Iniciación de la reunión 4
Lectura del acta de la
reunión anterior 4
Declaración
testimonial de la señora Beatriz Campos 10
Declaración
testimonial del señor Víctor Capilouto 31
Declaración
testimonial de la señora Amelia Ramella de Borrás 65
Declaración
testimonial del señor Oscar Natalio 70
Reanudación de la
sesión 82
Declaración
testimonial del señor Vicente Marciano Herrán 82
Declaración
testimonial del señor Vicente Carluccio 113
Declaración
testimonial del señor Carlos Zoloaga 144
Declaración
testimonial del señor Milcíades Peña 148
Cuarto intermedio 148
- En Buenos Aires, en el recinto de
sesiones de
Sr. Presidente
(Maier).- Buenos días.
Vamos a comenzar, como dije ayer, con
la lectura del acta que nosotros labramos de cada una de las sesiones para que
sean suscriptas o formulen sus objeciones los integrantes de
Sr. Secretario
(Said).- Dice así:
“En la ciudad de Buenos Aires, a las
9,45 horas del día 17 de enero de 2006, se reúne
"Se
encuentran presentes, además de su presidente, los señores diputados
integrantes de
"Comparecen a la audiencia el Sr.
Aníbal IBARRA, acusado, cuyas condiciones personales son de público
conocimiento y obran en el proceso, y sus abogados defensores Julio Cesar
STRASSERA, Julio Fernando GOLODNY y Fernando CASTEJÓN. Por
"En
el sector del público están presentes familiares de las víctimas de República
Cromagnon, diversos medios de prensa escrita, radial y televisiva, y público en
general.
"El Sr. Presidente
de
"El Dr. Julio B. J.
MAIER indicó al secretario interviniente que diera lectura a las páginas de los
dictámenes acusatorios en las que se resumen los cargos formulados contra el
Dr. IBARRA, y la parte pertinente a la votación de
"Solicitó la palabra
el órgano acusador para manifestar que prestaban conformidad a esa lectura,
sólo en caso de que la defensa no considere pertinente la lectura íntegra de
esas piezas. Dado traslado a la defensa, el Dr. GOLODNY expresó que su parte no
prestaba consentimiento y solicitaba la lectura íntegra de la acusación. El Dr.
IBARRA manifestó que consideraba necesaria que se diera lectura a toda la
acusación en forma previa a efectuar planteos preliminares. La acusación, por
intermedio del diputado DEVOTO, desiste de su planteo.
"El Dr. MAIER puso a
consideración de
"Por Secretaría se
dio inicio a la lectura del dictamen de mayoría. Mientras ocurre la lectura se
retiraron del recinto los siguientes diputados SMITH salió a las 10,25 horas y
reingresó a las 11,00 horas, VITALI se retiró a las 10,35 y regresó a las
10,40, MAJDALANI se retiró a las 10,47.
"A las 11 y 30 horas
se dispuso un breve cuarto intermedio para buscar otro cuerpo del expediente y
continuar con la lectura del dictamen acusatorio mayoritario.
"Se
reanudó el acto a las 11 y 40, sin la presencia del diputado GRAMAJO y de las
diputadas MAJDALANI y MORESI. El señor
presidente continuó dando lectura a esa actuación. A las 11 y 50 ingresó a la
sala el diputado GRAMAJO. A las 12 y 15 hizo lo propio la diputada MORESI.
Mientras el doctor MAIER daba lectura al dictamen, se retiraron del recinto el
diputado
"A las
12 y 45 horas el doctor MAIER planteó a las partes la necesidad de reconsiderar
si era necesaria esa lectura, ya que hasta ese momento sólo se había avanzado
en leer cerca de 45 páginas de un total de 328. Advirtió sobre la inutilidad
desde el punto de vista de la publicidad del acto e instó a las partes a
acordar una solución para la cuestión, concediendo un cuarto intermedio para
que los abogados conversaran al respecto. Luego del cuarto intermedio el señor
presidente reabre la audiencia y expresa que las partes le han comunicado que
con un cuarto intermedio hasta las 15 horas para que la defensa termine de leer
por sí misma la acusación estarían en condiciones de continuar la audiencia,
dando por cumplido este paso y con la manifestación de la defensa de no
plantear ninguna nulidad fundado en el hecho de haberse dado lectura al inicio
de la audiencia a la totalidad de los dictámenes acusatorios y a la votación.
De tal manera, se pasa a un cuarto intermedio para las 15 horas del día de la
fecha.
"A
las 15 y 15, con la presencia del doctor Julio B. J. MAIER y de los señores diputados
Víctor Daniel AMOROSO, Beatriz Margarita BALTROC, Héctor Pascual BIDONDE,
Facundo Martín DI FILIPPO, Sebastián Miguel GRAMAJO, Norberto
"El
señor presidente hace saber al enjuiciado que puede hacer uso de la palabra o
bien abstenerse de hacerlo sin que su silencio pueda considerarse en su contra.
El doctor IBARRA manifiesta que hará uso de ella para plantear algunas
cuestiones preliminares. El diputado DESTEFANO ingresa a la sala a las 15 y 30
horas.
