Las Compas Zapatistas!
Un año después del deceso de la
Comandanta Ramona,
las Mujeres Civiles e Insurgentes hablan de Su Movimiento dentro del
Movimiento
Dic. 2006_Oventic, Chiapas
“Como una mujer y como una persona indígena tengo mucho que aprender y
mucho por enseñar”. Estas fueron las palabras de la Comandanta Zapatista
Sandra, cuando abrió la sesión dedicada a las pláticas acerca de las
luchas de las mujeres dentro de la lucha de toda la gente. Para las
comunidades Zapatistas, y otras comunidades indígenas
ya involucradas en
luchas externas, sus luchas internas a veces pueden ser minusvaluadas.
En esta ocasión, los pueblos del mundo fueron invitados a escuchar las
historias de estas mujeres, sus resistencias y sus triunfos.
La mesa está alineada con los rostros cubiertos por pasamontañas de las
mujeres del movimiento Zapatista. Sus expresivos ojos
enfatizan las
palabras que profieren. Estas mujeres representan un movimiento para
liberar con dignidad y respeto al pueblo indígena de Chiapas de la
discriminación. Ellas también representan una lucha por la dignidad y el
respeto a las mujeres en esas mismas comunidades, y aunque hay muchas,
todavía son pocas las que tienen voz. Reunidas a la mesa están mujeres
tanto civiles como insurgentes. Son miembros de los cinco Caracoles y
trabajan en todas las áreas de gobierno; son promotoras de salud y
educación. Ellas son también insurgentes y comandantes del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional. El día de hoy usan
sus voces para
hablar a nombre de las muchas otras mujeres que demandan sus derechos y
su reconocimiento.
El trabajo de las mujeres y las presencias de las mujeres con frecuencia
se ignoran y se devalúan. El objetivo de esta reunión era, en parte, dar
a conocer que mucha de la producción y reproducción del hogar, la
familia, y por lo tanto de la comunidad, es labor de las mujeres.
‘Trabajamos en el rancho, trabajamos el café, la milpa, los colectivos,
las tortillas y las panaderías”, dice una.
Una carta de las mujeres del Caracol (término Zapatista
para las
cabeceras de los municipios autónomos) de Roberto Barrios narra con
detalles el trabajo diario en las comunidades: “Nos levantamos a las
tres o cuatro de la mañana, para prender el fuego para alimentar a la
familia, para hacer el café para el desayuno de nuestros maridos y
nuestros hijos… Después trabajamos el maíz para alimentar los animales.
Despertamos a los hijos, les damos de desayunar y los preparamos para
que vayan a la escuela”.
Lavar, limpiar, preparar la comida, y alimentar a todos, son tareas que
se completan antes del mediodía; sólo es después de que todos han gozado
la comida de la tarde, cuando las mujeres tienen unos cuantos momentos
libres para que ellas mismas se puedan dar un baño, sólo para regresar a
la casa de nuevo a preparar la comida de la noche. Esta es la vida de
una mujer del campo en las comunidades indígenas. En palabras de una de
las mujeres representadas por la carta, “nosotras somos lo que sostiene
unida a la comunidad”.
A pesar de la larga lista de responsabilidades que forma el trabajo de
las mujeres, hay todavía una avasallante falta de respeto para las
labores y necesidades de las mujeres en comunidades indígenas. La
asamblea expresó la continua lucha por el espacio de las mujeres en sus
comunidades. Una de las barreras para la posición equilibrada de las
mujeres en sus comunidades mencionada por las representantes es una
falta de visibilidad pública y representaciones públicas. “Nos quedamos
en la casa porque tenemos que trabajar y trabajamos solas. Cuando
nosotras trabajamos [en puestos públicas] se ríen de nostras, pero hay
muchas de nostras que han peleado a pesar de todo”. Aunque hay todavía
falta de representación de las voces de mujeres en posiciones o cargos
públicos, estas mujeres son la fuerza de un movimiento que por sus
propios principios llama a la verdadera participación para todos, por
todos, y en todas partes de la sociedad.
