subcomandante marcos
Para Doña Helena la fuerte y Doña Ofelia la sabedora.
Cuenta una leyenda en los pueblos indios del
noroeste mexicano, que hubo un tiempo, hace mucho tiempo, tanto que el tiempo
no tenía todavía el nombre de “tiempo”, que Coyote se enamoró de un hermosa
mujer llamada Lucero. Lucero vivía muy alto, allá en el cielo. Y
era vigilada todo el día por su celoso padre. Pero de noche, cuando el
padre dormía, salía la hermosa mujer a recorrer el jardín. Porque en ese
entonces, el cielo era un jardín. Y lo que ahora ustedes llaman
“estrellas”, no eran sino flores; los planetas entonces eran árboles, y los
cometas eran pajaritos que correteaban de un lado a otro… Mmh… bueno, pero ésa es otra historia y, además, no estoy
seguro de que así vaya la leyenda.
Pero bueno, resulta que, en uno de esos paseos
nocturnos, Coyote había mirado a Lucero, dijo “arrrrrroz
con leche” y pensó para sí: “ora sí que se chingó
Bueno, no así dijo porque de por sí no existían
todavía ni el arroz con leche ni
Coyote quiso hablarle de amores a la morrita,
que diga, a la mujer ésa de la noche, pero no se podía porque muy lejos quedaba
y ni modo de andar gritando cosas para las que, al fin al cabo, hay mejores
formas de expresarse que las palabras, y casi siempre son en silencio. O
bueno, de repente algún gemido, jadeos, bueno, también gritos, pero no se
manden porque luego uno no puede dormir tranquilo. Ora que eso sí, esas
otras formas requieren como quien dice de “cercanía”.
Pero bueno, ya me estoy yendo por otro
lado. El caso es que Coyote era coyote pero no era tarugo, así que empezó
a escribirle a su desvelo de amores y esas cosas.
Las palabras de Coyote terminaron por enamorar
a Lucero, pero el amor entre ella y él era imposible, por la distancia, por los
convencionalismos, por el qué dirán, por lo que ustedes quieran.
Lucero trató de bajar, pero no pudo. Así
que tejió una larga trenza con su cabello y la tendió hacia el suelo.
Coyote empezó a trepar y, cuando iba a la mitad
del camino, se despertó el padre celoso y, con sus rayos amarillos, cortó la
trenza y Coyote fue a caer en el suelo.
Desde entonces, cuenta la leyenda, Coyote le
aúlla a la luna. Para que ella no lo olvide, dicen. Para que ello le
encuentre, cuentan
Estaba yo recordando esa leyenda, cuando, ayer
ya tarde, cayó la noche, y con ella la policía, asediando la casa que nos
hospeda. Agentes de diversas corporaciones policíacas se apostaron en los
alrededores. Ellos no entraron, la noche sí. Y con ella de la mano,
llegó ese instante poblado de luces y sombras que llamamos “la madrugada”.
Abril. Hermosillo. Sonora.
Noroeste de México. Madrugada. Arriba la luna, abajo… la sombra.
Empezó entonces mi mano a trazar algunas
imágenes sueltas de la cultura arriba y abajo.
Veamos entonces, escuchemos.
I.- UNA IMAGEN DE
Es hombre. Dice que gobierna gente y
tierra. El poder que ostenta lo consiguió traficando drogas y vidas, es
decir, traficando muerte. Como espejo usa una televisión cuando peina sus
cabellos y ahora agrega fijador. Como ideas no tiene, ni cerebro, trata
de fijar algunas frases.
Su secretario particular se desespera.
Lleva horas tratando de que el amo y señor consiga hilar algunas palabras sin
contradecirse.
¿Una entrevista? Ni pensarlo. A
menos que sea “arreglada” y que sólo se tomen las fotos necesarias.
Y, bueno, algún remedo de cultura habrá que
exhibir. Después de todo, la cultura es como el café instantáneo, es
decir, es soluble, desechable y, además, no es café.
Así que qué mejor que inaugurar una exposición
de arte. Ahí sólo hay que sonreír y poner cara de idiota. Ahora
que, lo que sea de cada quien, el señor y amo se pinta solo para eso.
Con trabajos el secretario logra que el
poderoso repita “Muy interesante” con un tono más o menos convincente.
Horas después, el secretario debe pagar
generosamente a los periodistas que cubrieron el acto para que no publiquen que
el-que-manda se pasó más de media hora repitiendo “Muy interesante”…
pero mirando el letrero que, en la exclusiva sala de exposición, señala la
ubicación de los baños.