"El
doctor IBARRA pide ejercer su defensa técnica. Da comienzo a su exposición a
las 15 y 15 horas. Plantea la nulidad del requerimiento de
"Pide
al señor presidente que se le requiera al señor Vicepresidente de
"A
las 16 y 45 el doctor STRASSERA toma la palabra y plantea la nulidad del juicio
por afectación de la garantía del juez natural. Durante su exposición se retira
la diputada MAJADALANI a las 16 y 46 horas y regresa a las 17 horas. Lo propio
ocurre con la diputada MORESI, quien se ausenta del recinto entre las 16 y 50 y
las 17 horas.
"Luego,
a las 16 y 57 horas, el doctor GOLODNY dejó planteada su protesta por lo que
considera la nulidad de la integración de la sala de juzgamiento vinculada con
la participación del diputado ROMAGNOLI y su intervención en la decisión sobre
su recusación. Considera que se trata de una nulidad absoluta e insubsanable.
El doctor MAIER considera que no se trata de una cuestión preliminar, que esa
cuestión ya fue resuelta por
"El
doctor GOLODNY hace reserva de plantear la nulidad de la resolución leída al
inicio de la sesión de hoy en cuanto deja a salvo la posibilidad de aplicar el
Artículo 338, última parte del Código Procesal Penal de
"El
doctor MAIER concede la palabra a
“A las 17.15 se concede la palabra al
diputado ENRIQUEZ; luego hacen uso de ella los diputados SAN MARTINO y DEVOTO,
quienes contestan los planteos y solicitan su rechazo. El diputado SAN MARTINO
pide que se difiera la resolución de las nulidades hasta luego de que se
reciban todas las declaraciones testimoniales.
“Durante la exposición del órgano
acusador se retiran y regresan al recinto los diputados
“Terminada la exposición de ambas
partes, el doctor MAIER somete a decisión de
“Tras escuchar la opinión de los
diputados BALTROC, SMITH y POLIMENI, el señor presidente dejó abierta la
deliberación. Encomienda al diputado REBOT, presidente permanente de
“A las 20:30 horas el doctor MAIER
reingresa al recinto al serle comunicado que se ha tomado una decisión sobre
las cuestiones preliminares. El diputado REBOT hace entrega en ese acto al
secretario interviniente de un escrito en cinco fojas y sin firmas que, según
expresa, es el texto de la decisión que
“Acto seguido, el señor presidente, a pedido de
“El doctor MAIER solicitó la
conformidad de las partes para confeccionar el acta durante el cuarto
intermedio de esta noche, con el fin de suscribirla por la defensa y los
representantes de
“Con lo que el doctor MAIER dio por terminada la audiencia del día de
hoy y dispuso un cuarto intermedio hasta el día de mañana a las 9 horas”.
Sr. Presidente
(Maier).- Diputado San Martino: como no veo a ninguno de sus colegas, voy a
preguntarle sólo a usted. ¿Tiene alguna objeción?
Sr. San Martino.- No, ninguna, señor presidente. Estamos dispuestos a
firmar el acta.
Sr. Presidente (Maier).- ¿La defensa tiene alguna objeción?
Sr. Golodny.-
Señor presidente: nos parece que no quedó constancia de la reserva que se
formuló acerca de acudir al Tribunal Superior de Justicia.
Sr. Presidente (Maier).- Hágala ahora. Si no quedó constancia, la
dejamos ahora.
Sr. Secretario (Said).- ¿A cuál se refiere?
Sr. Golodny.-
Al final hicimos una reserva de acudir ante el Tribunal Superior de Justicia
con motivo de la nulidad.
Sr. Presidente
(Maier).- Entonces, agregaremos: “La defensa
deja constancia de su reserva de acudir ante el Tribunal Superior de Justicia
con el planteo que corresponda”.
El doctor Said lo va a imprimir y nos lo va a pasar ahora para que lo
firmemos. Luego, escuchásemos al primer testigo.
En primer lugar, quiero aclarar algunas cuestiones preliminares.
Le aclaro, señor diputado Bidonde, para
que no entremos en discusión, que esta acta es mía. Es decir, yo pongo allí lo
que creo que ha acontecido. Estoy dispuesto a escucharlo, si usted tiene alguna
objeción. No hay problema.
Sr. Bidonde.-
Solamente para que cambien mi nombre en el acta, ya que mi nombre es Héctor
Pastor Bidonde.
Sr. Secretario (Said).- Disculpe.
Sr. Presidente
(Maier).- Perdóneme, señor Bidonde. Le pido mil disculpas.
¿Cómo le habían puesto?
Sr. Bidonde.- Pascual.
Sr. Presidente
(Maier).- Mejor dicho, ni siquiera es mi error, es del secretario que redactó
el acta.
Informalmente, quiero hacer algunas
advertencias preliminares mínimas.
