cuál es mi relación con las víctimas. En principio, tengo una relación personal y profesional con José Iglesias, papá de uno de los fallecidos en Cromañón. En lo personal, somos pareja y, en lo profesional, somos socios en un estudio jurídico desde hace varios años, y lo éramos al 30 de diciembre.

         Además de eso, en el juicio caratulado “Chabán y otros sobre Homicidio”, en el que hay una imputación contra el Jefe de Gobierno suspendido, como abogada, represento a una gran cantidad de víctimas: aproximadamente 150 familiares de fallecidos y sobrevivientes. También patrocino a José Iglesias en una causa en la que él es querellante, caratulada “Fabiana Fiszbin sobre Asociación Ilícita”. Es una denuncia que hemos iniciado, él como querellante y yo como patrocinante, en la que están incluidos varios ex funcionarios y funcionarios del Gobierno de la Ciudad.

         Asimismo, lo patrocino en otra denuncia que se inició por abandono de personas contra el Jefe de Gobierno suspendido, y también contra algunos funcionarios y ex funcionarios del Gobierno de la Ciudad. Es una causa que inicialmente se caratuló como “Aníbal Ibarra sobre Abandono de Personas”, y que luego se acumuló con la causa principal, que es la de “Chabán sobre Homicidio”.

 

Sr. Presidente (Maier).-  Muchísimas gracias.

         La cuarta pregunta, aunque usted ya se anticipó, es si usted tiene algún motivo de interés en el resultado del procedimiento, que no sea el que ya nos ha dicho.

 

Sra. Campos.- No. Ésos son los motivos de interés que tengo.

 

Sr. Presidente (Maier).- Debo instruirla, aunque usted ya lo sepa por ser abogada, sobre lo que establece el Artículo 275 del Código Penal, que dispone pena privativa de libertad para el testigo, perito o intérprete que afirme una falsedad, negare, callare u omitiere la verdad en todo o en parte ante la autoridad competente.

         Más allá de ello, también debo tomarle juramento de decir verdad y, conforme a la Constitución que nos rige, se permite comprometerse solemnemente o jurar. Yo voy a mencionar la fórmula normal, pero usted sólo puede decir si jura o se compromete a decir verdad de cuanto supiere acerca del objeto de este procedimiento y a no ocultar nada. Si desea agregar alguna creencia religiosa, le pido que lo haga al jurar; por ejemplo, “juro por Dios” o por la creencia religiosa que usted determine.

 

Sra. Campos.-  Juro por Dios decir verdad. Todo lo que voy a decir a partir de ahora va a ser verdad.

 

Sr. Presidente (Maier).-  Muchas gracias.

         Tienen la palabra los representantes de la Sala Acusadora.

 

Sr. San Martino.-  La primera pregunta es de qué hechos usted fue testigo a partir del trágico suceso del día 30 de diciembre de 2004, en República de Cromañón.

 

Sra. Campos.-  Yo fui testigo directa, presencial, de la búsqueda de Pedro Iglesias, desde la 0 hora del día 30 de diciembre, primero por los hospitales y después en la Morgue y, una vez que ya habíamos encontrado el cuerpo de Pedro, en el Cementerio de Chacarita. Es decir, fue una búsqueda de aproximadamente 28 a 30 horas. Empezamos a las 12 de la noche. Yo salí a buscarlo a Pedro, junto con José Iglesias y con su hijo menor Ignacio. Después, se fueron juntando otros hijos de él y la mamá de Pedro. Así estuvimos hasta las 4 de la mañana del día 1°, cuando retiramos el cuerpo de la morgue judicial.

         Durante todo ese tiempo estuvimos recorriendo distintos hospitales y dependencias del Gobierno de la Ciudad y otras dependencias estatales que luego lo voy a relatar en detalle. Básicamente, soy testigo de esos hechos.

 

Sr. San Martino.- ¿Puede darnos un análisis pormenorizado de todos los lugares donde usted estuvo realizando la búsqueda? ¿Con qué personas tuvo la posibilidad de interactuar? ¿Qué más nos puede decir al respecto?

 

Sra. Campos.- Voy a tratar de hablar despacio y contar todos los detalles.