II.- UN GRAFITTI DE
Órale mi buen, usted póngase las pilas y eche
las aguas por si se aparecen los tirabuzones. ¿Ónde
quedó el spray? Ése no, el negro. Bueno, entonces por turnos.
Yo le grafiteo este lado y ya luego usted mero
le raya por ése otro. ¿Qué? Pos de por sí a usted le toca el lado
derecho mi buen. No, yo ni madres, yo el izquierdo. No chingue,
¿cómo vamos a hacer un graffiti con sólo el lado izquierdo? ¿Qué?
No, si imaginación es lo único que tengo de sobra. A ver, mire usted, ahí
está un cartel de los partidos políticos. Qué eso quede del lado derecho
y arriba, y ya nosotros nos grafiteamos el
lado izquierdo y abajo, digo, pa´ que se vea ora sí
que la contradicción. O sea que los culeros
del lado de allá, y los chidos del lado de
acá. ¿Qué me apure? Pos usted es el que me hace que suelte el
rollo. Ya casi está. Páseme el amarillo. ¡No trajo el
amarillo! No le digo, si para puras vergüenzas no saca uno. Ora qué
va a decir el respetable público, como quien dice la ciudadanía, cuando lo mire
nuestro muro. A güevo, “nuestro”, porque
el muro es de quien lo grafitea, ¿qué no?. ¿Y
ora cómo le hacemos? Mmh… Péreme, toy
pensando. A güevo, yo sí pienso, si no
pensara estaría mirando la telera. Mmh… ¡ya
sé! Hablando de sacar vergüenzas, hágase a un lado, que le voy a poner
amarillo orgánico al graffiti. ¿Qué va apestar? Voooooy,
si el graffiti es para verlo, no para olerlo. Nomás no se arrime, no lo
vaya yo a salpicar. ¿Ahí vienen? ¡Pos píntele mi buen! ¡No,
con el spray no! ¡Que le pinte pues, o sea que vámonos
porque nos apaña la tira!
III.- UN MERCADO PARA
La gran máquina de destrucción y muerte llamada
“Capitalismo” es relativamente joven en la historia humana, pero en poco tiempo
ha destruido lo que a la naturaleza le tomó millones de años crear.
El Capitalismo tiene un modo para destruir y
matar. Este “modo” consiste en que todo lo convierte en mercancía.
No sólo lo que se produce en fábricas y campos. También lo que la
naturaleza ha creado sin intervención humana. El aire, el agua, los
códigos genéticos de plantas y animales, todo es avasallado por la máquina
trituradora del capitalismo y convertido en una mercancía.
Allá arriba, quienes han convertido la cultura
en una mercancía más, la han codificado de acuerdo a sus intereses. Así,
“arte” es lo que se produce en galerías exclusivas, en los estudios y talleres;
y “artesanía” es lo que se produce en las calles y en los pueblos.
“Cultas” son las elites del Poder, e “incultas” las masas de trabajadores del
campo y la ciudad.
Por esa extraña alquimia del dinero, se suele
asociar riqueza con cultura, pero hay más de uno (o una, según el caso o cosa)
que es tan rico y poderoso como idiota. El “somos diferentes porque somos
ricos”, lleva a los poderosos a adquirir museos enteros. Si alguno (o
alguna, según el caso o cosa) piensa que es porque estos ricos quieren aprender
más o salvaguardar material artístico y cultural, se equivoca. Ya tiene
rato que la cultura en general, y el arte en particular, es una
mercancía. Cara, por cierto. Y poseer arte es poseer mercancías que
suben de precio con el tiempo.
Como mercancía, la cultura es valorada según
los criterios del mercado y siguiendo sus “modas”, es decir, sus campañas
publicitarias.
Cierto que así se han hecho visibles algunas
manifestaciones culturales. Pero también es cierto que es mucho más lo
que ha quedado fuera por el “delito” no entrar en la lógica capitalista.
Uno de los ejemplos más palpables está en los
Pueblos Indios. Todo lo que se les pueda arrebatar y llevar al mercado
capitalista tiene valor. Lo que no, es decir, su pensamiento, su
historia, su memoria, su existencia propia, no vale nada y, por tanto, debe ser
destruido.
Acá, bajo estos cielos, está
Y los gobiernos, que deberían existir y
trabajar para bien de los pueblos, quieren destruir a los Seris,
a
Por decencia, por honestidad, por humanidad, no
podemos dejar solos a los Comcá ac.