Van a pasar los testigos o los peritos –es lo mismo–, las personas que tengan que declarar frente a
nosotros. Hemos dispuesto que se sienten aquí a mí lado para que todos puedan
verlos y escucharlos, porque si se sientan de frente hacia mí, es decir, aquí
adelante, los que están atrás difícilmente puedan escucharlos o verlos
gesticular o lo que fuera.
Se ha dispuesto anteriormente, y parece haber sido consentido por las
partes, que cada testigo sea interrogado, en primer lugar, por aquella parte
que los ofreció y luego, si existen preguntas de la parte que replica, o sea de
la parte contraria, ella también lo interrogue. Para los testigos que han sido
ofrecidos por ambas partes, hemos preferido que primero interrogue
Como advertí ayer, yo no voy a interrogar, ya que interrogar, en cierta
manera, es tomar partido. Yo no voy a interrogar en lo que respecta a la
naturaleza específica del juicio político, ya que no es la misión que cumplo
acá, según al final pude definir después de un primer encuentro con
Entre estas preguntas, el Código prohíbe las preguntas capciosas o
sugestivas. Se considera capciosa una pregunta que, de alguna manera, contenga
un engaño en la forma de preguntar. Por ejemplo, sería capciosa la pregunta que
refiere si un cuchillo es largo o corto, dando por sentado que éste es el
cuchillo homicida, con lo cual quien contesta, lo hace contestando si es largo
o corto, pero aceptando, también, que él utilizó el cuchillo. Por ejemplo, la
pregunta ridícula, pero para que me comprendan, podría ser: "Este cuchillo
que usted utilizó para matar a la víctima, ¿es largo o es corto?". En
realidad, aquí se está respondiendo una cosa, pero se está dando por sentado
otra.
La pregunta sugestiva es aquella que puede contestarse por sí o por no;
es decir, es aquella cuya respuesta está implícita en la misma pregunta. Por
ejemplo: "Asiente que usted utilizó tal arma. ¿Sí o no? Esta pregunta es
sugestiva. Por lo tanto, hay que preguntar de otra manera. Les
pido por favor que, concretamente, sean preguntas.
Los testigos van a ser interrogados por
mí –en principio– no sobre la materia del procedimiento, sino acerca de una
serie de cuestiones que el Código de Procedimientos requiere que aclare antes,
entre las cuales se encuentran –para evitar un error que hemos cometido y al
cual hizo referencia el señor Bidonde– el nombre y apellido, la profesión,
etcétera, y ciertos vínculos con el caso y con las partes, o algún otro motivo
de interés respecto de la decisión.
Por último, según lo que me respondan,
puedo tener necesidad de dar alguna instrucción al testigo. Hay testigos que
tienen prohibido declarar; otros que pueden tomar la decisión de abstenerse de
declarar y otros, por fin, que no deben declarar. En consecuencia, de acuerdo
con lo que me contesten, tendré que decidir en el momento sobre alguna situación
al respecto. Además, deberé tomarles
juramento.
Dicho esto, que es más o menos lo que
vamos a hacer con cada testigo, una vez que yo termine el interrogatorio
formal, quedará a su disposición para las preguntas que los diputados deseen
formularle.
Los primeros testigos corresponden a la
acusación, para que los interroguen los señores representantes de
Aclaro que hemos tenido que mandar a
imprimir el acta, porque aquí no contamos con una impresora.
Eso es todo lo que quería decirles.
Muchas gracias.
Sr. Meis.- Pido la palabra.
Señor
presidente: deseo hacerle una consulta, porque en la breve explicación que
usted nos dio respecto de cómo van a desarrollarse las audiencias, le faltó
decir que los diputados podemos formular preguntas a los testigos.
Sr. Presidente (Maier).- Efectivamente,
señor diputado, lo que usted dice es correcto: los diputados pueden formular
preguntas a los testigos. Sí les pido que sean parcos al preguntar.
En
segundo lugar, aclaro que no es propio del juicio por jurados –ustedes deben
saberlo bien– que los jueces interroguen. Los jurados tienen prohibido hablar
durante el juicio. Pero lamentablemente, nuestro código lo permite. En la
actualidad, ésa es la reglamentación que tenemos para el juicio.
Si
los diputados fueran considerados jurados, no podrían preguntar. De todos
modos, como no hay ninguna disposición que diga eso, ustedes están habilitados
para preguntar. En ese sentido, son
libres para formular las preguntas que deseen.
Lo único que les pido es que tengamos presente que debemos respetar el
cronograma establecido. De lo contrario, vamos a tener un problema
relativamente grave, porque los testigos han sido citados para un día y hora
determinados, con el fin de no molestarlos más allá de lo debido. Por eso, se
han fijado tres turnos por día, aunque debamos continuar la audiencia sin
interrupciones.
Algunos
de los testigos han sido citados a las ocho y treinta horas, de modo que a las
nueve puedan estar listos para declarar; otros han sido citados a las trece y
treinta horas, como para poder declarar a las catorce y los demás han sido
citados a las dieciséis y treinta. Así lo dispuso
Si
no seguimos el cronograma, la situación se nos va a complicar en serio, porque
vamos a tener que reprogramar las notificaciones de los testigos, siendo que
todas han sido enviadas. Reitero: en ese caso, vamos a tener problemas.