         No recuerdo bien, pero creo que salimos antes de las 12 de la noche. José se había enterado a través de la televisión. Su hijo también se había enterado del incendio en Cromañón y sabía que Pedro estaba ahí. Entonces, salimos en auto; primero, al lugar donde está Cromañón. No sabíamos por dónde entrar. Fuimos por Corrientes. Cuando llegamos a Pueyrredón no nos dejaron avanzar demasiado, así que dejamos el auto en Pueyrredón y otra calle que no recuerdo. Terminamos llegando a Ecuador y Bartolomé Mitre; cuando llegamos ahí, nos encontramos con un montón de policías. No sé si había una valla, pero lo cierto es que no nos dejaron pasar y nos dijeron que allí ya no había nada. Serían aproximadamente, entre las 12 y las 12.30; no recuerdo exactamente la hora. Pero nos dijeron: "Acá no hay nada; ya se fueron todos; se los llevaron a los hospitales; vayan a buscar a los hospitales". Preguntamos a qué hospitales debíamos dirigirnos, pero no tenían la menor idea.

         Quiero destacar que allí había policías. No sé si en otro lado había algún personal que atendiera a los familiares; nosotros estábamos buscando a los chicos que estaban ahí. Allí nos encontramos con policías que, prácticamente, nos echaron. Nos dijeron: "Vayan y busquen como puedan".

         En ese momento, Ignacio –el hijo menor de José– se había comunicado con el papá de Pedro Lagües. Pedro Lagües es un chico que, junto con Pedro Iglesias y otro chico fallecido, estaba dentro de Cromañón, pero él logró salir enseguida. Pedro Lagües se comunicó con su papá –Eduardo Lagües– y él había ido a buscar a Pedro Iglesias y a Osvaldo, que era el otro amigo que después falleció. Fuimos al Hospital Ramos Mejía.

         Entonces, ellos fueron los primeros que nos dijeron qué hacer, porque realmente nadie nos decía nada. Entonces, Eduardo Lagües le dijo por celular a Ignacio: "No vayas al Ramos Mejía, porque nosotros estamos en el Ramos Mejía, y Pedro acá no está". Luego, subimos al auto y empezamos a recorrer los hospitales. Cuando estábamos arriba del auto y sintonizamos la radio, escuchamos que al Penna habían derivado chicos. Entonces, nos dirigimos a ese hospital.

         Cuando íbamos camino al Penna, escuchamos por la radio que alguien –no sé quién, supongo que informaban desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires– decía que los familiares no debían ir a los hospitales, sino que debían quedarse en sus casas, porque si iban a los hospitales se congestionaría el tránsito y las ambulancias no iban a poder circular.

         Cuando llegamos al Penna, no había ninguna congestión de tránsito; no había ambulancias. Obviamente, esta advertencia de que no fuéramos a los hospitales nos parecía absurda, porque si uno sabe que un familiar puede estar internado, o incluso muerto, no se puede quedar en la casa. A falta de información, había que salir a buscar adonde a uno se le ocurriera. Por suerte, teníamos autos. Además, por suerte, yo tengo una noción de dónde están los hospitales. Cuando decidimos ir al Penna, me acordaba de que estaba por el lado de Parque Patricios. Entonces, fuimos para ese lado.

         Cuando llegamos al Penna –no recuerdo muy bien–, a los empujones logramos en algún momento llegar a una ventanilla de la guardia. Después de un rato de reclamar que nos dijeran algo, vimos una lista de internados. No recuerdo si esta lista estaba en el vidrio o nos la dieron. Habría unos 20 internados, en la que Pedro no estaba. Y nos fuimos. En realidad, nadie nos decía nada. Insisto: todo esto fue terrible. Sentía una sensación de desamparo. Decía: “¿qué hago?”, “¿adónde voy?”, “¿cómo sigo?”, “¿adónde busco?”. Entonces, dije: “Vamos al Argerich”. Todo el tiempo nos comunicábamos con Pedro Lagües, el chico que había salido con vida. Luego del Penna fuimos al Argerich, simplemente por una cuestión de ubicación. Dijimos: “Vamos al Argerich” y después, empezamos a escuchar en la radio que en todos los hospitales había chicos internados. Empezamos a recorrer todo cuando estábamos camino al Argerich. En ese momento, a mí se me ocurrió, o a José, no me acuerdo, que además de mirar las listas –como se estaba hablando de internados NN y fallecidos NN– teníamos que ver los cuerpos, si no la búsqueda era inútil porque tal vez Pedro era NN. Esto era un absurdo. Sobre esto nadie nos dijo nada. También nos parecía un disparate y yo decía que esta situación era terrible, porque en el momento en que uno se encuentra buscando a alguien y no sabe adónde está, necesita una mínima orientación, que además de mirar las listas, le digan: “Entrá, fijate y mirá en Terapia Intensiva”. De todo esto, nada. Esto surgía cuando a uno se le ocurría, y lo hacía.