IV.- UN PUENTE FEMENINO EN
En la tierra del Tohono
O´odham, por el lado de Sonoyta,
en Sonora, Doña Rosario, la más mayor de las autoridades tradicionales, mira
hacia abajo sabiendo que es ahí, en la tierra, donde el cielo escribe sus
memorias.
Doña Rosario le habla y trasmite a Ofelia, su
nieta y gobernadora O´odham, el dolor que le habla la
tierra:
“Me envenenan”, dice la tierra, la
madre, “matarme quieren ellos, los que arriba son porque la muerte siembran
y cosechan riqueza”.
Ofelia levanta la mirada y el corazón
hacia la montaña sagrada del O´odham. De un
lado la hieren el verde grisáceo de
“La tierra peligra y nos llama”, piensa
Ofelia, “los mayores, los ancianos, los equilibradores
de las fuerzas del mundo, se van más allá, y nuestras lengua y cultura se
mueren con nuestra tierra”.
“Hay que resistir, hay que hacernos fuertes”,
murmura Doña Rosario recargándose sobre el hombro de Ofelia.
Y, como respondiendo la pregunta que Ofelia no
hace pero siente, agrega: “hay que hacernos fuertes con quienes son como
nuestro corazón, aunque otros”.
Lejos de aquí, otra mujer, Doña Helena, con su
luminosa fortaleza, mira al sol que en abril se hace tierna tibieza.
Tiene otro color en la piel y otra lengua habla
en sus labios, pero, con su modo y con su tiempo, Doña Helena dice lo que dice
Doña Rosario: “hay que resistir, hay que hacernos fuertes”. Y,
recargándose en el hombro del sol, se hace grande para asomarse al abril que
nos desvela. Y sonríe Doña Helena cuando agrega: “hay que hacernos
fuertes con quienes son como nuestro corazón, aunque otros”.
Un mismo dolor y una misma fortaleza unen a
estas dos mujeres. Tan distantes y distintas, y, sin embargo, tan
cercanas y semejantes.
Como ellas, en esta larga cicatriz que se llama
México y que ahora vuelve a sangrar, hay cientos, miles, millones, que levantan
sus dolores y tragedias personales, y con ellas sus rebeldías.
“Quien se rebela a la muerte, a nada teme,
porque nada pierde”, dice
V.- ALGUNAS EXPLICACIONES EN
Los KILIWAS: las primeras palabras.
Cuenta una leyenda Kiliwa,
que las personas, animales y cosas que están en el mundo fueron hechas de
sombras. Que, en el primer principio, cuando nada había todavía, el
Creador proyectaba sombras con su cuerpo y sus manos, y entonces la sombra
empezaba a existir, pero ya no como sombra. Y cuentan que en esos tiempos
más primeros, se hablaban personas y animales, y las cosas, y todo el universo
tenía el don de la palabra, porque todo venía de las sombras.
“Cuando no había nada, cuando todo aquí era
oscuridad, no existían las plantas, no se veían las estrellas. Los
animales no estaban, en el cielo los rayos no tronaban, el sol no calentaba, no
había luna que marcara el paso del tiempo y de la vida”. Llegó entonces
el creador, el no nacido, el no sabido, el principio: Coyote-Gente-Luna.
En la oscuridad, aulló y dijo. “Yo soy Meltí
?ipá jalá (u), yo
soy el padre, yo soy el de la casa redonda y cóncava, y vengo de donde todo es
cóncavo y amarillo”.
En la oscuridad, Coyote-Gente-Luna fue su
propia luz y se soñó como padre del mundo y de sus objetos, y soñó a los
primeros cuatro hijos que poblarían la luz que se derramaba por el mundo
oscuro. Porque temía enfermarse de soledad, Coyote-Gente-Luna decidió que
sería bueno hacer las cosas y la gente, y decidió ser padre. Con buches de
agua cristalina, Coyote-Gente-Luna marcó los 4 puntos cardinales. Fumando
tabaco en su pipa, fue creando las cosas del universo. Primero creó el
humo. Se quedó dormido Coyote-Gente-Luna, y el humo de su pipa creó todos
los caminos y senderos de la tierra.