De
todas maneras, diputado Meis, usted tiene toda la razón del mundo. Si quiere
formular preguntas, puede hacerlo.
- Se procede a la firma del acta.
Sr. Presidente
(Maier).- Señores defensores del señor Ibarra: desde su ubicación, ¿ven al
testigo? ¿Tienen alguna dificultad? ¿O prefieren que se siente del otro lado?
¿O les da lo mismo?
Sr. Golodny.-
Nos da lo mismo, pero me parece que de este lado lo podemos ver mejor, tanto
los fiscales como nosotros.
Sr. Presidente (Maier).- Tiene la palabra el diputado San Martino.
Sr. San
Martino.- A los efectos de que podamos avanzar rápidamente, en la próxima
reunión los podemos ubicar allí, si es factible, porque se tendría que
desmontar una cámara. Si les da lo mismo, podemos empezar con los testigos
sentados allá.
Sr. Presidente (Maier).- Para la reunión de la tarde ubicaremos al
testigo del otro lado.
Sr. Golodny.- No hay inconveniente, señor presidente.
Sr. Presidente (Maier).- Tiene la palabra la diputada Moresi.
Sra. Moresi.-
Señor presidente: quiero hacer una consulta antes de que comience la
declaración de los testigos respecto de una duda que tengo.
¿Se va a informar con relación a qué
cargo viene a responder cada testigo? ¿Es posible esto o no?
Sr. Presidente
(Maier).- Cada uno ha tenido la obligación de presentar al testigo informado
acerca cuál es el hecho por el que se le pregunta. Pero el testigo no tiene
porqué enterarse; le van a preguntar, y la otra parte está para controlar si le
parece que el testigo está respondiendo sobre cuestiones no vinculadas o no
atinentes al juicio.
Sr. Presidente (Maier).- Lo
primero que le voy a pedir es que diga su nombre y apellido.
Sra. Campos.- Beatriz Margarita Enriqueta Campos.
Sr. Presidente (Maier).- En
segundo lugar, le solicito que nos diga su profesión u oficio.
Sra. Campos.- Abogada.
Sr. Presidente (Maier).- ¿Edad?
Sra. Campos.- 47 años.
Sr. Presidente (Maier).-
¿Domicilio?
Sra. Campos.- Reconquista 715, 6° piso E y F.
Sr. Presidente (Maier).- ¿Su
documento de identidad ya lo entregó al secretario?
Sra. Campos.- Sí.
Sr. Presidente
(Maier).- Otra pregunta es si usted tiene un vínculo de parentesco, de
dependencia o algo similar con la persona que está siendo enjuiciada, es decir,
con el Jefe de Gobierno suspendido, el doctor Aníbal Ibarra.
Sra. Campos.-
No tengo vínculo de parentesco con él, pero quiero aclarar cuál es mi relación
con las víctimas. En principio, tengo una relación personal y profesional con
José Iglesias, papá de uno de los fallecidos en Cromañón. En lo personal, somos
pareja y, en lo profesional, somos socios en un estudio jurídico desde hace
varios años, y lo éramos al 30 de diciembre.
Además de eso, en el juicio caratulado
“Chabán y otros sobre Homicidio”, en el que hay una imputación contra el Jefe
de Gobierno suspendido, como abogada, represento a una gran cantidad de
víctimas: aproximadamente 150 familiares de fallecidos y sobrevivientes.
También patrocino a José Iglesias en una causa en la que él es querellante,
caratulada “Fabiana Fiszbin sobre Asociación Ilícita”. Es una denuncia que
hemos iniciado, él como querellante y yo como patrocinante, en la que están
incluidos varios ex funcionarios y funcionarios del Gobierno de
Asimismo, lo patrocino en otra denuncia
que se inició por abandono de personas contra el Jefe de Gobierno suspendido, y
también contra algunos funcionarios y ex funcionarios del Gobierno de
Sr. Presidente
(Maier).- Muchísimas gracias.
La cuarta pregunta, aunque usted ya se
anticipó, es si usted tiene algún motivo de interés en el resultado del
procedimiento, que no sea el que ya nos ha dicho.
Sra. Campos.- No. Ésos son los motivos de interés que tengo.
Sr. Presidente
(Maier).- Debo instruirla, aunque usted ya lo sepa por ser abogada, sobre lo
que establece el Artículo 275 del Código Penal, que dispone pena privativa de
libertad para el testigo, perito o intérprete que afirme una falsedad, negare,
callare u omitiere la verdad en todo o en parte ante la autoridad competente.
Más allá de ello, también debo tomarle
juramento de decir verdad y, conforme a
Sra.
Campos.- Juro por Dios decir verdad.
Todo lo que voy a decir a partir de ahora va a ser verdad.
Sr. Presidente
(Maier).- Muchas gracias.
Tienen la palabra los representantes de
Sr. San
Martino.- La primera pregunta es de qué
hechos usted fue testigo a partir del trágico suceso del día 30 de diciembre de
2004, en República de Cromañón.