Llegamos al Argerich y allí nos atendió un policía –en general, nos atendía un policía, pero en el Penna no–, abajo en el playón de la Guardia; nos hizo esperar un rato largo, después sacó una lista, nos leyó una lista. Después de un rato, le dijimos que queríamos ver los cuerpos. Preguntamos: “¿Hay fallecidos?”. Nos dijeron que sí. Nos dijeron que había quince o veinte, no recuerdo. Entonces dije: “Queremos verlos”. Nos dicen: “Está bien, pero tiene que entrar uno solo”. La situación era realmente muy difícil. Dije: “Entro yo”, porque Ignacio tenía 17 años en ese momento y José, que estaba mucho más conmovido que yo, estaba buscando a su hijo. Entonces, dije: “Entro yo”. Y entré sola.

 El policía me llevó hasta un pasillo y de golpe me encontré en un pasillo que no era ninguna morgue, ninguna sala ni nada: era un pasillo de aproximadamente un metro y medio de ancho, o un poco más y había entre 15 y 20 muertos tirados en el piso, sucios de negro, tapados con telas, trapos, o qué sé yo, no eran sábanas, no había nada prolijo y lo que se veía era realmente espantoso. Iban levantando de a una las telas y cuando yo veía el rostro de una mujer, directamente no miraba; cuando veía cuerpos de hombres o de muchachos, bueno, enseguida trataba de descartar, porque si era gordo no era Pedro, o si era rubio no era Pedro. Esta situación fue terrible porque en toda mi vida no había visto un cadáver, salvo cuando uno va a un velatorio de un familiar. Me sentía muy mal, era muy difícil mirar y no había nadie, o sea, no había ningún enfermero que se fijara si me sentía bien –digo esto tanto para mí como para todos los que vendrían después–, si me bancaba la situación; sin embargo, no había absolutamente nadie. Si hubiera encontrado ahí a Pedro muerto, no sé qué hubiera hecho, realmente no sé. Pero, tenía terror de encontrarme ante esa situación porque estaba totalmente sola. Me pareció un disparate que nos hicieran entrar solos. En ese momento, lo único que queríamos era avanzar y encontrar a Pedro.

Salimos del Argerich y seguimos al Hospital de Clínicas. En el Hospital de Clínicas la atención fue un poco mejor en cuanto a que no  nos sentimos tan maltratados. En ese momento, no había desbordes, había menos chicos, abajo nos dieron la lista y ahí no estaba. Nos dijeron que subamos a no sé qué piso donde estaba Terapia Intensiva y los cuerpos de los fallecidos. Subimos y nos dijeron que ahí estaban los cuerpos de los fallecidos y también que tenía que entrar  una sola persona. José entró y al rato salió diciendo que ahí Pedro no estaba.

Bajamos, fuimos al Sanatorio Mitre y también en este caso todo era por intuición, porque uno decía: “A ver, cuál es el hospital que está mas cercano adonde estamos”. De repente escuchábamos que en la radio decían que en “tal lugar” había muchos chicos. Entonces, nos fuimos al Mitre. Cuando llegamos ahí también estuvimos peleando un rato para que nos dieran la lista, hasta que no dijeron que podíamos entrar a ver los cuerpos. Entramos los dos, así que no tuvimos que entrar solos. Pero, de cualquier manera, nadie nos acompañó: no había un enfermero ni alguien que nos acompañara en esto que realmente era terrible.

         Recuerdo que nos abrieron la puerta de un cuarto de tres por cuatro en el que estaban todos los cuerpos –por lo menos, creo que habían quince o veinte– de la misma manera que en el Hospital Argerich: sucios y tapados con unos trapitos. Así que iban levantando las sábanas de a uno, y nos iban mostrando las caras.  Pedro tampoco estaba ahí.