Despertó luego y se puso contento de lo que se
había hecho. Quiso cantar pero no tenía compañía. Se quitó el
escroto de sus partes y se hizo una su sonaja. Y cantando y fumando hizo
el cielo y lo creó cóncavo en recuerdo de su casa amarilla y para que las cosas
no se salieran. Para que no se fueran el aire, el agua, el color, la luz,
fue hecho el cielo. Como el agua y los colores llenaban todo,
Coyote-Gente-Luna pensó de hacer las montañas. Cuatro veces salió humo de
su pipa y cuatro montañas fueron creadas. Creó después 4 borregos
cimarrones y los puso en las 4 montañas con el encargo de detener el cielo con
sus cornamentas.
Para que el borrego cimarrón no estuviera solo,
Coyote-Gente-Luna de arcilla creó al venado, al pez, a la codorniz y al
gato. Pero los animales peleaban mucho entre sí y Coyote-Gente-Luna los
regañó mucho por su falta de compañerismo, y se puso a hacer más
animales. Todos los animales de la tierra fueron creados en los hornos de
Coyote-Gente-Luna. De arcilla, de la madre tierra fueron hechos
todos. A todos les dio orden de respetarse porque su trabajo era sostener
al mundo en las 4 montañas, y les dijo de llevarse bien, pero todos peleaban
mucho entre ellos. Se puso muy bravo Coyote-Gente-Luna y dijo: “Como los
animales que hice no servirán para compañía de los Borregos Cimarrones, ni del
venado, ni del Pez, ni de
Cuatro hombres hizo Coyote-Gente-Luna, para
cuidar y acompañar las cuatro montañas que sostienen el cielo. Estos
cuatro hombres primero son los padres de los Kiliwa.
Pero los 4 hombres peleaban también. Los regañó Coyote-Gente-Luna y les
preguntó por qué hacían así y no le contestaron. Se puso triste
Coyote-Gente-Luna porque no le respondían los hombres, y el topo le dijo que
porque eran mudos. Entonces Coyote-Gente-Luna se dio cuenta de que no les
había enseñado a hablar a los hombres.
Fue entonces a cada montaña y les enseñó a los
hombres a hablar la lengua kiliwa.
En kiliwa fueron las
primeras palabras y enseñanzas que nacieron en el mundo.
El Kiliwa es un
pueblo indígena que tiene su territorio en Baja California. Está
amenazado de extinción total y está tratando de organizarse para resistir y
sobrevivir. Sólo quedan 4 familias en el mundo que hablan la lengua que,
según la leyenda, fue la primera en el mundo.
Según nosotros, nosotras, las zapatistas, los zapatistas, es un
deber de toda persona honesta el ayudar y apoyar a los Kiliwa
en su lucha por existir.
Los Yaqui: las primeras fiestas.
Cuenta el más sabedor de los Yaquis que, hace mucho tiempo, México no era México, sino
que se llamaba “Suré” porque lo habitaban los
“surem”, los hijos de la madre-padre creador, Yomumuli, la hacedora de todos los pueblos indios en
estas tierras.
Y cuenta también que en la tierra del Yaqui
había una vara delgada gigantesca, que era muy recta, muy derechita ella, y
llegaba hasta el cielo. Y esta vara hablaba, pero nadie entendía lo que
decía. Sólo Yomumuli comprendía el
lenguaje de la vara yaqui. Entonces, Yomumuli
se convirtió en la traductor y les fue diciendo a sus hijos lo que la vara
hablaba. Fue así como los hombres y mujeres aprendieron cómo vivir.
Y también los animales, porque en aquel tiempo los animales tenían juicio, que
sea entendimiento. Y fue así, de este entendimiento con los animales, que
se pudieron hacer las músicas y las fiestas.
Y cuentan también que hace mucho tiempo, antes
de que llegara el conquistador español a llenar de sangre y muerte estos
suelos, la tierra del Yaqui estaba llena de encantos y prodigios. En ese
entonces el Yaqui podía hablar con los animales, y las flores y los árboles
tenían pensamiento y modos de gente. Los 8 pueblos de la tribu Yaqui
hacían fiestas.
Las fiestas fueron hechas por Dios y el
Diablo. Dios hizo todo para la fiesta, pero no tenían Pascola.
El Diablo fue a ver por qué no empezaba la fiesta y le dijeron que porque no
había Pascola. Entonces el Diablo ofreció a su
hijo como Pascola, que era inválido pero le enseñaron
a bailar. Y, como quien dice, lo reclutó el Dios, pero siempre el Pascola es malora y mucho bromea y no respeta.
