¿QUÉ
HAY DETRÁS DE UN NOMBRE?
Lic. Diana Braceras
En el primer año de la carrera
de medicina, la cátedra de Salud Mental a la que pertenezco inicia el
desarrollo de su programa anual, con una introducción a
Arduo es el trabajo para
desmantelar el "sentido común" a cerca de la lengua, que adjudica a
cada palabra un significado más o menos fijo, en el marco imaginario que supone
una substancialidad al sistema.
El vaciamiento del sentido de
las palabras y la significación, como variante dependiente del contexto, vía
selección y combinación de significantes como imágenes acústicas diferenciales,
pura forma que adquiere un provisorio ropaje de sentido, es aprehendido no sin
dificultad, y en lo ordinario olvidado rápidamente por la necesidad de
estabilidad imaginaria de la conciencia, que insiste en fijar a los nombres las
cosas, referente y sentidos unívocos, indiscutibles para todos iguales en todo
tiempo y contexto. "La verdad" del mundo, según las distintas
disciplinas, está armada a partir de cierta adjudicación de significaciones
determinadas, por propiedades imaginariamente constantes y que pasan a un plano
de utilería en el teatro de la vida.
En determinado momento el
"nombre" sustituye al conjunto y se concibe como "natural"
que tal denominación de cuenta por sí de una parcela de mundo recortada por ese
significante.
Las palabras cobran así vida
propia y se independizan del contexto original, entrando a jugar cómodamente en
el universo del lenguaje según sus semejanzas o diferencias con otras palabras
de la lengua. Las funciones de evocación, connotación o denotación de
cualidades, características o propiedades, impuesto un nombre, quedan
imaginariamente contenidos en él y transferidas al soporte de ese nombre, sea
una persona o ... un medicamento. Por ejemplo, el
nombre de Judas para un bebé, es poco probable que sea elegido, ya que
bíblicamente implica las características de traidor al portador. Por lo mismo,
el nombre de un personaje famoso por alguna cualidad valorada por los padres,
es muy probable que sea elegido para nominar a su hijo. ¿Cuántos Juan Domingo o
María Eva dió la década peronista? ¿De cuántos Diegos
es responsable Maradona? ¿De cuántos Pablos, Picaso o Neruda? Las
letras sucesivas que conforman esos nombres son imbuídas
mágicamente del "poder" de nominación que toma como referentes un
cierto número de rasgos y no otros. Con la misma contundencia, en ciertas
familias hay nombres "prohibidos" que arrasarían con los emblemas, la
ideología o la historia transgeneracional, sembrada
de nombres admirados o repudiados, según la significación de cada biografía y
la posición personal de cada miembro respecto a tales personajes.
Si ubicamos "detrás"
de un nombre el sistema de entrecruzamientos simbólico-imaginario a los que
remite, empezamos a darnos cuenta del porqué del costo de las marcas de los
productos, del nombre de las mercancías y del presupuesto destinado a los
"creativos" o publicitarios que diseñan un producto, su envase, su
nombre, su presentación: parte de lo que "será" este producto
dependerá de las letras que se combinen en su nombre, del color según la
significación cultural y sus asociaciones a referentes positivos o rechazados,
a formas que evocan imágenes deseables o no.
Volviendo específicamente al
tema del nombre, en nuestro ámbito y teniendo en cuenta la polémica respecto a
la suposición de integridad científico-ética de las publicaciones más
prestigiosas del campo médico, cabe el proverbio: "Hazte fama y échate a
dormir" en su versión lingüística:
"Hazte un nombre y échate a dormir"
La inercia del lenguaje
consagra en el tiempo, determinadas cualidades soldadas a nombres que
sostuvieron ciertamente rasgos de confiabilidad, seriedad, ética. Y aunque la
experiencia vivencial confirma una y otra vez que ni las
personas, ni las cosas, ni los productos culturales se mantienen iguales a sí
mismo, fundamentalmente porque tal sí mismo resulta bastante volátil según los
contextos, las circunstancias y los intereses que se jueguen a su alrededor, el
imaginario colectivo impone una estabilidad ficticia que otorga un
"ser" de determinada forma y no de otra, inmune a la teoría de la
relatividad más básica y cotidiana. Esta "cristalización" de un
nombre ligado a cierta "fama" es decir a ciertos rasgos seleccionados
de un conjunto posible, que identifican a un producto, ponen en positivo
aquello que le otorga cierto valor y se negativiza el
conjunto de rasgos, también posibles, que parecen imposibles de pertenecer a
tal nombre.