Perdón, me olvidé de decir algo importante –lo que sucede es que me cuesta un poco ordenar lo que sucedió–: cuando estábamos llegando al Hospital de Clínicas, más o menos a las tres de la mañana, escuchamos no sé si en la radio del auto o decir a alguien en el hospital que el CGP N° 2, que está ubicado en la calle Junín al 500, iba a dar información coordinada acerca de los chicos que estaban internados en todos los hospitales. Es más, decían que la información se iba a dar a las cuatro de la mañana, por lo que pedían que los familiares nos dirigiéramos a la calle Junín.

Como nosotros estábamos muy cerca, cuando salimos del Hospital de Clínicas fuimos para ahí, calculo que eran las tres y media. Al llegar nos encontramos con que la persiana de la puerta chiquita, normal, del CGP estaba cerraba, y que estaba franqueada por un policía. Le preguntamos qué hacíamos y cómo daban la información, y nos dijo que teníamos que hacer una fila –si en este momento miro a la puerta, la fila sería hacia la derecha, hacia Rivadavia o Corrientes– así cuando venían las listas, aproximadamente a las cuatro de la mañana, entraríamos de a dos y nos dirían si nuestro hijo, hija o persona que buscamos estaba o no en las listas. Esto nos pareció un absoluto disparate, ya que en ese momento había aproximadamente doscientas personas. Así que se lo hicimos saber –no recuerdo a quién, creo que a algún funcionario, además del policía que nunca nos dejaba entrar–, ya que habían personas de civil que entraban y salían, que parecían ser del mismo CGP.

En algún momento pudimos hablar con alguien y le dijimos que esto era un disparate y que si todos nos poníamos a hacer una fila y al llegar las listas entrábamos de a dos, íbamos a terminar de saber en dos días dónde estaban los chicos internados. 

Esto se tornó bastante molesto, porque ya eran cerca de las cuatro de la mañana. Todos estábamos en la puerta con un policía que no nos dejaba pasar; la gente se empezaba a amontonar pero ellos seguían con el tema de la fila; cada vez que entraba alguien lo parábamos y le preguntábamos quién era. 

En algún momento, José se puso a discutir mal con alguien que entró, y le dijo: “pedazo de pelotudo…” –perdón por la palabra, pero recuerdo que dijo esto porque era una situación terrible– “…si hacemos una fila, vamos a estar cinco días para saber dónde están nuestros hijos”. Le contestaron que no se podía hacer nada, a lo que José agregó: “¿por qué  no leen los nombres con un altoparlante o megáfono?”. Le dijeron que no tenían, así que José contestó: “No ves que ahí hay un patrullero que tiene un altoparlante”. Recién ahí, el señor exclamó un “ah”, como dándole la razón. No sé si en ese momento le dijo que sí, pero lo cierto es que, finalmente, a eso de las cinco, cuando las listas estaban, se leyeron en el altoparlante del patrullero.

A ninguno de los que entraban o salían, que no sabemos para qué lo hacían, se les ocurrió que esto era una solución mucho más práctica que hacernos formar una fila interminable a dos mil personas y entrar uno por uno a preguntar por su hijo. 

Lo del CGP fue terrible; realmente fue lamentable. Nos empezamos a amontonar. Hacía mucho calor esa noche. Creo que eran las 4 de la mañana y hacía 35 grados; el calor era impresionante. Toda la gente estaba desesperada. Nosotros habíamos quedado en la primera fila, en la puerta, y atrás se amontonaba cada vez más gente.

         Preguntamos cuándo iban a salir las listas.  Nos decían: “Están llegando”.  Preguntamos: “¿Cómo que están llegando?”. “Están llegando por fax”, nos respondieron. Entonces, le dije: “Empezá a leer lo que tenés”. Me contestaron: “Tenemos que revisarlo, por si damos algún dato mal”. Pasaba el tiempo. Estábamos desde las tres y media. La gente se amontonaba cada vez más.