Sra.
Campos.- Yo fui testigo directa,
presencial, de la búsqueda de Pedro Iglesias, desde la 0 hora del día 30 de
diciembre, primero por los hospitales y después en
Durante
todo ese tiempo estuvimos recorriendo distintos hospitales y dependencias del
Gobierno de
Sr. San Martino.- ¿Puede darnos un
análisis pormenorizado de todos los lugares donde usted estuvo realizando la
búsqueda? ¿Con qué personas tuvo la posibilidad de interactuar? ¿Qué más nos
puede decir al respecto?
Sra. Campos.- Voy a tratar de hablar
despacio y contar todos los detalles.
No
recuerdo bien, pero creo que salimos antes de las 12 de la noche. José se había
enterado a través de la televisión. Su hijo también se había enterado del
incendio en Cromañón y sabía que Pedro estaba ahí. Entonces, salimos en auto;
primero, al lugar donde está Cromañón. No sabíamos por dónde entrar. Fuimos por
Corrientes. Cuando llegamos a Pueyrredón no nos dejaron avanzar demasiado, así
que dejamos el auto en Pueyrredón y otra calle que no recuerdo. Terminamos
llegando a Ecuador y Bartolomé Mitre; cuando llegamos ahí, nos encontramos con
un montón de policías. No sé si había una valla, pero lo cierto es que no nos
dejaron pasar y nos dijeron que allí ya no había nada. Serían aproximadamente,
entre las 12 y las 12.30; no recuerdo exactamente la hora. Pero nos dijeron:
"Acá no hay nada; ya se fueron todos; se los llevaron a los hospitales;
vayan a buscar a los hospitales". Preguntamos a qué hospitales debíamos
dirigirnos, pero no tenían la menor idea.
Quiero
destacar que allí había policías. No sé si en otro lado había algún personal
que atendiera a los familiares; nosotros estábamos buscando a los chicos que
estaban ahí. Allí nos encontramos con policías que, prácticamente, nos echaron.
Nos dijeron: "Vayan y busquen como puedan".
En
ese momento, Ignacio –el hijo menor de José– se había comunicado con el papá de
Pedro Lagües. Pedro Lagües es un chico que, junto con Pedro Iglesias y otro
chico fallecido, estaba dentro de Cromañón, pero él logró salir enseguida.
Pedro Lagües se comunicó con su papá –Eduardo Lagües– y él había ido a buscar a
Pedro Iglesias y a Osvaldo, que era el otro amigo que después falleció. Fuimos
al Hospital Ramos Mejía.
Entonces,
ellos fueron los primeros que nos dijeron qué hacer, porque realmente nadie nos
decía nada. Entonces, Eduardo Lagües le dijo por celular a Ignacio: "No
vayas al Ramos Mejía, porque nosotros estamos en el Ramos Mejía, y Pedro acá no
está". Luego, subimos al auto y empezamos a recorrer los hospitales.
Cuando estábamos arriba del auto y sintonizamos la radio, escuchamos que al
Penna habían derivado chicos. Entonces, nos dirigimos a ese hospital.
Cuando
íbamos camino al Penna, escuchamos por la radio que alguien –no sé quién,
supongo que informaban desde el Gobierno de
Cuando
llegamos al Penna, no había ninguna congestión de tránsito; no había
ambulancias. Obviamente, esta advertencia de que no fuéramos a los hospitales
nos parecía absurda, porque si uno sabe que un familiar puede estar internado,
o incluso muerto, no se puede quedar en la casa. A falta de información, había
que salir a buscar adonde a uno se le ocurriera. Por suerte, teníamos autos.
Además, por suerte, yo tengo una noción de dónde están los hospitales. Cuando
decidimos ir al Penna, me acordaba de que estaba por el lado de Parque
Patricios. Entonces, fuimos para ese lado.
Cuando
llegamos al Penna –no recuerdo muy bien–, a los empujones logramos en algún
momento llegar a una ventanilla de la guardia. Después de un rato de reclamar
que nos dijeran algo, vimos una lista de internados. No recuerdo si esta lista
estaba en el vidrio o nos la dieron. Habría unos 20 internados, en
la que Pedro no estaba. Y nos fuimos. En realidad, nadie nos decía nada.
Insisto: todo esto fue terrible. Sentía una sensación de desamparo. Decía:
“¿qué hago?”, “¿adónde voy?”, “¿cómo sigo?”, “¿adónde busco?”. Entonces, dije:
“Vamos al Argerich”. Todo el tiempo nos comunicábamos con Pedro Lagües, el
chico que había salido con vida. Luego del Penna fuimos al Argerich,
simplemente por una cuestión de ubicación. Dijimos: “Vamos al Argerich” y
después, empezamos a escuchar en la radio que en todos los hospitales había
chicos internados. Empezamos a recorrer todo cuando estábamos camino al
Argerich. En ese momento, a mí se me ocurrió, o a José, no me acuerdo, que
además de mirar las listas –como se estaba hablando de internados NN y
fallecidos NN– teníamos que ver los cuerpos, si no la búsqueda era inútil
porque tal vez Pedro era NN. Esto era un absurdo. Sobre esto nadie nos dijo
nada. También nos parecía un disparate y yo decía que esta situación era
terrible, porque en el momento en que uno se encuentra buscando a alguien y no
sabe adónde está, necesita una mínima orientación, que además de mirar las
listas, le digan: “Entrá, fijate y mirá en Terapia Intensiva”. De todo esto,
nada. Esto surgía cuando a uno se le ocurría, y lo hacía.