Ejemplos:
La talidomina reúne todos los rasgos de droga
peligrosa no recomendable a partir, de la inhibición del desarrollo celular
comprobado en tantos bebés que nacieron con rudimentos de miembros superiores
al ser consumida tal droga por la madre durante el embarazo, como ansiolítico.
Sin embargo, no es importante tenerla en cuenta para cuando lo deseable es la
inhibición de la reproducción celular por ejemplo en procesos neoplásicos?
Por el contrario, al recomendar
medicamentos "sin contraindicaciones" ("mal no te va
hacer"), se dice es como tomar agua, no te hace nada malo. Cuando
justamente el factor causante de tantas epidemias y enfermedades comunales,
fundamentalmente se buscan en el agua que tal comunidad tiene disponible, ya
que históricamente es un medio de gran capacidad de contaminación. Hace muy
poco tuvimos en territorio bonaerense una muestra de tal potencialidad de hacer
daño.
La negación de admitir la
variabilidad y relatividad de las propiedades de determinados productos
nombrados como garantes de lo bueno o de lo malo, afecta la facultad crítica de
la inteligencia y el razonamiento humanos, que trabajan con la capacidad
simbólica de re-presentar signos: ponerlos en serie, diferenciarlos y
combinarlos, discriminar y valorar las relaciones diversas y cambiantes de una
estructura determinada. El imaginario, uno de los registros con que funciona el
psiquismo, tiende en cambio a unificar, englobar y conceder certezas y ocultar
fallas y faltas, recubriendo la experiencia con un manto piadoso de
"buenas formas" y "costumbres sanas", en tanto estén
consensuadas colectivamente por la comunidad (por ejemplo de científicos) o por
el prestigio de un órgano de difusión masivo que uniforma las opiniones y forma
conceptos arbitrarios según a qué intereses convengan.
En el campo de
Salvaguardando los intereses
actualmente más dominantes, los de la concentración de capital y poder
económico, la industria y el comercio instalado en el Mercado de
Este proceso de "fetichización" de la mercancía - de la cual el médico
resulta un intermediario necesario, aunque no exclusivo, gracias a la
dispersión de la prescripción medicamentosa vía publicidad, formal o informal
-, consiste en un falso reconocimiento con respecto a la relación entre una red
estructurada y uno de sus elementos: aquello que es realmente un efecto estructural , un efecto de la red de relaciones entre los
elementos, parece una propiedad inmediata de uno de ellos. (1)
Por otro lado, la suposición
del receptor de estos mensajes fetichistas (mecanismos clásicos de la
perversión), es inducido a enlazar falsamente el conjunto de elementos que
relacionados dan sentido a determinado producto, dejando afuera toda la serie
de datos que estructuran realmente el campo del cual deriva determinada
prescripción. Se privilegian los elementos mas
"inocentes" e inocuos, los incuestionables aspectos sostenidos por
ideales compartidos, para imponer conductas beneficiosas para intereses
inconfesables.
Así, hoy se puede apreciar el
poder de marketing de la "muerte digna", cuando al
sistema pagador de los tratamientos costosos les conviene. O la gran demanda de
"energizantes" y "antioxidantes" cuya
eficacia jamás se ha comprobado, en un momento donde justamente falta la
energía para afrontar un mundo básicamente injusto y frustrante de las más
mínimas expectativas de un futuro promisorio y los proyectos personales se
herrumbran a la intemperie de la desprotección de las leyes y las posibilidades
materiales de concreción.
Todo diseño de un producto a
través de signos perceptivos o lingüísticos que remitan a palabras asociadas a "potencia",
"plus", "máximo", "fuerza", "vitalidad",
"vida", "equilibrio", "tranquilidad",
"juventud", "serenidad", "seguridad",
"extra" etc. refuerzan el poder de prescripción, de venta y
adhesión, más allá de los reales beneficios terapéuticos.
Ya lo decía Sigmund
Freud en 1905:
"Comenzamos
ahora a comprender también en todo su alcance la "magia" de la
palabra. En efecto, la palabra es el medio más poderoso que permite a un hombre
influir sobre otro..." (2)