Como la mayoría de las discusiones sobre la posición de las mujeres en
el EZLN y sus comunidades civiles, en esta mesa y en otros encuentros de
la reunión de Año Nuevo en Oventic, la obra y el
liderazgo de
Comandante Ramona
mujeres pueden lograr dentro del movimiento. Ella ha inspirado a muchas
otras mujeres: Zapatistas, no-zapatistas,
indígenas y no-indígenas. Como
una de las más importantes figures del movimiento, esta mujer tzotsil de
pequeña estatura fue reconocida y respetada por toda la nación y por el
mundo antes y a partir de su fallecimiento en Enero del 2006. Como
luchadora insurgente ella condujo la batalla en la cual, el 31 de
Diciembre de 1993, El Ejército Zapatista de
Liberación Nacional tomó la
ciudad de San Cristóbal de Las Casas. Como diplomática, Ramona fue una
de las principales redactoras de
adelante, ella condujo a la delegación de
para
los diálogos por la paz, y fue co-fundadora del
Congreso Nacional
Indígena. El poder de esta mujer y el legado de su obra se hace
sentir en
reuniones como esta, donde se escuchan los gritos de “¡Viva Ramona,
Viva!”. Como un testamento a la importancia internacional de su obra, un
representante de Kurdistán habló de un puente de
solidaridad que se está
construyendo con su nombre.
Mujeres como Ramona, y otras numerosas que han tomado a cuestas la lucha
por darles un sitio a las mujeres al lado de los varones en las luchas
por sus comunidades y familias, han abierto espacios para las mujeres en
estas comunidades. Magdalena y Elena del Caracol II, en Oventic,
hablan
de los logros conseguidos a través de los trabajos colectivos de las
Zapatistas. “En nuestra zona, antes de la lucha Zapatista, las cosas
eran diferentes. No teníamos derecho a decidir con quién nos casaríamos.
Y cuando ya nos casábamos éramos maltratadas, golpeadas y humilladas por
nuestros maridos, y más cuando estaban borrachos. Pero no podemos culpar
a nuestros abuelos, esta fue la herencia que nos dejaron a nosotros por
500 años de conquista”. En vez de normalizar el sufrimiento de las
mujeres, o estando en contra de distribuir culpas, estas mujeres se han
dado a la tarea de investigar de dónde viene su marginalidad y dónde es
que se demuestra. Importantemente, ellas también celebran
con legítimo orgullo sus logros en todos los sectores de la comunidad.
Para las mujeres en estas comunidades la apertura de cooperativas ha
sido una de las formas que ellas han tomado para reorganizarse por ellas
mismas. Una de las principales fuentes de ingresos para muchas familias
es el arte de los tejidos de las mujeres. Una rápida caminata a través
del centro de San Cristóbal y otros pueblos y ciudades de los Altos de
Chiapas, lo lleva a uno a quedar inundado por los colores y las texturas
de los textiles producidos por manos de mujeres. Para muchas mujeres
este trabajo se hace entre una multitud de otras tareas, y viene de
horas de dedicación a los detalles. Aunque la obra textil es tan valiosa
y hermosa como la cultura que la produce, hay mucha explotación de la
labor de las mujeres cuando se les encarga por pieza o trabajan por
contrato. Las cooperativas de estas mujeres han reclamado el derecho a
decidir por ellas mismas la forma en la que quieren trabajar, y el
salario que deben obtener por ello. La organización es por y para las
mujeres. De esa manera, han sido iniciados nuevos programas que dan
seguimiento a la estructura y éxitos de las cooperativas artísticas, con
producción de animales, horticultura, tortillerías, panaderías, y tiendas
colectivas.
Por un lado, estas cooperativas son una forma de que las mujeres
reclamen el derecho a controlar sus propios medios de producción. Es
importante, sin embargo, comprender que la creación de estos colectivos,
Aunque ponen los frutos del trabajo de regreso a las manos de quien lo
produce, y estimulan la vida pública de las mujeres indígenas, son
también un recordatorio de cómo a las mujeres todavía se les pide que
añadan trabajo extra a sus días, para mantener a la familia. Donde la
familia fue una vez capaz de proveerse para ella misma de lo que todos
necesitaban, ahora se necesita un ingreso adicional para proporcionarse
hasta lo más básico. Estos proyectos también sirven como un recordatorio
de que el capitalismo ha golpeado de nuevo el tejido y la tela de una
cultura. Donde una vez las mujeres tejían para ellas mismas, ahora ellas
venden sus tejidos y comercializan su labor.
Magdalena y Elena, representantes de los altos de Chiapas del Caracol II
de Oventic, donde se llevó a cabo el encuentro, nos
recuerdan, con sus
propias palabras, que: “con esta participación por parte de las mujeres,
demostramos nuestro valor y nuestro enojo frente al mal gobierno, y en
contra de las injusticias…”.
Traducción al español por Francisco Álvarez Quiñones, 27 de Enero
http://www.narconews.com/Issue44/articulo2516.html
Fotos: D.R. 2007 Jesús Domínguez
Zapatista Women: “We Are What Holds
the Community Together”
http://www.narconews.com/Issue44/article2516.html
Red Latina sin fronteras:
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