Llegamos al
Argerich y allí nos atendió un policía –en general, nos atendía un policía,
pero en el Penna no–, abajo en el playón de
El policía me llevó hasta un pasillo y de
golpe me encontré en un pasillo que no era ninguna morgue, ninguna sala ni
nada: era un pasillo de aproximadamente un metro y medio de ancho, o un poco
más y había entre 15 y 20 muertos tirados en el piso, sucios de negro, tapados
con telas, trapos, o qué sé yo, no eran sábanas, no había nada prolijo y lo que
se veía era realmente espantoso. Iban levantando de a una las telas y cuando yo
veía el rostro de una mujer, directamente no miraba; cuando veía cuerpos de
hombres o de muchachos, bueno, enseguida trataba de descartar, porque si era
gordo no era Pedro, o si era rubio no era Pedro. Esta situación fue terrible
porque en toda mi vida no había visto un cadáver, salvo cuando uno va a un
velatorio de un familiar. Me sentía muy mal, era muy difícil mirar y no había
nadie, o sea, no había ningún enfermero que se fijara si me sentía bien –digo esto
tanto para mí como para todos los que vendrían después–, si me bancaba la
situación; sin embargo, no había absolutamente nadie. Si hubiera encontrado ahí
a Pedro muerto, no sé qué hubiera hecho, realmente no sé. Pero, tenía terror de
encontrarme ante esa situación porque estaba totalmente sola. Me pareció un
disparate que nos hicieran entrar solos. En ese momento, lo único que queríamos
era avanzar y encontrar a Pedro.
Salimos del
Argerich y seguimos al Hospital de Clínicas. En el Hospital de Clínicas la
atención fue un poco mejor en cuanto a que no
nos sentimos tan maltratados. En ese momento, no había desbordes, había
menos chicos, abajo nos dieron la lista y ahí no estaba. Nos dijeron que
subamos a no sé qué piso donde estaba Terapia Intensiva y los cuerpos de los
fallecidos. Subimos y nos dijeron que ahí estaban los cuerpos de los fallecidos
y también que tenía que entrar una sola
persona. José entró y al rato salió diciendo que ahí Pedro no estaba.
Bajamos,
fuimos al Sanatorio Mitre y también en este caso todo era por intuición, porque
uno decía: “A ver, cuál es el hospital que está mas cercano adonde estamos”. De
repente escuchábamos que en la radio decían que en “tal lugar” había muchos
chicos. Entonces, nos fuimos al Mitre. Cuando llegamos ahí también
estuvimos peleando un rato para que nos dieran la lista, hasta que no dijeron
que podíamos entrar a ver los cuerpos. Entramos los dos, así que no tuvimos que
entrar solos. Pero, de cualquier manera, nadie nos acompañó: no había un
enfermero ni alguien que nos acompañara en esto que realmente era terrible.
Recuerdo
que nos abrieron la puerta de un cuarto de tres por cuatro en el que estaban
todos los cuerpos –por lo menos, creo que habían quince o veinte– de la misma
manera que en el Hospital Argerich: sucios y tapados con unos trapitos. Así que
iban levantando las sábanas de a uno, y nos iban mostrando las caras. Pedro tampoco estaba ahí.
Perdón, me
olvidé de decir algo importante –lo que sucede es que me cuesta un poco ordenar
lo que sucedió–: cuando estábamos llegando al Hospital de Clínicas, más o menos
a las tres de la mañana, escuchamos no sé si en la radio del auto o decir a
alguien en el hospital que el CGP N° 2, que está ubicado en la calle Junín al
500, iba a dar información coordinada acerca de los chicos que estaban
internados en todos los hospitales. Es más, decían que la información se iba a
dar a las cuatro de la mañana, por lo que pedían que los familiares nos
dirigiéramos a la calle Junín.
Como
nosotros estábamos muy cerca, cuando salimos del Hospital de Clínicas fuimos
para ahí, calculo que eran las tres y media. Al llegar nos encontramos con que
la persiana de la puerta chiquita, normal, del CGP estaba cerraba, y que estaba
franqueada por un policía. Le preguntamos qué hacíamos y cómo daban la
información, y nos dijo que teníamos que hacer una fila –si en este momento
miro a la puerta, la fila sería hacia la derecha, hacia Rivadavia o Corrientes–
así cuando venían las listas, aproximadamente a las cuatro de la mañana,
entraríamos de a dos y nos dirían si nuestro hijo, hija o persona que buscamos
estaba o no en las listas. Esto nos pareció un absoluto disparate, ya que en
ese momento había aproximadamente doscientas personas. Así que se lo hicimos
saber –no recuerdo a quién, creo que a algún funcionario, además del policía
que nunca nos dejaba entrar–, ya que habían personas de civil que entraban y
salían, que parecían ser del mismo CGP.