Ésa fue la primera fiesta que hizo Dios y se la
dio a los Yaquis, y son los únicos a quienes se las
dio.
VI.- UNA PROFECÍA EN
Cuenta otra leyenda yaqui que en el principio,
cuando nada había que fuera escrito o contado, una gran vara recta hablaba
profetizando lo que habría de pasar. De dolores habló la vara recta, el balayté que le decimos nosotros.
Habló de que vendría la conquista y muchos se
huyeron, pero el Yaqui quedó para resistir.
Llegó la conquista y con ella muchos males y
penas para los pueblos indios. Y el Yaqui resistió todo. Poco a
poco su territorio ha sido mordido y despedazado por los ricos y los malos
gobiernos, y el Yaqui resiste.
A la entrada del territorio Yaqui un cerro con
forma de Boca Abierta parece gritar contra las injusticias y maldades que se
hacen contra los pueblos indios de México y del continente.
Pero, desde hace unos días, otra palabra parece
salir de
Y suenan ya los tambores y los cánticos del O´odham, el Nde-Apache, del Diné-Navajo, del Cucapá, el Kumiai y el Kiliwa. Fuerte
se eleva la voz de las mujeres Comcá ac, y el Pima, el Raramuri y el Mayo Yoreme pintan
colores de fiesta y lucha.
Una palabra pintan los tambores y cantos, una
palabra cantan los colores.
“VICAM” murmuran, hablan,
gritan. Y diciendo “VICAM” dicen “el lugar del
encuentro”.
Hasta Alaska llega esa voz, hasta Tierra de
Fuego se escucha.
“Es el tiempo, nuestro tiempo”, dice la
voz del Yaqui, y en su voz hablamos y nos escuchamos todos los pueblos
originarios del continente.
Vuelve a levantarse la vara parlante hasta lo
alto del cielo, para que lejos llegue su palabra, para que la entiendan los que
entenderla deben:
“Será en Vicam, en
territorio de la tribu yaqui, en Sonora, en México, en América. Ahí la
historia, nuestra historia, la de abajo, decidirá si merece otra oportunidad”
En las montañas del sureste mexicano, el tzotzil, el tzeltal, el tojolabal, el chol, el zoque, el
mame, tienen palabras comunes que todos comparten: lucha, dignidad,
resistencia, memoria.
Ahora otra palabra se suma al puente colectivo
que somos.
“VICAM” es ya parte de nuestro
vocabulario de lucha.
VII.- Sombra responde una pregunta.
Cuando duele la memoria, todo duele.
“¿Quién puede transformar tanta desesperanza
en combustible para nuestro fuego, en alimento para nuestro paso?”.
A esa pregunta de Sombra, respondieron Los
Vigilantes:
“Que vayan nuestro Jefes y Jefas, que
vuelvan al camino que con otros caminaste. Que donde se llevó el oído, se
lleve ahora la palabra. Que en la tierra del creador de los colores y los
sonidos se reúnan con los otros que somos. Que lo hablen al Yaqui, que le
digan de su dolor en nuestra memoria hace 100 años. Que acuerden con el Purépecha, el Nahua, el Rarámuri
y el que de lejos viene, el lugar y el tiempo para hablarnos todos, para
mirarnos en nuestra debilidad y en nuestra fuerza. Que el tiempo sea el
espejo del inicio de nuestra pena, que el lugar sea donde el Bayalté Parlante ve al sol acostarse”.
Así dicen que dijeron Los Vigilantes.
Sombra vela el recuerdo de una piel, una
cintura hecha memoria en sus manos. La madrugada cubre con silencios el
irregular ruido de un teclado. Ya es de mañana cuando Sombra deja escapar
una bocanada de humo de la hacedora de nubes y sueños que porta, mientras
piensa como contestar una pregunta que de lejos viene: “¿Cuál es el destino de
los pueblos indios?”
En eso llega
“De por sí”, dice Sombra mientras mete a
la mochila el papelito donde ha escrito la respuesta.
“Vicam,
Sonora, México. Ése es el destino de los pueblos indios” dice
el escrito que, en manos y mañana, luz pequeña se hace.
Mientras, en la tierra del Yaqui, la vara que
habla vuelve a soltar un murmullo. No muy se entiende a la distancia,
pero parece que repite, una y otra vez,:
“VICAM, VICAM, VICAM”.
Muchas gracias.
Desde las montañas del Noroeste Mexicano.
Subcomandante
Insurgente Marcos.
México, Abril del 2007.
P.D. CON