Nuevas comunidades zapatistas:

"No nos vamos a ir"
Gloria Muñoz Ramírez


En medio de una pequeña comunidad en construcción en la que, una a una, se
levantan modestas casas de madera, los indígenas del nuevo poblado
zapatista 24 de Diciembre reconstruyen su historia. Sobre sus tierras, las
mismas en las que crecieron sus abuelos y bisabuelos hace más de 100 años,
un pequeño grupo de hombres y mujeres relata una historia que representa
al México rural e indígena prerrevolucionario; y al actual que, al menos
en estas tierras, está en resistencia.

Son hombres, mujeres y niños bases de apoyo de Ejército Zapatista de
Liberación Nacional, pobres entre los pobres, sin nada más que la
esperanza de recomenzar la vida en las tierras recuperadas con el
levantamiento del 1º de enero de 1994. Más de 500 hectáreas que les
pertenecen por historia. "Aquí están enterrados mis abuelos, desde el
tiempo en el que ya de por sí reclamábamos estas tierras", relata una
anciana en el nuevo poblado cercano a Nuevo Momón, en la selva Lacandona,
región de grandes fincas donde la escritora Rosario Castellanos recreó, de
manera notable, el calvario de las indígenas.

Hoy Rosario Catellanos podría contar otra historia. Las descendientes de
las protagonistas de sus novelas son dueñas de la tierra, "y no nos vamos
a ir. De aquí no nos sacan más que muertas. Ya no nos movemos", dicen,
gritan, reclaman. En una pequeña reunión ellas son mayoría (pues los
hombres fueron a recoger sus últimas pertenencias al poblado en el que
vivieron los 11 años pasados) y se expresan con una firmeza poco común.

Doña Carmen habla de la muerte reciente de su esposo, de sus nueve hijos
vivos y de sus cuatro hijas fallecidas por diferentes enfermedades. Las
palabras le nacen del alma, no deja de tocarse el pecho adolorido por la
enfermedad y, aun así, con una sonrisa desdentada se dice contenta porque,
ahora sí, ya tiene tierra.

Tres bases militares rodean el nuevo poblado en el que no hay agua debido
a que el manantial se encuentra dentro de uno de los campamentos del
Ejército. A esto se suma la amenaza constante de la Unión de Ejidos de la
Selva
, organización vinculada al PRI y al PRD, que los acusa de invasión
de tierra ejidal, de talar madera y de matar su ganado, mentiras que
intentan justificar un desalojo.

Estas tierras definitivamente no son ejido. Hasta antes de 1994 estaban en
poder del general Absalón Castellanos, ex gobernador y ex prisionero de
guerra de los zapatistas, célebre por la inhumana represión que ejerció
contra los indígenas de todo el estado. Al pequeño poblado se llega a pie
por un camino recién construido. Llevan tres meses limpiando el acahual
(monte bajo) en el que se levantan modestas casas de madera. Son 31
familias que llevaban más de una década sin tierras, pues no las habían
podido ocupar por las amenazas de Ejército federal, en la región desde
febrero de 1995.

Como en otras regiones del mapa de la autonomía zapatista, aquí la tierra
recuperada está amenazada. Y, como en el resto de los poblados, están
dispuestos a resistir, pase lo que pase...

losylasdeabajo@yahoo.com.mx
http://www.jornada.unam.mx/2007/03/17/index.php?section=opinion&article=018o1pol


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