Se empezó a pelear gente entre sí, porque estaba desesperada. Yo tenía una persona grande atrás mío, que me dijo que estaba buscando a su nieta. No sé quién era. No sé si la encontró, o no. En el momento de más tensión, que sería casi a las cinco de la mañana, cuando las listas no aparecían, la señora se desmayó, se empezó a sentir mal y se apoyó en mi cuerpo: me agarró, yo la agarré y le dije al idiota que estaba en la puerta que me dejara pasar, porque la señora se sentía mal. Entonces, empujando logramos pasar al CGP.

Hasta ese momento veíamos que entraban y salían personas. A cada uno que entraba le decíamos que resolviera algo, que eso era un disparate, que la gente se iba a matar ahí. Nosotros entramos porque esa señora se desmayó.

         Cuando entramos nos encontramos con no sé si eran diez, quince o veinte personas paradas con cara de idiotas, mirándonos azorados. Les gritábamos y les decíamos: “Hagan algo; se va a producir una avalancha humana; acá se van a empezar a matar y ustedes no hacen nada; todos están parados esperando las listas. Hagan algo con la gente”. Nadie respondió. La señora que estaba medio desmayada se sentó en una silla. Creo que nadie la atendió. Lo único que hacían era mirarnos. Nosotros los insultábamos a todos.

         Nos sentíamos en una situación espantosa. Creo que esto hizo que reaccionaran y a los diez minutos –eran casi las cinco– las listas aparecieron o las terminaron de leer, de ordenar, porque salieron y las leyeron.

         La sensación que tenía yo, y supongo que tenían todos, era que todo el tiempo nos pateaban para afuera. No sólo nadie nos ayudaba, sino que además nos pateaban para afuera. Nadie nos decía: “¿Necesitan algo? ¿Se sienten mal?”. Fue al revés: cuando esa señora se desmayó tuve que empujar y gritarle al policía: “¿No ves que la señora está desmayada?”. Con eso logré que me dejaran pasar. Entró José conmigo y nos pusimos a discutir con la gente, para ver si reaccionaba. No sé qué estaban haciendo.

         Después salimos a la calle, porque dijeron: “Ya vamos a leer las listas”. Como dijo hace un rato, empezaron a leer las listas de los chicos que estaban internados. Iban leyendo por orden alfabético. Decían: “Apellidos con la A, hospital tal”, y así seguían.

         Después creo que dijeron qué cantidad de internados NN había en cada hospital. En ningún momento hablaron de la cantidad de fallecidos y en qué hospitales había personas fallecidas. Cuando salimos de ahí pasamos primero por el Hospital Alemán.

         Quiero aclarar que en ese lugar nunca nos dijeron –le preguntamos no sé a quién– cómo seguir. Nosotros estábamos en la situación de que no habíamos escuchado el nombre de Pedro; o sea, Pedro no estaba en la lista. Nos preguntamos qué hacíamos. Preguntamos y nadie nos dijo nada. Lo único que íbamos a hacer era ordenarnos, “barrer” la Capital, en el sentido de ir recorriendo los hospitales por zona e incluir los sanatorios privados, porque habíamos escuchado que en los hospitales privados había gente. Dijimos: “Vamos a mirar las listas, mirar las terapias intensivas con los NN, mirar los cuerpos NN para reconocerlo. Salimos de ahí, fuimos al Hospital Alemán y después, casualmente, cuando íbamos hacia al Fernández, vimos el Hospital Rivadavia y paramos allí. 

Cuando llegamos al Rivadavia ya eran las 6 de la mañana. No había casi gente en el Hospital Rivadavia. Nos mandaron a averiguar nuevamente al policía que estaba ahí en una especie de garita, en la entrada de autos. Había dos policías: una mujer y un hombre. Uno de los hombres dice acá hay 10 ó 15 internados, nos dio la lista de internados y nos dice que hay dos NN fallecidos, uno masculino y uno femenino. Describió cómo era el masculino y dijimos “vamos a verlo”. Y nuevamente dijeron “entra uno sólo”. Esto lo determinaba la policía. Acá no había ningún médico, ningún psicólogo ni nadie que dijera quién entra y cómo entra. La policía decía “puede entrar uno solo”. Yo después me enteré que había gente a la que ni siquiera la dejaban entrar; había hospitales donde ni siquiera se podía entrar. Al menos a nosotros nos dejaban entrar.