En algún
momento pudimos hablar con alguien y le dijimos que esto era un disparate y que
si todos nos poníamos a hacer una fila y al llegar las listas entrábamos de a
dos, íbamos a terminar de saber en dos días dónde estaban los chicos
internados.
Esto se
tornó bastante molesto, porque ya eran cerca de las cuatro de la mañana. Todos
estábamos en la puerta con un policía que no nos dejaba pasar; la gente se
empezaba a amontonar pero ellos seguían con el tema de la fila; cada vez que
entraba alguien lo parábamos y le preguntábamos quién era.
En algún
momento, José se puso a discutir mal con alguien que entró, y le dijo: “pedazo
de pelotudo…” –perdón por la palabra, pero recuerdo que dijo esto porque era
una situación terrible– “…si hacemos una fila, vamos a estar cinco días para
saber dónde están nuestros hijos”. Le contestaron que no se podía hacer nada, a
lo que José agregó: “¿por qué no leen
los nombres con un altoparlante o megáfono?”. Le dijeron que no tenían, así que
José contestó: “No ves que ahí hay un patrullero que tiene un altoparlante”.
Recién ahí, el señor exclamó un “ah”, como dándole la razón. No sé si en ese
momento le dijo que sí, pero lo cierto es que, finalmente, a eso de las cinco,
cuando las listas estaban, se leyeron en el altoparlante del patrullero.
A ninguno de
los que entraban o salían, que no sabemos para qué lo hacían, se les ocurrió
que esto era una solución mucho más práctica que hacernos formar una fila
interminable a dos mil personas y entrar uno por uno a preguntar por su
hijo.
Lo del CGP
fue terrible; realmente fue lamentable. Nos empezamos a amontonar. Hacía mucho
calor esa noche. Creo que eran las 4 de la mañana y hacía 35 grados; el calor
era impresionante. Toda la gente estaba desesperada. Nosotros habíamos quedado
en la primera fila, en la puerta, y atrás se amontonaba cada vez más gente.
Preguntamos cuándo iban a salir las
listas. Nos decían: “Están
llegando”. Preguntamos: “¿Cómo que están
llegando?”. “Están llegando por fax”,
nos respondieron. Entonces, le dije: “Empezá a leer lo que tenés”. Me
contestaron: “Tenemos que revisarlo, por si damos algún dato mal”. Pasaba el
tiempo. Estábamos desde las tres y media. La gente se amontonaba cada vez más.
Se empezó a pelear gente entre sí, porque estaba desesperada. Yo tenía
una persona grande atrás mío, que me dijo que estaba buscando a su nieta. No sé
quién era. No sé si la encontró, o no. En el momento de más tensión, que sería
casi a las cinco de la mañana, cuando las listas no aparecían, la señora se
desmayó, se empezó a sentir mal y se apoyó en mi cuerpo: me agarró, yo la
agarré y le dije al idiota que estaba en la puerta que me dejara pasar, porque
la señora se sentía mal. Entonces, empujando logramos pasar al CGP.
Hasta ese momento veíamos que entraban y salían personas. A cada uno que
entraba le decíamos que resolviera algo, que eso era un disparate, que la gente
se iba a matar ahí. Nosotros entramos porque esa señora se desmayó.
Cuando entramos nos encontramos con no
sé si eran diez, quince o veinte personas paradas con cara de idiotas,
mirándonos azorados. Les gritábamos y les decíamos: “Hagan algo; se va a producir
una avalancha humana; acá se van a empezar a matar y ustedes no hacen nada;
todos están parados esperando las listas. Hagan algo con la gente”. Nadie
respondió. La señora que estaba medio desmayada se sentó en una silla. Creo que
nadie la atendió. Lo único que hacían era mirarnos. Nosotros los insultábamos a
todos.
Nos sentíamos en una situación
espantosa. Creo que esto hizo que reaccionaran y a los diez minutos –eran casi
las cinco– las listas aparecieron o las terminaron de leer, de ordenar, porque
salieron y las leyeron.
La sensación que tenía yo, y supongo
que tenían todos, era que todo el tiempo nos pateaban para afuera. No sólo
nadie nos ayudaba, sino que además nos pateaban para afuera. Nadie nos decía:
“¿Necesitan algo? ¿Se sienten mal?”. Fue al revés: cuando esa señora se desmayó
tuve que empujar y gritarle al policía: “¿No ves que la señora está
desmayada?”. Con eso logré que me dejaran pasar. Entró José conmigo y nos
pusimos a discutir con la gente, para ver si reaccionaba. No sé qué estaban
haciendo.
