La reserva ecológica comunitaria zapatista
"Nuestro
pensamiento es defender este bosque de agua, caminarlo", afirman
Zapatistas protegen la reserva ecológica de Huitepec de la avalancha modernizadora
En los
alrededores más de 30 cerros han sido arrasados por trasnacionales
HERMANN
BELLINGHAUSEN
Los indígenas bases de apoyo del EZLN
construyeron un vivero para cultivar rosas cerca del área natural protegida de Huitepec * Moysés Zúñiga Santiago
Huitepec Ocotal, Chiapas, 9 de julio.
La "reserva ecológica comunitaria zapatista",
establecida en los bosques del cerro Huitepec el
pasado 13 de marzo, es vigilada día y noche por "rondas" de
campesinos, bases de apoyo del EZLN, para evitar que se dañe el área mejor
conservada, con dos limpios manantiales y bosques espesos de verde donde
curiosamente no hay pinos, que es lo que abunda acá por los Altos de Chiapas.
Más bien crecen robles, coronados de orquídeas y otras bromelias.
No es un sitio
cualquiera este "cerro de agua" que sus pobladores también llaman
"cerro de niebla", pues cada mañana los parajes y bosques deben
separarse de las nubes. Duermen juntos. Recientemente, las presiones sobre los
terrenos y sus recursos llegaron a un estado crítico: talamontes,
constructores de residencias, robo de especies, saqueo de agua. De las cinco
comunidades que habitan el Huitepec, sólo Huitepec Ocotal (segunda sección) ha determinado impedir el
paso de la avalancha "modernizadora" de la vecina ciudad de San
Cristóbal de las Casas, donde hasta hace poco ni siquiera se sabía de estos
parajes de tan generosa naturaleza.
"Nosotros
sabemos proteger el bosque. Nuestro pensamiento es defenderlo, caminarlo. No es
sólo por el gobierno, como quiera lo vamos a defender. Este cerro es lo único
que tenemos para nuestros niños y nosotros", dice un hombre, quien
responde a las preguntas del reportero rodeado por una decena de indígenas más,
parte de la guardia. Algunos son de aquí, otros de Cancuc
y Polhó, que se llegaron al Huitepec
a montar la guardia del campamento zapatista, y que
se van rotando con centenares, quizá miles de campesinos tzeltales
y tzotziles, bases de apoyo zapatistas
de los Altos y los valles de Amatenango y Venustiano Carranza.
Las laderas
del cerro siguiente pertenecen a San Nicolás, Zinacantán.
Empinadas milpas cuidadosamente cultivadas por los campesinos de enfrente, que
no pertenecen a la comunidad de pueblos del Huitepec.
"Respetan. Vienen y nos dicen que 'por qué los demás no piensan como ustede s, sabemos de siempre que esto es de ustedes, y lo
cuidan mejor que ellos'", prosigue el indígena, uno de los responsables
del campamento.
"Mi papá
nació aquí. Tiene 80 años. Aquí nacieron sus abuelitos, y nosotros. Somos
originarios de acá". Así, expresa con sencillez los argumentos que más
odia el neoliberalismo rampante, pues resisten desde derechos primordiales
sagrados y colectivos.
Algunos
comuneros de Las Palmas, Alcanfores y Sección Uno han vendido terrenos a
inmobiliarias o compradores privados, no pocas veces extranjeros. Estos
terrenos, con vocación y fertilidad agrícola fuera de serie, son codiciados por
las trasnacionales del agua, la industria turística, los madereros, las
constructoras.
Al otro
extremo del valle de Jovel pueden verse los estragos
de esta voracidad. Más de 30 cerros están en proceso de destrucción, algunos
como Salsipuedes ya desaparecieron. El Huitepec sigue vivo. Vecino de las mejores tierras de Zinacantán, tiene milpas y hortalizas de rábano, cilantro,
acelgas, calabaza y brócoli. Los campos de cultivo están separados con
frecuencia no por alambradas ni estacas, sino hileras de avapandas
moradas, lirios blancos o alcatraces, que aquí llaman "cartucho". Lo
que no es bosque es jardín; hasta las milpas.
La humedad es
tal que basta rascar la tierra para mojarse los dedos. El único momento en que
habla otro indígena es cuando un hombre de suéter gris celebra: "Aquí hay
muchos árboles de 'oventé'". Sólo conoce su
nombre en tzotzil. Señala uno a 100 metros. Es más
grande que los robles. "Su flor tiene un aromita", dice con deleite,
rozándose las yemas de los dedos.
El gobierno
estatal decidió declarar área natural protegida este mismo bosque de 102
hectáreas, superponiendo a la reserva (creada con el respaldo la junta de buen
gobierno de Oventic) un decreto que entrega la
"reserva" al municipio oficial de San Cristóbal. Fue propuesta del ex
gobernador Pablo Salazar Mendiguchía, en reacción al
anuncio zapatista de que se crearía esta reserva
comunitaria, y la heredó el gobierno de Juan Sabines
hijo. Los intereses son muy grandes.
La reserva zapatista colinda con otra, privada, a cargo de Pronatura. "Ellos ven la protección como negocio. Si
vinieran aquí como llegaron allá, iban a hacer una gran travesura, traer
cantidad de turistas y ensuciar los manantiales". Por lo pronto hace un
par de semanas ya impidieron que presuntos empleados del ayuntamiento coleto
sembraran pinos, que ni siquiera son naturales de estas partes del "cerro
de agua".
http://www.jornada.unam.mx/2007/07/10/index.php?section=politica&article=012n1pol
Red
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