         En ese momento José dijo “entro yo”. Creo que José primero fue a terapia intensiva en donde había 3, 4 ó 5 chicos y en terapia intensiva no estaba. Después fue a la morgue y en la morgue encontró a su hijo. Estaba solo. La morgue está a más de 100 metros de la puerta y tuvo que irse solo hasta allá, volver a la puerta solo y pedirle a su otro hijo Ignacio que lo acompañara porque no estaba convencido de que ese fuera Pedro. Supongo que él después va a hablar de esto, pero yo nunca vi que nadie lo acompañara, ni que nadie le preguntara cómo se sentía. Cuando José salió y se confirmó que era Pedro, la policía seguía siendo la única persona que hablaba con nosotros y que nos decía qué había que hacer a partir de ese momento. En un momento José se sintió un poco mal. Él tiene tendencia a tener hipertensión. Entonces, fue a la guardia del mismo Hospital Rivadavia, le tomaron la presión y la tenía un poco alta. No sé si le dieron algo para calmarse y le dijeron que volviera dentro de una hora para volver a controlarse. 

         Mientras estábamos afuera –en realidad, cuando digo afuera, estábamos parados en la calle de entrada al hospital, detrás de la garita de los policías o sentados en el piso–  fueron llegando los hijos de José, nos íbamos amontonando todos ahí y estábamos esperando, simplemente, ver cómo seguían los trámites. Cuando a la hora de haberle tomado la presión quisimos volver a entrar a la guardia para que se la controlaran nuevamente, nos paró una médica o no sé quién y nos dijo: “por acá no se puede entrar, tienen que ir por adelante y pasar por admisión”. Entonces yo le digo: “Su hijo está en la morgue, él está con hipertensión”, ¿de qué me está hablando?”. Me dice “no, qué se yo, esto es un desborde”. Le digo: “yo entiendo que estén atendiendo gente del incendio, pero qué quiere, ¿tener otra víctima más? Bueno, al final, peleándonos un ratito, logramos que entrara por atrás. Le tomaron la presión y seguía alta.

Aclaro que en la guardia no había ningún desborde; no había casi chicos. El Hospital Rivadavia recibió pocos chicos. Nos pusieron en un cuartito, le dijeron que tenía que tomar algo, pero él no tenía nada. Realmente, fue lamentable la atención. Y no es que no había médicos. Yo veía pasar médicos y enfermeros charlando. Fue lamentable la atención. Después pude saber, no porque nosotros lo hubiéramos comprobado, pero sí como abogada de víctimas, que en la guardia del Rivadavia, durante esa noche, no había habido oxígeno para las pocas personas que estaban internadas.

         Esto es algo que lo sé porque me lo dijeron, y me parece que es importante, porque muchas veces escuché acerca del colapso de los hospitales. En el Rivadavia no había colapso y, sin embargo, había un chico, que se llama Pablo Espinosa –un sobreviviente, que esa noche fue derivado al Rivadavia, al igual que Pedro– cuyos padres, que llegaron temprano, me contaron –y supongo que también lo habrán declarado en la causa– que el chico estuvo hasta las 6 de la mañana en el Rivadavia compartiendo con otro chico un tubo de oxígeno que no andaba, sin que nadie lo atendiera. Cuando cambió el jefe de guardia, a las seis de la mañana, la señora –que estaba desesperada porque a su hijo se le estaban poniendo negros los dedos– le dice al médico “¿Lo puedo trasladar?”, y el médico le pregunta “¿Usted tiene obra social?”...

 

Sr. San Martino.- Señor presidente: quisiera solicitar que la testigo nos reiterara el nombre de la víctima.

 

Sra. Campos.- Pablo Javier Espinosa.

 

Sr. San Martino.- Muchas gracias. Nos hacemos reserva de poder citar a esta persona, si fuera posible, a los efectos de brindar testimonio.

 

Sra. Campos.- Es el menor; no me acuerdo de su edad. Esto me lo contaron los padres, cuando vinieron a verme para que los representara en la causa penal.

         Lo cierto es que este chico, según me contaron los padres, a las seis de la mañana fue trasladado a la Clínica Itoiz de Avellaneda. Reitero: en el Rivadavia estaba compartiendo un tubo de oxígeno con otro chico. Cuando llegó a la Clínica