Después salimos a la calle, porque
dijeron: “Ya vamos a leer las listas”. Como dijo hace un rato, empezaron a leer
las listas de los chicos que estaban internados. Iban leyendo por orden
alfabético. Decían: “Apellidos con
Después creo que dijeron qué cantidad
de internados NN había en cada hospital. En ningún momento hablaron de la
cantidad de fallecidos y en qué hospitales había personas fallecidas. Cuando
salimos de ahí pasamos primero por el Hospital Alemán.
Quiero aclarar que en ese lugar nunca
nos dijeron –le preguntamos no sé a quién– cómo seguir. Nosotros estábamos en
la situación de que no habíamos escuchado el nombre de Pedro; o sea, Pedro no
estaba en la lista. Nos preguntamos qué hacíamos. Preguntamos y nadie nos dijo
nada. Lo único que íbamos a hacer era ordenarnos, “barrer”
Cuando
llegamos al Rivadavia ya eran las 6 de la mañana. No había casi gente en el
Hospital Rivadavia. Nos mandaron a averiguar nuevamente al policía que estaba
ahí en una especie de garita, en la entrada de autos. Había dos policías: una
mujer y un hombre. Uno de los hombres dice acá hay 10 ó 15 internados, nos dio
la lista de internados y nos dice que hay dos NN fallecidos, uno masculino y
uno femenino. Describió cómo era el masculino y dijimos “vamos a verlo”. Y
nuevamente dijeron “entra uno sólo”. Esto lo determinaba la policía. Acá no
había ningún médico, ningún psicólogo ni nadie que dijera quién entra y cómo
entra. La policía decía “puede entrar uno solo”. Yo después me enteré que había
gente a la que ni siquiera la dejaban entrar; había hospitales donde ni
siquiera se podía entrar. Al menos a nosotros nos dejaban entrar.
En
ese momento José dijo “entro yo”. Creo que José primero fue a terapia intensiva
en donde había 3, 4 ó 5 chicos y en terapia intensiva no estaba. Después fue a
la morgue y en la morgue encontró a su hijo. Estaba solo. La morgue está a más
de
Mientras
estábamos afuera –en realidad, cuando digo afuera, estábamos parados en la
calle de entrada al hospital, detrás de la garita de los policías o sentados en
el piso– fueron llegando los hijos de
José, nos íbamos amontonando todos ahí y estábamos esperando, simplemente, ver
cómo seguían los trámites. Cuando a la hora de haberle tomado la presión
quisimos volver a entrar a la guardia para que se la controlaran nuevamente,
nos paró una médica o no sé quién y nos dijo: “por acá no se puede entrar,
tienen que ir por adelante y pasar por admisión”. Entonces yo le digo: “Su hijo
está en la morgue, él está con hipertensión”, ¿de qué me está hablando?”. Me
dice “no, qué se yo, esto es un desborde”. Le digo: “yo entiendo que estén
atendiendo gente del incendio, pero qué quiere, ¿tener otra víctima más? Bueno,
al final, peleándonos un ratito, logramos que entrara por atrás. Le tomaron la
presión y seguía alta.
Aclaro que en
la guardia no había ningún desborde; no había casi chicos. El Hospital
Rivadavia recibió pocos chicos. Nos pusieron en un cuartito, le dijeron que
tenía que tomar algo, pero él no tenía nada. Realmente, fue lamentable la
atención. Y no es que no había médicos. Yo veía pasar médicos y enfermeros
charlando. Fue lamentable la atención. Después pude saber, no porque nosotros
lo hubiéramos comprobado, pero sí como abogada de víctimas, que en la guardia
del Rivadavia, durante esa noche, no había habido oxígeno para las pocas
personas que estaban internadas.
Esto es algo que lo sé porque me lo
dijeron, y me parece que es importante, porque muchas veces escuché acerca del
colapso de los hospitales. En el Rivadavia no había colapso y, sin embargo,
había un chico, que se llama Pablo Espinosa –un sobreviviente, que esa noche
fue derivado al Rivadavia, al igual que Pedro– cuyos padres, que llegaron
temprano, me contaron –y supongo que también lo habrán declarado en la causa–
que el chico estuvo hasta las 6 de la mañana en el Rivadavia compartiendo con
otro chico un tubo de oxígeno que no andaba, sin que nadie lo atendiera. Cuando
cambió el jefe de guardia, a las seis de la mañana, la señora –que estaba
desesperada porque a su hijo se le estaban poniendo negros los dedos– le dice
al médico “¿Lo puedo trasladar?”, y el médico le pregunta “¿Usted tiene obra
social?”...
Sr. San
Martino.- Señor presidente: quisiera solicitar que la testigo nos reiterara el
nombre de la víctima.
Sra. Campos.- Pablo Javier Espinosa.
Sr. San
Martino.- Muchas gracias. Nos hacemos reserva de poder citar a esta persona, si
fuera posible, a los efectos de brindar testimonio.
Sra. Campos.-
Es el menor; no me acuerdo de su edad. Esto me lo contaron los padres, cuando
vinieron a verme para que los representara en la causa penal.
Lo cierto es que este chico, según me
contaron los padres, a las seis de la mañana fue trasladado a